Cuando Daymar y Rebeko
salieron de la oficina, Alejandro corrió su silla para atrás y miró a su
prometida… Dani se echó a reír.
ALEJANDRO: ¿De qué te
ríes?
DANIELA: Hubiera
pagado lo que fuera por verte la cara, Cosito, ¡¡jajajajaja!!
ALEJANDRO: No te rías,
fue lo más incómodo que me pasó en toda mi vida… (Daniela lo miró
socarronamente y retomó la tarea) ¡Ey, eso es traa…aaaa…aaa…aaampa! Uy, si,
síguele…
Maru volvió a su
puesto y vio salir a los padres de Dani del despacho de Alejo. Se saludaron.
REBEKO: ¡Ahí está
Maru, vieja!
DAYMAR: ¡Hola,
criatura! ¿Cómo estuvo Buenos Aires? ¡Se te extrañó rondando por la casa!
MARU: (Los abraza) Y yo los extrañé. (Les
ve cara rara) ¿Todo bien?
REBEKO: Me parece que
Alejandro no se siente nada bien.
MARU: ¿POR?
DAYMAR: Estaba como
agitado, sudando, colorado y además no se puso de pie para saludar como siempre
lo hace, ya ves que mi yerno es todo un caballero…
MARU: ¿Y Dani no les dijo qué pasó?
REBEKO: Dani no estaba
con él.
MARU: (Se le hizo raro, esas reuniones por
“pendientes” en la oficina de Ale podían durar horas si nadie los interrumpía)
Debe haberse ido después que yo me fui hace rato.
DAYMAR: Seguramente,
corazón.
MARU: (Mira hacia la oficina y entiende
todo. Se aguanta la risa) ¿Qué les parece si checo a ver qué le pasa a Ale y
los alcanzo? ¿Se van a ver a Dani?
REBEKO: No, bajamos a
la cafetería a esperar a los novios.
DAYMAR: Pero te
invitamos a ti, ¡quiero que me cuentes todo tu viaje!
MARU: Lo haré, no se preocupen. Voy a ver
al jefe.
Los padres de Dani se van y Maru llega
hasta la puerta de la oficina. Sin mirar nada, toma el picaporte y la cierra.
La carcajada se escuchó hasta en el quinto
subsuelo de la empresa.
ALEJANDRO: ¿Y a esta
qué le pasa?
DANIELA: (Agitada) Se
debe haber dado cuenta de todo, ¿qué más?
ALEJANDRO: ¿Tú crees?
DANIELA: Completamente
segura, (Le empujó la cabeza hacia abajo) pero no pares, Alejandro, porque te
asesino…
Ahora la que estaba sentada en la silla era
Dani y el arrodillado, era su novio…
En la casa de Alex y
Mariano, la cosa estaba bastante lejos de la situación en aquella oficina: la
pareja discutía porque el caballero estaba celoso, pero de su suegra.
MARIANO: ¿Te das
cuenta, Alex? Le pidió que le diga “mamá”
ALEX: ¿Y eso qué,
monigote?
MARIANO: Que nosotros
llevamos juntos siete años y aún soy un intruso, ¡no es justo! ¿Qué tiene
Alejandro que yo no?
ALEX: No se, Mariano,
yo estoy enamorada de ti, no de él.
MARIANO: Me refiero a
tu mamá.
ALEX: Entonces
pregúntale a ella.
MARIANO: Nunca me lo
dice.
ALEX: Siempre te lo
dice.
MARIANO: ¿Qué?
ALEX: Tu carácter.
MARIANO: ¿Me vas a
decir que el carácter de Alejo es mejor que el mío?
ALEX: ¡Para mi, no!
MARIANO: ¡Me refiero a
tu madre!
ALEX: ¡¡¡PUES,
PREGÚNTALE A MI MADRE, ENTONCES!!! Dios, estás peor que los niños de mi clase. ¡¡¡Estás
berrinchudo, caprichoso y hasta eres insoportable a veces!!!
MARIANO: Tampoco te
pases.
ALEX: No me paso yo,
Mariano, TE PASAS TÚ y la verdad que ¡ya no te aguanto! Haciendo problema
porque la suegra no lo quiere, ¡¡qué flojera me das!!
MARIANO: Pero yo
quiero que me quiera.
ALEX: Si quieres que
te quiera, has algo que ella quiera que hagas para que hagas que te quiera…
MARIANO: (Trata de
entender) ¿Qué dijiste?
ALEX: Que si quieres
que te quiera, has algo que ella quiera que hagas para que hagas que te quiera…
Además de menso, hoy, ¿estás sordo?
MARIANO: No te
entiendo.
ALEX: Ya veo que no.
Me tengo que ir a trabajar.
MARIANO: ¿Me das una
pista para entender?
ALEX: ¿A mi o mi mamá?
MARIANO: ¡A tu mamá!
ALEX: (Lo mira) ¡Te
hubieras casado con ella si tanto te importa! ¡Hasta más tarde, MENSO!
Mariano se quedó de
pie y un momento después buscó un bolígrafo y un papel. Quería anotar lo que le
había dicho Alex.
MARIANO: “Si quieres
que te quiera quiere hacer algo que hagas”… No, así no era…
Por otro lado, Federico estaba llevando a
Diana a su trabajo.
DIANA: ¿Me lo dices en
serio, Fede?
FEDERICO: Puedo
jurarlo, soy hombre, esas cosas las siento.
DIANA: ¡Exageras!
FEDERICO: No, ya verás
que no.
DIANA: Dios quiera que
estés equivocado.
FEDERICO: No lo estoy.
DIANA: No quiero pagar
la apuesta si pierdo.
FEDERICO: Vete
haciendo a la idea que la vas a tener que pagar.
DIANA: Ya veremos.
FEDERICO: No te
quejes, hermosa, que siempre terminas disfrutándolo más que yo.
DIANA: No me quejo de
eso, ¡me quejo que siempre me ganas!
FEDERICO: Pues no
apuestes conmigo, cachondita de mis sueños… Llegamos, amor.
DIANA: Gracias por
traerme, mi vida (Se besan) Te amo, rico Federico…
FEDERICO: No más de lo
que yo a ti, Diana. ¡TE AMO!
La muchacha se baja y
no ve que su jefe estaba parado muy cerca del carro. Se despide de su novio por
última vez desde la ventana del carro.
DIANA: ¡¡¡No me ganes
la apuesta, mi amor!!!
FEDERICO: ¡¡Si te la
gano!!
Isidoro Rivadeneira se
sintió enojado al pensar qué podrían haber apostado, Diana le gustaba tanto y
tenía tantas ganas de hacerla suya…
DIANA: (Se gira y lo
ve) ¡Hola, jefe!
ISIDORO: Hola, Diana…
¿Apostando?
DIANA: Si, creo que Fede
me ganó una apuesta y ashhh, ¡¡no me gusta porque siempre me gana!!
ISIDORO: ¿Y cuál es
precio a pagar?
DIANA: Cosas de
pareja, señor Rivadeneira, no se ofenda…
ISIDORO: Claro que no,
¿subimos?
Diana asiente y ambos ingresan al estudio,
era tiempo de empezar a trabajar…