sábado, 29 de junio de 2013

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 120

Don Luis contaba una actitud que su único hijo tenía de pequeño.

DON LUIS: Al lado de la casa donde vivimos, cuando este sabandija tenía cuatro o cinco años, se mudó un matrimonio que tenía tres hijas mujeres. Dos adolescentes y la más pequeña de ocho o nueve años, más o menos.
DOÑA TAMARA: Las tres estaban enamoradas de Alejo, pero la más pequeña, directamente lo acechaba. Venía a la casa a toda hora a buscarlo y Ale le huía despavorido.
DON LUIS: Cosa que no hacía con la mayor, esa sí que le gustaba y cuando la muchacha nos visitaba, se la pasaba con ella. Pero volviendo a la otra niña, ella se la pasaba detrás de Alejandro y le decía que eran novios y que los novios se tenían que dar besos.
DOÑA TAMARA: Una tarde, Soledad, la niña en cuestión, llegó a buscarlo y sin más ni más, le dio un pico y Alejandro la empujó.
DON LUIS: Si, pero eso no fue todo. Después de empujarla, se bajó los pantalones y le mostró las pompas, al grito de “bésame el culo, bésame el culo”. Se subió la ropa y salió corriendo. La niña se fue y no molestó nunca más…
DAYMAR: (Todos se reían parejos) ¡Qué niño salvaje!
REBEKO: No te conocíamos esos modos, Alejito, tú siempre tan caballeroso…
FEDERICO: Los caballerosos son los peores, suegro…
DANIELA: ¡Mira lo que se entera una! ¿Así que te gustaban las mayorcitas y mostrabas tus nalgas por ahí, Alejo?
DAYMAR: No te des baños de pureza, Daniela, que tú eras similar…
ALEJANDRO. ¿Ah, si, mamá dos? Cuente…
DANIELA: Mamá, ni se te ocurra
DAYMAR: Se me ocurre, ¡claro que se me ocurre! Una vez que fuimos de vacaciones a Acapulco, cuando las quinti tenían diez años, había un grupito de niños que se hospedaban frente a donde lo hacíamos nosotros. Eran primos y buscaban a las princesas para jugar con ellas porque tenían más o menos la misma edad. A Dani, le aburría jugar con ellos, así que no los pelaba y uno de los muchachitos, medio que se enamoró de ella. Cada vez que íbamos a la playa, los niños venían detrás de nosotros y ese mocoso, la buscaba. Una de las tantas tardes, mientras todos los demás jugaban en el agua, Dani se quedó con Sergio y aquel niñito, a prudente distancia, la observaba. En un momento, cuando Sergio se fue a buscar algo al carro, el galán se acercó a la doncella y le dio un beso. Daniela se puso de pie, le dio una bofetada y le hizo calzón chino con el traje de baño. Luego, se sentó como si nada y el mocosito se fue llorando. Nos habremos quedado como dos semanas más en Acapulco y el muchacho, no volvió a acercársele, le agarró pánico.
MARU: ¡Esa es mi Munita, jajajaja!
ALEJANDRO: ¡Mira lo que se entera uno, Cosita! Jajaja
DANIELA: No te rías tanto, nachas al viento…
ALEJANDRO: ¿Qué? ¿Me vas a hacer calzón chino?
DANIELA: ¡Me canso! (Se pone de pie)
ALEJANDRO: Para eso tendrías que agarrarme, Dani y no me voy a dejar como en el huevo podrido…
DANIELA: (Se le pone a tiro) ¡Empieza a correr!
ALEJANDRO: Pensándolo bien, amaría que me agarres, pero no para esas maldades, sino para otra cosa…
DANIELA: ¿Qué?
ALEJANDRO: (Le susurra al oído) ¿Qué dices?
DANIELA: Me encanta la idea… (Mira a todos los demás) ¿Vienen?
ALEX: ¿A verlos conejar? Ni locos…
DANIELA: Si serás burra, Alejandra… Alejo me propuso que salgamos al jardín para una sorpresa…
ALEJANDRO: ¡Exacto! Una sorpresa para ustedes, de parte de todos los intrusos…

Todo mundo salió al jardín y después de una señal que se dio por celular, apareció un enorme grupo de mariachis…

♪♪♪La más bonita de las flores
que he cultivado en mi jardín…
La más hermosa y delicada,
es una rosa que vive en mí…

Tiene un aroma 
tan insinuante,
que me propone, 
que sea feliz

Con sus colores, 
tan encendidos
que resplandecen, 
en mi vivir

Hay un motivo para mi vida,
es el cuidarla con mucho amor…
Que no le falte
su riego diario,
para que nunca llegue a morir…

Tiene un aroma 
tan insinuante,
que me propone, 
que sea feliz

Con sus colores, 
tan encendidos
que resplandecen, 
en mi vivir… ♪♪♪

Mientras los mariachis sonaban y todas las parejas se apapachaban a gusto y placer, Daniela tomó a Alejo de la mano y se alejaron un poco del grupo de gente.

DANIELA: ¡Gracias, Ale! (Beso) Eres un hombre de otro planeta…
ALEJANDRO: No, soy bien terrestre, Cosita. Tú mereces eso y más.
DANIELA: ¿Más?
ALEJANDRO: Todo lo bueno, mereces una vida llena de amor y, OH, CASUALIDAD, eso es lo que más deseo poder darte: amor del bueno y para toda la vida.
DANIELA: (Sonríe) Dime algo, cuando nos conocimos, ¿te imaginaste que terminaríamos así?
ALEJANDRO: ¿Así cómo?
DANIELA: Enamorados, casados, con cuatro hijos…
ALEJANDRO: No, ni se me cruzó por la cabeza. Pero si supe que eras la mujer de mi vida y que quería comp… (La mira extrañado) ¿Cuatro hijos?
DANIELA: (Le vuelve a sonreír) Si, Buenorro, cuatro…
ALEJANDRO: Pero tenemos tres, amor…
DANIELA: Ale…
ALEJANDRO: (Se le abren los ojos enormes) ¿Estás embarazada de nuevo?
DANIELA: Y todo por tu culpa, fíjate, porque me agarras donde estemos y me posees y me haces tuya como un león y bueno…
ALEJANDRO: (La abraza) ¡Te amo!
DANIELA: Te amo…
ALEJANDRO: (Mira hacia todos lados) Ven, vamos a los oscurito…
DANIELA: ¿Para qué?
ALEJANDRO: Para agarrarte, poseerte y hacerte mía como un león…

Alejandro y Daniela se besaron y mientras se alejaban aún más de la muchedumbre, fueron calentando motores para hacer el amor detrás de uno de los refugios que Rebeko tenía destinados a sus gatos. Y lo hicieron, con el mismo fuego que los quemaba desde hacía tantos años y que no se extinguía, por el contrario, parecía expandirse más y más…

Por cierto, el cuarto hijo fue otro varón y si, se llamó Federico…

                                                                                                           FIN…


“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 119

TIEMPO DESPUÉS…

Llegó el cumpleaños número 35 de las quinti y en la casa Zavallalta, todos estaban reunidos, esperando a que las agasajadas bajaran y se apersonaran en el jardín que estaba más que dispuesto para la fiesta.

Sergio y Solange acomodaban a Gaby en su sillita y ayudaban a Diego y Bruno con Camilo y Paloma, los primos tenían una mesa especial ubicada junto a la de los adultos y Danita, la mayor, se encargaba de controlarlo todo y procurar que los “pequeños” se la pasaran bien.

Federico terminaba de cambiar su hijo que se había ensuciado por jugar con los gatos de su abuelo Rebeko y Alejandro le daba el biberón a Jano, mientras que Dante ayudaba a Juliana y Mariano a acomodar las últimas mesas y sillas.

Valentina llegó con Lucas y Marco, acompañada de su esposo, por supuesto y Arianis y Dalmiro habían llegado más temprano para ayudar a Daymar y Rebeko con los preparativos. Maru y Gerardo, jugaban con su hija, Emma y los otros niños se acercaban para verla, ya que era la más pequeña de todos, con apenas un mes de nacida. También estaba el abuelo Bonifacio, sentado y conversando con sus yernos, mientras las hermanas Montero, finalizaban con la comida.

Doña Tamara, junto a su marido, arribaron a lo último, como siempre. Don Luis salió de su coma poco después que Alejandro y Daniela supieron que Jano estaba en camino y desde entonces, el hombre comenzó a cuidar su salud a rajatabla, dando un giro completo en su estilo de vida. A veces, los seres humanos necesitamos golpes muy fuertes para reaccionar y ese fue el caso del padre de Alejo.

Danita, que ya tenía seis años, casi siete, bajó las escaleras como tromba y jalaba a Vicky con ella.

DANITA: (Saliendo al jardín) ¡Las quinti están listas!
VICTORIA: Los novios vayan a buscarlas
DANITA: Los novios, no, Vicky, ¡LOS MARIDOS!
REBEKO: Niñas, ya lo hablamos, ¿cómo se llaman su papá y los tíos?
LAS NIÑAS: ¡LOS INTRUSOS!

Carcajada general y acto seguido, los cinco intrusos ingresaron a la sala para esperar a sus princesas al pie de la escalera, como lo hacían cada año…

La primer quinti apareció en la cima de la escalera…

DIEGO: Laura, te ves magnífica, amor, más bella que nunca…
LAURA: (Bajando) ¡Vaya, Diego! Hasta que me reconoces… (La pareja se besa y salen)
FEDERICO: Se le hizo a ese menso, jajaja…
ALEJANDRO: ¡Era hora!
DANTE: (Mirando hacia arriba) Y esa es mi esposa, la más linda…
ALEX: ¡Muy bien, maestro Díaz Duarte! (Otro beso y se van)
BRUNO: ¡Mica! Mamichurris, estás radiante…
MICAELA: ¡Gracias, papichurris! (Nuevo besote y se retiran también)
DIANA: (Apareciendo junto a Daniela) ¡Guapos!
FEDERICO: (Sube y toma la mano de su esposa) Maravillosa, Diana, simplemente, espectacular…
DIANA: Gracias, rico Federico… (Bajan y salen al jardín)

Alejo y Dani se miraban desde sus lugares: ella arriba y él abajo.

ALEJANDRO: Eres una princesa de cuentos, definitivamente
DANIELA: Y tú, Alejerico, eres el príncipe encantado
ALEJANDRO: (Sube, la estrecha y se dan un súper besote) Cada año más espectacular, Cosita y cada año, te amo más que el anterior… (Mega besote)
DANITA: (Entra corriendo y se detiene, mirando a sus papás) ¡Tan románticos! Dice el abuelo que ya bajen

La pareja sonrió, bajó y junto a su hija mayor, salieron al jardín, donde finalmente, comenzó la fiesta.

La noche era muy cálida y la cena estaba exquisita. Los niños correteaban detrás de los gatos de su abuelo Rebeko y los adultos los miraban encantados. Don Luis tenía a Jano y lo mecía tranquilamente, el pequeño era un huracán y sus energías estaban agotadas, dormía en brazos de su nono y no había manera de convencer al anciano de acostarlo, él quería tenerlo así y disfrutar de esos momentos. Danita se acercó y le habló a su abuelo.

DANITA: Nonito, deja a mi hermano y ven a jugar con nosotros y el abuelo Rebeko.
DON LUIS: ¿Y a qué están jugando?
DANITA: ¡Al huevo podrido! Vamos que los tíos también van a jugar…
ALEJANDRO. Ve, papá, yo acuesto a este señorito en su carro, ya va a dormir hasta mañana…
DANIELA: Eso, suegro, vaya…
DOÑA TAMARA: Vamos, viejo, a jugar al huevo podrido…

Alejo cogió a su pequeño y lo puso en el  carro. De pronto, todos los presentes estaban sentados en el césped, en círculo y Danita caminaba rodeándolos, mientras les tocaba uno por uno la cabeza y todos cantaban…

♪♪Jugando al huevo podrido, se lo tiro a un distraído. El distraído lo ve Y HUEVO PODRIDO ES♪♪

Danita le tiró “el huevo” a su tío Diego y salió corriendo entre risas. Diego se levantó y la persiguió. Cuando estaba por agarrarla, el tío Dante, hizo trampa y se levantó para rescatarla.

DANTE: (Alzando a Danita) Vamos, princesa, al refugio
DIEGO: ¡Eso es trampa! Laura, ¿me ayudas?
LAURA: (Se pone de pie) No, mejor ayudo a mi sobrina
DIEGO: ¡Traición!
BRUNO DOS: Tío Diego, yo te ayudo (Los dos corren al trío de tramposos)
ALEJANDRO: Corre, Dani, que los van a alcanzar, hija, ¡apúrate!
VICTORIA: ¡Papi, estira la mano y que llegue a salvo!
ALEJANDRO: ¡Buena idea! (Lo hace y Dante baja a la niña que llega con su papá) ¡Ya perdiste, Diego, jajaja, te toca ser el huevo podrido, jajaja
DIEGO: (Besaba a Laura) Traidora…
LAURA: Es que no puedes ir contra mi sobrina, amor, ya lo sabes…
DIANA: Ya dejen el carameleo y sigamos jugando, Diego podrido, jajaja

♪♪Jugando al huevo podrido, se lo tiro a un distraído. El distraído lo ve Y HUEVO PODRIDO ES♪♪

Diego le tiró el huevo a Dante y salió corriendo. Los niños y los adultos, no paraban de reírse, porque ese par era de meter miedo con los chistes que se hacían. Después, Dante, le tiró el huevo a Alejo y Alejo, en su turno, a Daniela… Por supuesto que el señor Vilatorres se dejó alcanzar y se besuquearon de lo lindo con la señora.

VICTORIA: ¡Mami, papi! Yaaaaa, quiero jugarrrrr
DANIELA: Enseguida, hija… (Dani hizo la ronda y le lanzó el huevo a su hija del medio) ¡Agárrame, Vicky!
VICTORIA: Ya verás, mamiiiii

Dani se dejó atrapar y así, siguieron jugando largo rato. Bien entrada la noche, cuando todos los niños ya dormían, los grandes se quedaron hablando y contando anécdotas y Don Luis, estaba dejando a Alejandro en una suma vergüenza…

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 118

Varias horas y compras después, la familia llegó a casa y en cuanto Victoria se quedó dormida, Danielita fue a buscar a sus padres y exigió respuesta a sus preguntas. El matrimonio se tomó el tiempo de explicarle todo de manera que una niña de cinco años pudiera entenderlo sin generarle ningún tipo de trauma, ni nada que se le parezca. Tanto Dani como Alejo, creían que si un niño tenía capacidad de hacer una pregunta era porque tenía la capacidad de escuchar la respuesta y ellos no querían mentirle, ni contarle cuentitos bobos de cigüeñas o semillitas. Con palabras acordes a la edad de su hija, le dijeron que cuando un hombre y una mujer son grandes y se aman como ellos, hacían el amor y como su amor era tan grande y tan hermoso, habían “fabricado” un bebé.

DANITA: ¿Y cómo se hace el amor?
ALEJANDRO: Bueno, eso es algo que hacen las personas adultas, hija. Eres muy pequeña para entenderlo ahora.
DANIELA: Digamos que papá y mamá, se demuestran con el cuerpo lo mucho que se aman.
DANITA: ¿Con besos?
ALEJANDRO: Si, hay besos.
DANITA: ¿Con abrazos?
DANIELA: También hay abrazos y caricias, princesa.
ALEJANDRO: Mira, mi amorcito chiquito. Hacer el amor es demostrar con el cuerpo lo mucho que amas a otra persona. De todos modos, señorita, usted está muy chiquita para que se le cuenten más cosas. Cuando tengas 35 o 40 años, veremos si te explicamos más… (Daniela escondió el rostro entre las manos para disimular la carcajada que le provocó el comentario de su marido)
DANITA: ¿Entonces los bebés se “fabrican” cuando dos adultos se aman y se dan besos?
ALEJANDRO: Algo así, hijita y ya dejemos la preguntadera que es tarde y hay que irse a dormir, ¿si?
DANITA: ¿Mi hermano se va a llamar Alejandro?
DANIELA: Si.
DANITA: (Los mira) ¡Pues le diré Jano! A Vicky no le sale el nombre y dice Alejanito, así que ya está…
ALEJANDRO: Se va a llamar como yo, pero puedes decirle Jano, me gusta…
DANITA: ¡¡¡SIIII!!! ¿Me llevas a la cama, mami?
DANIELA: Claro, pequeña, dile a adiós a tu papá y vamos a dormir.
DANITA: (Piquito a su padre) Te amo, papito…
ALEJANDRO: Y yo a ti, princesa de mis sueños encantados…
DANIELA: (Pico a Ale) Enseguida regreso, amor… (Se va al cuarto con la niña)

Alejandro apoyó su espalda en el sillón y viró su cabeza hacia arriba, la imagen de su papá no se le iba de la mente y se sentía egoísta por estar feliz ante la noticia de su nueva paternidad.

ALEJANDRO: Por favor, Señor, dale una nueva chance a mi viejo. Déjalo quedarse un tiempo más…

Una media hora después, Daniela volvió a la sala y se reía…

ALEJANDRO: (Abriéndole los brazos a su esposa) ¿Qué hizo esa niña loca que te tiene así de tentada?
DANIELA: ¡Yo no se de dónde saca esas ideas! Quiere que el bebé se llame Alejandro Alejo Jano…
ALEJANDRO: (Se ríe) ¡Qué nombrecito!
DANIELA: Es una cabecita traviesa, pero está muy feliz con la llegada de su hermanito.
ALEJANDRO: A la que no le gustó nada fue a Vicky.
DANIELA: Si, pero por celos, habrá que ser precavidos y hacerles sentir a las dos, que las amamos con el alma entera, para que cuando el varón llegue, lo reciban con alegría y sin resquemores…
ALEJANDRO: Tienes razón, amor, ¡como siempre! (Beso)
DANIELA: Y tú, Alejerico, ¿35 o 40 años? ¿Pretendes que la niña sea monja o qué?
ALEJANDRO: Fue una expresión de deseo, no me hagas pensar en eso que ya salgo a amenazar a todos los niños de la ciudad para que se traumen de pequeños y nunca toquen a mis hijas…
DANIELA: ¡Estás loco! Ya veo de dónde saca Danita esas cosas que se le ocurren, es igual, idéntica a ti, ¡DIOS NOS SALVE!
ALEJANDRO: Ni que les fuera tan mal, oye…
DANIELA: (Beso) Nos va como en el paraíso. (Nota el mismo gesto en su esposo que antes en la hamburguesería) ¿Qué tienes, amor? ¿Es tu papá, verdad?
ALEJANDRO: No voy a mentirte, Cosita, lo de Don Luis, me tiene mal y me siento peor porque no puedo evitar ser feliz contigo, con nuestros hijos…
DANIELA: (Lo mira con seriedad) Alejandro Federico Vilatorres Torres
ALEJANDRO: ¿Me dijiste hasta los dos apellidos?
DANIELA: Si y escúchame bien lo que te voy a decir.
ALEJANDRO: (Sonríe) Soy todo oídos
DANIELA: Tu papá va a salir del coma, lo se, lo presiento y mientras ese día llega, tú tienes que seguir con tu vida. Él mismo Don Luis te daría unos buenos coscorrones si te escuchara decir lo que dijiste. Nada tiene de malo sentir felicidad cuando estás junto a quien amas y te enteras que un bebé viene en camino. Eso, mi amor, no te hace mal hijo, ni mala persona. La vida es así, nos pone en circunstancias completamente opuestas, en extremos muy diferentes y nosotros tenemos que reaccionar ante esas situaciones. Es lógico que lo de tu papá te entristezca y que nuestros hijos te den felicidad. Es la ley de la vida, Ale y tú eres un hombre íntegro, generoso, noble, puro corazón y mereces ser dichoso. A pulso te ganas, día a día, cada momento feliz que te brinda el destino. No sufras, hermoso, porque si alguien merece en esta vida la felicidad absoluta, ese eres tú. ¿Queda claro, caray?
ALEJANDRO: (Se dan un besito tierno) Mi felicidad absoluta, puede resumirse en tres sencillas palabras: Danielas, Victoria y Alejandro
DANIELA: Te amo
ALEJANDRO: Y yo a ti, preciosa… (Besote) ¿Qué te parece si brindamos por nuestro tercer hijo?
DANIELA: ¿Brindar con qué?
ALEJANDRO: (Piensa un momento) ¡Ya se! Dame un segundo… (Se pone de pie y va a buscar algo. Vuelve con una botella de sidra) ¡Mira!
DANIELA: Alejo, estoy embarazada, no puedo tomar alcohol
ALEJANDRO: Lo se, Buenorra, es de la sidra sin alcohol, la que Danita exigió para la última Navidad…
DANIELA: ¡Esa niña! Enchinchando con que si los grandes tomaban sidra, ella tenía que hacerlo también… ¿Crees que este salga como las otras dos? Siendo así, nos van a volver locos.
ALEJANDRO: (Sirve dos copas y le da una a su esposa) Considerando las ganas con las que fueron hechos nuestros hijos, yo creo que si, mi amor, van a ser maravillosamente enloquecedores…
DANIELA: ¿Las ganas con las que fueron hechos?
ALEJANDRO: ¡Claro! (Chocan las copas) Brindo por ti, por esta familia que tenemos y porque cada día de nuestra vida, podamos ser más felices que el día anterior…
DANIELA: Y yo brindo por ti, porque eres un sueño hecho realidad. (Beben) Te amo
ALEJANDRO: Te amo… (Deja su copa y coge la de Dani, poniendo ambas en el piso) Ahora si, tenemos algo que nos quedó en el tintero…
DANIELA: ¿Qué será?
ALEJANDRO: Una explicación de lo que siento…
DANIELA: ¡Es cierto! Soy toda oídos…
ALEJANDRO: No, no, no… Esto no se explica con palabras, hermosa (La carga) Se explica con el cuerpo, con besos, abrazos y caricias…
DANIELA: Me suena familiar eso que dices…
ALEJANDRO: (Llegan a la recámara) Si te suena familiar, ahora lo vas a sentir bien conocido…
DANIELA: ¿Serán esas ganas con las que hicimos a nuestros hijos?
ALEJANDRO: ¡EXACTAMENTE!


“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 117

La noticia de la llegada del nuevo integrante de la familia, dejó a las niñas sorprendidas…

DANITA: ¿QUÉ, QUÉ?
VICTORIA: ¿Hedmanito?
DANIELA: Si, van a tener un hermanito dentro de 7 meses ¿Qué les parece?
VICTORIA: ¡¡No quiedoooooooo!!
DANIELA: (Se puso seria, miró a Ale y después a su hija) ¿Por qué no quieres, mi amor?
VICTORIA: Poque no, Danita e mi hedmanita...
ALEJANDRO: Si, Vicky, pero un nuevo bebé en la familia, nos va a hacer felices
DANITA: (Seria) ¿Será niño?
DANIELA: Según, papi, si, ¿por qué? ¿Tú tampoco quieres?
DANITA: Es que...
ALEJANDRO: ¿Qué, Danita?
DANITA: Lolita tuvo un hermanito y ella dice que es feo...
ALEJANDRO: ¿Cómo feo?
DANITA: Si, feo, dice que sus papás no la quieren más...
DANIELA: Eso no va a pasar, Dani, ¿te dejamos de querer cuando nació tu hermana?
DANITA: No, pero Vicky es niña
VICTORIA: (Se cruzó de brazos, enojada) ¡¡¡¡NO QUIEDOOOOOO!!!!
ALEJANDRO: A ver, ambas... Daniela Vilatorres, nunca vamos a dejar de amar a ninguna de las dos, ni por nadie, ni por nada y Victoria Vilatorres, esa no es manera de decir las cosas
DANIELA: No las vamos a dejar de querer a ninguna de la dos, es más las vamos a querer mucho más que antes, porque son las mayores. Las vamos a querer igual que a su hermanito, los papás no quieren a sus hijos diferente, los quieren a todos por igual...
DANITA: No entendí, mami
ALEJANDRO: Lo que su madre quiere decir es que el amor por ustedes no va a ser menos, sino más. Cada día que pasa, nuestro corazón las ama más y más, sin parar.
DANITA: ¿Me lo prometes, papi?
ALEJANDRO: ¿Alguna vez te mentí, Dani?
DANITA: No... (Mira a sus papás y va con su mamá) Te amo, mami y yo si quiero a mi hermanito
VICTORIA: (Llorando) ¡¡YO NO QUIEDOOOO!!
DANIELA: A ver, Victoria Vilatorres, ¿por qué no quieres?
VICTORIA: ¡Poque no!
ALEJANDRO: Esa no es una razón, hija, ¿qué pasa?
VICTORIA: No quiedo un hedmanito nuevo, ¡¡JUM!!
ALEJANDRO: Vicky, tu hermanito ya está aquí (Le señala la pancita de su esposa) ¿Y sabes qué nos dijo a mamá y a mí?
VICTORIA: ¿Qué?
ALEJANDRO: Que no ve la hora de nacer para poder estar con sus hermanas, que las ama con todo el corazón y que son las hermanitas más preciosas del mundo...
VICTORIA: (Le cambió el gesto) ¿Eso dijo?
DANIELA: Sí, eso nos dijo...
DANITA: Si, Vicky, además si es niño, vamos a poder jugar los tres con el lodo y seguro que el abuelo Rebeko ¡¡NOS REGALA OTRO GATITO!!
VICTORIA: ¡Oto peddito!
ALEJANDRO: (A Dani, por lo bajo) ¿Nos van a llenar la casa de mascotas, no?
DANIELA: Creo que si (Le sonríe y le da un beso)
ALEJANDRO: En ese caso, tendrán los gatos y perros que quieran. (Alza a Vicky en una pierna y Danita se sienta en el regazo de su mamá) Lo importante, hijas hermosas, es que va a llegar un nuevo bebé y eso es una bendición como lo fueron ustedes dos y como lo es su mamacita preciosa... Sean tres, cuatro o mil hijos, siempre van a traer amor a nuestra vida...
VICTORIA: Te amo, papi
ALEJANDRO: Y yo te amo a ti (Piquito a Vicky) Amo a Danita (Piquito a la mayor de sus hijas) Al bebé (Beso al vientre de Dani) Y a ti, amor de mis amores, ¿qué te puedo decir? Te amo más que a mi vida... (Le pone la boca bien cerquita)
DANIELA: (Le da un piquito) Yo también te amo y amo a esta princesa (Besote a Danita) y a esta otra princesita (Besote a Victoria)
DANITA: Yo los amo, pero quiero seguir comiendo, ¡mami!
VICTORIA: ¡Si! Salsa, salsa, salsa (Cada una vuelve a su sitio)
DANITA: ¿Cómo se va a llamar mi hermanito?
DANIELA: Cristian
ALEJANDRO: ¿Qué?
DANIELA: ¿Qué pasó, amor?
ALEJANDRO: ¿Cómo es eso que se va a llamar Cristian?
DANIELA: (Quería ver qué hacía su esposo) Si, ¿por?
ALEJANDRO: Se va a llamar Alejandro, Daniela, nada de Cristianes, ni otros nombres... ¡JUM!
DANIELA: Jajaja, ya, amor, sólo era una broma. Claro que se va a llamar como tú: Alejandro Vilatorres Junior
ALEJANDRO: Sin el Junior, pero si... (La mira y se lo ve feliz, pero con el pequeño dejo de tristeza lógico a causa del estado de Don Luis)
DANIELA: (Se da cuenta de la tristeza de su esposo) Niñas, ¿ya terminaron?
DANITA: ¡No, mami! Tengo papitas en el plato...
VICTORIA: Cho no quiedo más...
DANIELA: Pues, cómete las papas y nos vamos a casa, ¿si?
ALEJANDRO: ¿Por qué, Dani? Podríamos dar un paseo los cinco y de paso llevar a las niñas a que se compren algo lindo, ¿no?
LAS NIÑAS: ¡¡¡SSSSSIIIII!!!!!!
DANIELA: (Lo mira) ¿Seguro? ¿No prefieres ir a descansar a casa?
ALEJANDRO: Seguro, ustedes me hacen muy feliz y quiero disfrutarlas
DANIELA: Está bien (Se levanta y se sienta sobre su esposo, abrazándolo) Te amo (Lo besa)
ALEJANDRO: (Se aferra a Dani) Lo se y ese amor tuyo es lo más hermoso que me ha pasado en la vida. Me diste tu corazón y ahora, me vas a dar nuestro tercer hijo, Cosita, no hay palabras que puedan explicarte lo que siento
DANIELA: Pues, no me lo expliques (Beso)
ALEJANDRO: Te lo voy a explicar, en la noche, cuando ese par de... (Mira a las niñas) ¡DIOS! Ese par de monitas se haya dormido... ¡Míralas! (Las pequeñas jugaban con el pan que Vicky no había comido) ¡Daniela y Victoria! Con la comida no se juega y lo saben...
DANITA: ¡¡BESITO A MAMIIIIII!!
DANIELA: ¡¡¡Sii, besito a mamiiii!!!
ALEJANDRO: (Las niñas la llenan de besos) ¡Muy bien, indias!
DANITA: ¡Faltas tú, papi! Pero dale un beso, BESO
DANIELA: Si, papi, un BESO, BESO (Le guiña el ojo)
ALEJANDRO: ¿Beso, beso, no? Bueno, princesas de la salsa de tomate, hagan lugar... (Le da la mano a Dani y se ponen de pie. Se miran y Alejo la toma de la cintura y pega ambos cuerpos) Te amo (Le da un beso de antología, bajo los estruendosos aplausos de las dos pequeñas)
VICTORIA: BESO, BESO, ¡¡¡BIEEEEENNN!!!
DANITA: (Se queda pensativa un momento) ¿Cómo se hacen los bebés?
ALEJANDRO: (Él y Dani, ante la sorpresiva pregunta, se ahogaron y empezaron a toser) ¿Qué, hija?
DANIELA: Con amor, Dani, con mucho amor
DANITA: ¿Con mucho amor?
ALEJANDRO: ¡Claro!
DANITA: (Los mira) ¿Y cómo llega a la panza de mami?
DANIELA: Mejor te explicamos más tarde, Dani, ¿ya terminaste?
DANITA: ¿Más tarde, CUÁNDO?
ALEJANDRO: En casa, hija, cuando estemos tranquilos y cómodos. ¿Terminaste tus papas?
DANITA: Si
ALEJANDRO: Pues, a comprarse cositas lindas para las princesas y para la reina de mi vida, ¿no?
DANIELA: Vamos...
LAS NIÑAS: (Jalando a su padres) ¡¡¡¡¡Anden!!!!!

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 116

Doña Tamara, Alejandro y Daniela, platicaban sobre la posibilidad de decirle a Danita y Vicky, lo que sucedía con su abuelo.

TAMARA: ¿Estás seguro, hijo? Son muy pequeñas.
ALEJANDRO: Yo lo se, mamá. Pero lo hablé con Dani y ella cree, al igual que yo, que tienen que saberlo. Sobre todo Danita. Las dos van a preguntar por su abuelo y ¿qué les decimos? ¿Mentiras? No, ma, es mejor explicarles las cosas, teniendo en cuenta su edad, claro y que sepan que su abuelito está mal y que puede llegar a irse al cielo.
DANIELA: Si, suegra. Es lo mejor.
ALEJANDRO: ¿Me dan un momento? (Se pone de pie y va hasta la calle)
REBEKO: (Sale detrás de su yerno y lo alcanza) ¿Cómo te sientes, Alejo?
ALEJANDRO: (Se gira) Dadas las circunstancias, bien, tranquilo. Ver a mi mamá calmada, me da paz.
REBEKO: Lo comprendo. ¿Puedo hacer algo por ti?
ALEJANDRO: Está aquí, conmigo y eso es mucho más de lo que se imagina.
REBEKO: Eres un gran hombre, Alejandro y tu papá está y estará siempre muy orgulloso de ti. Lo estoy yo y sólo eres mi yerno…
ALEJANDRO: (Sonríe) ¡Siempre sabe qué decir, ¿no?!
REBEKO: (Se le acerca y lo toma de los hombros) Cuando las verdades son tan obvias, si, hasta yo me doy cuenta. Hijo, se que no es el momento, pero quiero que sepas que todos en la familia te amamos, eres uno más de nosotros y en mí, vas a tener a otro padre si lo necesitas. No es lo mismo, porque Don Luis es un caballero, pero si te hace falta, aquí me tienes… (Alejo comenzó a llorar sutilmente) Quizás prefieras estar solo… (Lo deja y da unos cuantos pasos)
ALEJANDRO: Don Rebeko…
REBEKO: Si, hijo, dime…
ALEJANDRO: Ahora mismo me hace falta…

Sin decir ni una palabra más, el suegro abrazó al yerno. Alejandro rompió en llanto y se aferró a ese hombre con desesperación y Rebeko, sólo pudo quedarse así, conteniéndolo. Desde cierta distancia, Daymar observaba la escena. Dani se le acercó

DANIELA: Mami, ¿has visto a Ale?
DAYMAR: Si, allí está (Le hace una seña con la cabeza y Dani mira) Creo que tu papá ha madurado, hija…
DANIELA: (Las lágrimas corrían por su rostro) Parece que si…
DAYMAR: Vamos, princesa, dejémoslos solos del todo, lo necesitan… (Se retiran de allí)

El domingo por la mañana, por fin, Alejo pudo pasar a ver a su papá, pero este estaba inconsciente. Después, él y Dani buscaron a sus hijas para contarles.

DANITA: (En brazos de su mamá, llorando) ¿Ahora está en el hospital?
VICTORIA: (A upa de Ale) ¿No lo vamos a ver nunca más?
ALEJANDRO: Él está luchando para quedarse con nosotros y para poder volver a vernos. Está en el hospital con su tía Laura y el tío Diego, que lo cuidan con mucho amor.
DANITA: ¿Y tú, papi?
ALEJANDRO: ¿Yo qué, hija?
DANITA: (Se mueve y abraza a su papá, llenándolo de besos) Nada, papi, el abuelo va a estar bien y va a jugar con nosotras muy pronto, ¿no, Vicky?
VICTORIA: (Hace lo mismo que su hermana y quedan las dos, una a cada lado de Ale, besándolo y acariciándolo con toda la ternura) Si, Danita… Papito, te amo.
DANITA: Y yo también te amo, papá…
VICTORIA: Y mami te ama
DANIELA: (Se une a ellos tres) Con todo el corazón y mi alma. Eres nuestro rey amado, Ale…
ALEJANDRO: Ustedes son mis princesas adoradas y las amo más que a mi vida…

Durante largos minutos, los cuatro se quedaron así y un par de horas más tarde, fueron a ver a Don Luis. Entraron los cuatro, se quedaron un rato, pero nada pasó. Al salir de la habitación y ver a su abuela Tamara, las niñas corrieron con ella y la llenaron de amor y apapachos. El tiempo pasaba y Don Luis seguía igual. La estabilidad era un buen síntoma, pero aunque no empeoraba, tampoco mejoraba y eso tenía a todos inquietos. El coma se prolongaba demasiado.

Poco más de un mes después de la internación de su padre, Alejo recibiría una hermosa noticia.

DANIELA: (Entrando como huracán a la oficina de Ale) ¡Amor!
ALEJANDRO: (Dani sonreía) ¿Qué pasa, mi cielo? ¿Qué te tiene tan contenta?
DANIELA: ¿Contenta? No, lo mío es felicidad, ¡ABSOLUTA FELICIDAD!
ALEJANDRO: (Se pone de pie y va hasta ella) ¡Cuenta!
DANIELA: ¿No te imaginas?
ALEJANDRO: No, hermosa, no tengo idea…
DANIELA: ¡Alejo!
ALEJANDRO: ¿Qué? ¡Ya deja el misterio y dime, Buenorra!
DANIELA: ¿Me miras a los ojos?
ALEJANDRO: (Lo hace) Claro.
DANIELA: No dejes de mirarme y dame tu mano
ALEJANDRO: (Cumple con el requisito) Toma mi mano…
DANIELA: Dime una cosa, ¿será niño esta vez o será otra princesita? (Lleva la mano de su esposo al vientre)
ALEJANDRO: (Se queda medio bobo) ¿Estás…?
DANIELA: (Mueve la cabeza afirmativamente) Estoy, Ale… Vamos a ser papás de nuevo, mi amor
ALEJANDRO: (Sonríe y la besa) ¡Vamos a tener un Alejandrito! ¡¡POR FIN!! (Comienza a reírse como loco)
DANIELA: ¿Entonces es niño?
ALEJANDRO: ¡Y qué niño! (Mira a su mujer y vuelve a sonreír) Te amo tanto, Cosita, pero tanto, que no me va a alcanzar esta vida para darte todo mi amor…
DANIELA: Lo mismo digo…

La pareja se besó largamente y fue a buscar a sus hijas para contarles.
Llegaron al kínder de las niñas y se las llevaron a una casa de hamburguesas.

ALEJANDRO: (Las niñas comían como salvajes) ¿Está rico, princesas? (A Dani) ¿Nunca van a comer normalitas?
DANIELA: Creo que no, amor (Mira a las niñas) Princesas, ¿nos atienden un momento? (Las pequeñas, sin parar de comer, miraron a sus padres) Papi y yo, queremos darles una noticia...
DANITA: Vicky, dame tus papitas y toma mi pan con salsa de tomate...
VICTORIA: Siiiii, salsa de tomateeeeeeeeee...
ALEJANDRO: Hijas, por favor, mamá y yo queremos contarles algo muy lindo
DANITA: Espera, papi, que Vicky quiere mi pan...
DANIELA: Nada, amor, entonces que coman y no se enteran de la sorpresa (Al oír esa palabra, las niñas dejaron lo que estaban haciendo)
DANITA: ¿Que sorpresa?
VICTORIA: Salsa, salsa, salsa...
DANITA: Espera, Victoria, ¡¡ES UNA SORPRESA!!
VICTORIA: ¿Sodpdeza?
ALEJANDRO: Si, una hermosa sorpresa, como lo fueron ustedes dos... Mamá y yo, bueno, ustedes van a... (Se puso nervioso)
DANIELA: (Siguió ella) Van a tener un hermanito...


sábado, 22 de junio de 2013

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 115

Un nuevo gemido se escapó de la mujer. Gemido que enardeció al hombre, haciendo que endureciera un poco los movimientos.
Ella lo hizo girar y se le subió encima, generando una nueva penetración. Alterando los sentidos, intercalando los ritmos del acto sexual, recorriendo con su lengua el cuello de Alejo y jugando con sus labios por sobre el tórax de su marido, Daniela fue alternando la velocidad de su mover y por momentos era muy pasivo, casi inmóvil, cosa que generaba una dulce tortura, para después, volverse salvaje, desenfrenado, como potro al galope, llevando a su esposo y a ella misma, a un frenesí y una euforia envolvente.
Alejo se incorporó y la abrazó, besándole los senos y lamiendo el sudor que corría por el torso de su mujer. Así, en esa posición, continuaron largamente, hablándose, provocándose, buscando que la lujuria los gobernara y que sus bajos instintos los llevaran a la cima del placer.

ALEJANDRO: (Con la respiración entre cortada) Te amo, no pares, por favor…
DANIELA: Nunca, hermoso… Te amo y amo que me hagas sentirte tan mío…
ALEJANDRO: Oh, Dani, más duro, quiero acabar en ti y contigo, ah, ah, ah…
DANIELA: Eso mismo quiero yo, Ale, ah, ah…
ALEJANDRO: Más, amor, quiero más, sigue… (La besó, enloquecido)
DANIELA: Cómeme, devórame…
ALEJANDRO: Mátame de placer, hermosa… (Nuevo beso apasionado)
DANIELA: Mátame tú…

Alejandro comprendió y manteniendo la postura, la agarró de la cintura y sin despegar un torso del otro, unieron sus bocas y mientras se besaban con énfasis, llegaron a experimentar un placer maravilloso, producto de un orgasmo que los inundó del otro…
Con aquel clímax tan soberbio y sublime, la pareja concibió a su tercer hijo, Alejandrito o Jano, como lo llamarían sus hermanas mayores…

El fin de semana siguiente, en la casa de los Vilatorres – Zavallalta, todo era un caos. Se suponía que las pequeñas iban a almorzar y después a un cumpleañitos de una amiguita del kínder, pero las hermanitas, en vez de comportarse modosas y prepararse para salir, habían quitado las plantas de sus respectivas macetas, echado agua y ahora jugaban a hacer lodo y enlodarse, de paso, de pies a cabeza.
Daniela salió a buscarlas y casi se cae al suelo de la risa.

DANITA: ¡Más agua, Vicky! Traigamos a Alejo y a Patán así juegan con nosotras.
VICTORIA: ¡SIIII! (Buscó al pequeño perro y lo ensuciaron por completo)
DANITA: (Tratando de hacer lo mismo con Alejo) ¡Este gato no se deja, caray!
DANIELA: (Muerta de risa) ¡Hasta el CARAY le copia! Igual a su papá, Dios…
DANITA: Ven a jugar, mami…
ALEJANDRO: (Saliendo y encontrándose con el espectáculo) ¿Qué hacen, niñas? Jajajajajaja, tienen que prepararse para la fiesta de Lolita
DANITA: ¡Lolita! Vicky, el cumpleaños…
VICTORIA: (Muy entretenida con Patán) ¡Pastel, pastel, pastel!
DANIELA: Si quieren pastel, par de amazonas, ¡a bañarse!
ALEJANDRO: Miren lo que son… (Las llevan adentro y las meten a la tina) ¡Niñas salvajes!
DANITA: Papi, ¿tú nos llevas a casa de Lolita?
DANIELA: No, las llevo yo y papi las va a buscar.
ALEJANDRO: Tengo que ir a ver al abuelo Luis, Dani.
DANITA: ¿El abuelo viene a la casa?
VICTORIA: Abuelo Luis, ¡SIIII!
DANIELA: (Mira a Ale) Les podemos decir a tus papás que cenen con nosotros, ¿no?
ALEJANDRO: Si, es buena idea. Total, mañana es domingo y nadie tiene nada que hacer…
DANIELA: ¡Ve a llamarlos!
ALEJANDRO: Sacamos a las niñas, las preparamos y llamo…

Un rato después, con las niñas casi listas, Alejandro escuchó su celular sonando.

ALEJANDRO: ¡Quieta, Vicky! Deja que tu mamá te peine… (Mira el teléfono) ¡Es mamá! (Atiende) Hola, ma…
DANITA: ¡¡Abuelaaaaaaaaaaaa!!
DANIELA: (Ve que Alejandro cambia drásticamente el gesto y sale del cuarto) Niñas, ¡quietas y me esperan aquí! (Salió tras su marido)
DANITA: (Agarra a su hermana y la sienta en la cama) Vicky, mamá dijo que quietas y me parece que se enojó.
VICTORIA: ¿Por qué?
DANITA: No se, pero hagamos caso…
DANIELA: (En la sala) ¿Ale, qué pasa, amor?
ALEJANDRO: (Le daba la espalda a Dani y le hace un gesto para que ella aguarde) Si, mamá, tranquila, ya salgo para allá. Te amo… (Se quedó de espaldas y el celular se le cayó de las manos)
DANIELA: (Le conocía el tono de voz, algo no andaba bien) Mi amor, ¿qué pasa?
ALEJANDRO: (Se gira y lloraba a mares) Papá, Cosita, mi papá está muy mal…

Daniela abrazó fuertemente a su esposo y se quedaron así unos momentos.

ALEJANDRO: Tengo que ir a su casa.
DANIELA: Déjame que llamo a mi hermana para que busque a las niñas.
ALEJANDRO: No, no, está bien, amor.
DANIELA: Ale, no vas a ir solo. (Llama a Diana que vivía a sólo unas cuantas calles) Haremos así, amor. Llevamos a las princesas a casa de mi quinti y ella las lleva al cumpleaños.
ALEJANDRO: (Desencajado) Si, si… Será como digas… (Se sienta)
DANIELA: ¿Les quieres decir a Danita y Vicky?
ALEJANDRO: No, que disfruten la fiestita de su amiga, de nada sirve ponerlas mal.
DANIELA: Vamos, amor. Ve al baño, lávate y yo termino de alistarlas.
ALEJANDRO: (Asiente) Gracias…
DANIELA: (Se dan un beso, respira profundo para poder disimular y vuelve con las hijas) ¿Listas, muñequitas? (Las ve sentadas, casi inmóviles y serias) ¿Qué les pasa?
DANITA: Nos dijiste que nos quedemos quietas, mami…
VICTORIA: ¿Te nojaste, mamá?
DANIELA: No, para nada, hermosas, ¿pensaron que estaba enojada?
DANITA: Si.
VICTORIA: Si, mami
DANIELA: Pues no y para que vean que no hay ningún enojo, ¡COSQUILLAS!

Diana recibió a sus sobrinas y estas entraron a ver a su adorado primo Bruno. Fede se acercó a Ale, al igual que su cuñada y ambos lo estrecharon con todo el cariño, no había palabras que decir. Durante el trayecto hasta la casa de sus padres, Alejo no dijo nada y Dani lo mimaba un poco, sin atosigarlo, dándole espacio. Llegaron y Tamara los recibió. La mujer estaba evidentemente preocupada y triste, pero era mujer entera y se la notaba serena, en paz…

Don Luis había sufrido una severa arritmia a causa del problema con su corazón, que llevaba demasiados años enfermo y el hombre no se cuidaba, ni seguía las recomendaciones del médico. Él decía que quería disfrutar su vida y esa era su ley. El padre de Ale estaba muy delicado, los médicos no daban esperanzas.
Alejandro padecía el mismo problema, pero a diferencia de su papá, era un hombre activo, joven, sano, que se alimentaba bien y hacía ejercicio a menudo. Seguía los pasos que le daba su cardiólogo y llevaba una vida muy saludable, eso no le pasaría a él.

Un rato más tarde, ya estando en el hospital, llegaron también Daymar, Rebeko, Maru, Dante y Alex.

Daniela llamó a los padres de Lolita y les explicó la situación, por lo tanto, las niñas se quedarían con la familia de su amiguita y alejadas del difícil momento que atravesaban los adultos. Después de ver a Don Luis, Alejo les diría lo que pasaba y las llevaría para que pudieran visitar a su abuelo.

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 114

Las felicitaciones por el logro de Alejandro, no demoraron en aparecer…

REBEKO: (Se pone de pie, hace levantar a su yerno y lo abraza) ¡Te felicito, Alejandro y vas a ganar! Mi instinto felino extrasensorial me lo dice…
ALEJANDRO: Entonces, gano porque gano… (Daymar lo saluda también) Voy a buscar a mis princesas…
DAYMAR: ¿Por qué no las dejan aquí? Con todo el jaleo que tienen, es mejor que las niñas pasen la noche con nosotros y mañana se las llevamos a tus papás, Alejito.
REBEKO: ¡Me parece buena idea! (Guiña los ojos sin parar)
ALEJANDRO: ¿Qué le pasa, Don Rebeko? ¿Le arde la vista?
DANIELA: ¡Qué le va a arder la vista, Alejandro! ¡A veces te pones medio bobo!
DAYMAR: ¿Medio? No, ¡qué va! ¡Bobo completo!
REBEKO: Ni cómo defenderte, niño…
ALEJANDRO: Jajaja, ya caí, ¡tarde, pero seguro! ¿Nos vamos, amor?
DANIELA: Vamos.

La pareja se despidió de Daymar y Rebeko y se fueron a su casa. No alcanzaron a entrar que ya estaban en pleno cachondeo. Hicieron el amor con todos los deseos a flor de piel y luego, Ale primero y Dani después, se dieron un baño.
Mientras su esposa terminaba de prepararse para dormir, Alejo se puso a leer un poco y sin pretenderlo, por la rabilla del ojo, notó que la puerta del privado estaba entreabierta y allí, sentada, de espaldas a la abertura, su Cosita se peinaba. Se puso de pie y se acercó sólo unos cuantos pasos.

La observó detenidamente, con mucha calma, sin que aquella mujer tan amada lo notara. Los movimientos de ella eran delicados, pausados, decorosos. Peinaba su cabello color tostado con suma elegancia, cuidado y gracia: no había caso, hasta el gesto más habitual y común, cobraba majestuosidad en Daniela, al menos para los ojos de Alejandro, así era.
Sus manos jugaban con las ondas de su pelo y los dedos se entrelazaban una vez y otra más, guiando al cepillo que navegaba por la bellísima cabellera, dejándolo sedoso y manejable. Algún recuerdo en la memoria de la mujer, condujo hasta su boca y se transformó en sonrisa y esa mueca de alegría en el rostro de su esposa, desarmó a aquel hombre que sintió como el corazón galopaba salvajemente en su pecho, queriendo salir de allí para rendirse a los labios finos y sensuales de  Dani, labios que dibujaban fantasías interminables en Alejo, quien no podía detener las imágenes en su mente. Imágenes que estaban llenas de ansias, de fuego, de Daniela besándolo, amándolo, entregándose a él con la misma pasión ardiente que consumía su vientre cada vez que su mujer aparecía en sus pensamientos.

Ella volvió a sonreír y él murió de amor… La deseó de nuevo, como si jamás la hubiera poseído. En silencio, se acercó un poco más y llegó hasta la puerta. Se apoyó sobre el marco y continuó mirándola, era un paraíso para sus ojos y algo en su interior le dio la seguridad que siempre sería de ese modo: aunque los años pasaran, Alejo sabía que para él, Dani era el Edén eterno. La mujer que sin saberlo, era el objeto directo de sus plegarias más tiernas y dulces y de sus fantasías más eróticas y llenas de lujuria, tomó el pote de crema y corrió su bata, dejando sus hermosas piernas al descubierto. El hombre, las recorrió con la mirada, de arriba abajo sin perderse detalle alguno y aunque las conocía de memoria y su boca las había explorado miles de veces, no dejaba de ponerles atención y de maravillarse con ellas; era como si un niño entrara a una juguetería llena de todos sus juguetes favoritos. Ale sonrió y siguió las manos de su esposa que subían y bajaban por sus extremidades, llevando la crema de aquí para allá…
Un nuevo gesto de felicidad llenó el rostro de Dani y su marido no pudo resistirlo más. Cuando ella iba a quitarse la bata para pasarse la crema en los hombros, él la detuvo…

ALEJANDRO: (Oliendo el maravilloso aroma) Déjame hacerlo a mí, amor… (Tomó el pote de las manos de ella) Huele a almendras…

Alejo quitó la bata de su esposa y comenzó a pasarle la sustancia. Primero fueron los hombros, luego la parte baja del cuello y después los senos. No los tocaba con lujuria, sino con cuidado, con el tacto exacto de un cirujano y el calor de un hombre completamente enamorado que quería darle a su amada, un momento de relajación y apapachos.

Ella lo dejaba hacer sin interrumpir, el contacto de esas manos grandes, fuertes, sólidas y nobles, la llenaban de paz, de tranquilidad y notar cómo él procuraba consentirla, llenó su corazón de alegría y regocijo: Alejandro era sencillamente el hombre ideal, perfecto con todo y sus defectos. Lo veía tan concentrado en hacerla sentir bien, que no pudo sentir más que ternura y ganas de estar con él, de ser suya y hacerlo propio. Le agarró las manos y lo detuvo. Se puso de pie y lo animó a incorporarse, acariciando, por sobre la remera, el increíble y bien formado abdomen y los pectorales de su marido, su amante, su amigo, SU ÚNICO, VERDADERO Y GRAN AMOR…

DANIELA: Quiero que me hagas el amor…
ALEJANDRO: No buscaba eso, hermosa, sólo quería consentirte.
DANIELA: Lo se, te conozco y se cuándo buscas sexo y cuándo no…

Se miraron durante algunos segundos y ella le volvió a tomar la mano y lo fue guiando hasta la cama. Al llegar, lo tumbó con tranquilidad. Sin besarlo, le quitó la playera y recién ahí, su boca buscó los labios de Alejo. Cuando los encontró, primero le dio unos besitos cortitos, suaves, para luego, hacer que su lengua se abriera paso y fundirse ambos en un beso magno, delicioso, provocador.
Antes que él pudiera reaccionar, ella ya estaba bajando sus manos hasta la tira del pantalón pijama y lo desató con simpleza y ligereza. La piel de Alejandro era trigueña, como dorada al sol y además, era tersa, tentadora.
Bajó un poco el pijama y se encontró con el miembro de su esposo completamente erecto. Con un solo movimiento, bajó también la ropa interior, liberando las partes nobles y erguidas y llevó su boca hasta allí, robando un tremendo gemido de los labios de Alejandro que no había visto venir ese gesto.

Daniela estaba igual de excitada y hacerle sexo oral a su hombre, le fascinaba, la embriagaba de gozo. Prodigarle ese placer sublime a quien ella tanto amaba, la volvía esclava de sus propios deseos y fiebres. El generalito ardía y cada vez se ponía más duro, cosa que generaba aún más éxtasis en ambos.
Ale la tomó de las manos y la hizo subir, dejándola de pie junto a la cama. Él, todavía sentado, se acercó hasta el vientre de ella y lo besó, lamiéndolo, mientras desabrochaba el sujetador, para liberar los senos que unos momentos antes había tocado. Seguían teniendo ese delicado aroma a almendras y Alejo los agarró y acarició hasta que su boca llegó a ellos y los saboreó sin tapujos, ni tabúes. A medida que se deleitaba con los duros pezones de Daniela, sus manos la despojaban del resto de la ropa y cuando estuvieron desnudos los dos, el hombre se puso de pie y se aferró al cuerpo de la mujer, logrando con ese roce de pieles, que los dos sintieran como todo dentro de ellos se quemaba por ser uno, por hacer el amor.
Todo a su alrededor era sexy, sensual. Se besaron como desesperados y con pasividad y paciencia, fueron acostándose en la cama.

Dani se acomodó primero y después, Alejo, se posó sobre ella, entre sus piernas y antes de penetrarla, la volvió a besar con más desesperación que antes, sintiendo en su boca el exquisito sabor de los labios que amaba más que a su propia vida. Cuando la mujer sintió como su intimidad era invadida por la de su marido, gimió poderosamente, apretándolo con los brazos y piernas, como para no dejarlo ir jamás. El vaivén era muy calmado, nada los apuraba y aunque habían hecho el amor un rato antes, esta nueva entrega física parecía ser la primera o la última por la manera en que la pareja se ofrecía al otro, por la forma en que se procuraban y se permitían pertenecer a quien les llenaba la vida de dicha. Una y otra y otra vez, Alejo penetró a Dani y mientras eso sucedía, el tiempo parecía detenido, nada más existía para ellos: eran sólo los dos y su amor. Un amor que había sido puesto a prueba de las maneras más tontas y de las más crueles también. Un amor que salió airoso de cada problema. Un sentimiento que estaba infinitamente más fortalecido que al principio. Un amor que les había dado dos hermosas hijas. Un amor que los llenaba y rebasaba sin detenerse y que, aunque ellos no lo sabían, porque nadie tiene nada comprado, los acompañaría hasta el último día de sus vidas, más intenso y más fuerte a cada paso que dieran en el camino.