Ella lo hizo girar y se le subió encima, generando
una nueva penetración. Alterando los sentidos, intercalando los ritmos del acto
sexual, recorriendo con su lengua el cuello de Alejo y jugando con sus labios
por sobre el tórax de su marido, Daniela fue alternando la velocidad de su
mover y por momentos era muy pasivo, casi inmóvil, cosa que generaba una dulce
tortura, para después, volverse salvaje, desenfrenado, como potro al galope,
llevando a su esposo y a ella misma, a un frenesí y una euforia envolvente.
Alejo se incorporó y la abrazó, besándole los senos
y lamiendo el sudor que corría por el torso de su mujer. Así, en esa posición,
continuaron largamente, hablándose, provocándose, buscando que la lujuria los
gobernara y que sus bajos instintos los llevaran a la cima del placer.
ALEJANDRO: (Con la respiración entre cortada) Te
amo, no pares, por favor…
DANIELA: Nunca, hermoso… Te amo y amo que me hagas
sentirte tan mío…
ALEJANDRO: Oh, Dani, más duro, quiero acabar en ti y
contigo, ah, ah, ah…
DANIELA: Eso mismo quiero yo, Ale, ah, ah…
ALEJANDRO: Más, amor, quiero más, sigue… (La besó,
enloquecido)
DANIELA: Cómeme, devórame…
ALEJANDRO: Mátame de placer, hermosa… (Nuevo beso
apasionado)
DANIELA: Mátame tú…
Alejandro comprendió y manteniendo la postura, la
agarró de la cintura y sin despegar un torso del otro, unieron sus bocas y
mientras se besaban con énfasis, llegaron a experimentar un placer maravilloso,
producto de un orgasmo que los inundó del otro…
Con aquel clímax tan soberbio y sublime, la pareja
concibió a su tercer hijo, Alejandrito o Jano, como lo llamarían sus hermanas
mayores…
El fin de semana siguiente, en la casa de los
Vilatorres – Zavallalta, todo era un caos. Se suponía que las pequeñas iban a
almorzar y después a un cumpleañitos de una amiguita del kínder, pero las
hermanitas, en vez de comportarse modosas y prepararse para salir, habían
quitado las plantas de sus respectivas macetas, echado agua y ahora jugaban a
hacer lodo y enlodarse, de paso, de pies a cabeza.
Daniela salió a buscarlas y casi se cae al suelo de
la risa.
DANITA: ¡Más agua, Vicky! Traigamos a Alejo y a
Patán así juegan con nosotras.
VICTORIA: ¡SIIII! (Buscó al pequeño perro y lo
ensuciaron por completo)
DANITA: (Tratando de hacer lo mismo con Alejo) ¡Este
gato no se deja, caray!
DANIELA: (Muerta de risa) ¡Hasta el CARAY le copia!
Igual a su papá, Dios…
DANITA: Ven a jugar, mami…
ALEJANDRO: (Saliendo y encontrándose con el
espectáculo) ¿Qué hacen, niñas? Jajajajajaja, tienen que prepararse para la
fiesta de Lolita
DANITA: ¡Lolita! Vicky, el cumpleaños…
VICTORIA: (Muy entretenida con Patán) ¡Pastel, pastel,
pastel!
DANIELA: Si quieren pastel, par de amazonas, ¡a
bañarse!
ALEJANDRO: Miren lo que son… (Las llevan adentro y
las meten a la tina) ¡Niñas salvajes!
DANITA: Papi, ¿tú nos llevas a casa de Lolita?
DANIELA: No, las llevo yo y papi las va a buscar.
ALEJANDRO: Tengo que ir a ver al abuelo Luis, Dani.
DANITA: ¿El abuelo viene a la casa?
VICTORIA: Abuelo Luis, ¡SIIII!
DANIELA: (Mira a Ale) Les podemos decir a tus papás
que cenen con nosotros, ¿no?
ALEJANDRO: Si, es buena idea. Total, mañana es
domingo y nadie tiene nada que hacer…
DANIELA: ¡Ve a llamarlos!
ALEJANDRO: Sacamos a las niñas, las preparamos y
llamo…
Un rato después, con las niñas casi listas,
Alejandro escuchó su celular sonando.
ALEJANDRO: ¡Quieta, Vicky! Deja que tu mamá te
peine… (Mira el teléfono) ¡Es mamá! (Atiende) Hola, ma…
DANITA: ¡¡Abuelaaaaaaaaaaaa!!
DANIELA: (Ve que Alejandro cambia drásticamente el
gesto y sale del cuarto) Niñas, ¡quietas y me esperan aquí! (Salió tras su
marido)
DANITA: (Agarra a su hermana y la sienta en la cama)
Vicky, mamá dijo que quietas y me parece que se enojó.
VICTORIA: ¿Por qué?
DANITA: No se, pero hagamos caso…
DANIELA: (En la sala) ¿Ale, qué pasa, amor?
ALEJANDRO: (Le daba la espalda a Dani y le hace un
gesto para que ella aguarde) Si, mamá, tranquila, ya salgo para allá. Te amo…
(Se quedó de espaldas y el celular se le cayó de las manos)
DANIELA: (Le conocía el tono de voz, algo no andaba
bien) Mi amor, ¿qué pasa?
ALEJANDRO: (Se gira y lloraba a mares) Papá, Cosita,
mi papá está muy mal…
Daniela abrazó fuertemente a su esposo y se quedaron
así unos momentos.
ALEJANDRO: Tengo que ir a su casa.
DANIELA: Déjame que llamo a mi hermana para que
busque a las niñas.
ALEJANDRO: No, no, está bien, amor.
DANIELA: Ale, no vas a ir solo. (Llama a Diana que vivía
a sólo unas cuantas calles) Haremos así, amor. Llevamos a las princesas a casa
de mi quinti y ella las lleva al cumpleaños.
ALEJANDRO: (Desencajado) Si, si… Será como digas…
(Se sienta)
DANIELA: ¿Les quieres decir a Danita y Vicky?
ALEJANDRO: No, que disfruten la fiestita de su
amiga, de nada sirve ponerlas mal.
DANIELA: Vamos, amor. Ve al baño, lávate y yo
termino de alistarlas.
ALEJANDRO: (Asiente) Gracias…
DANIELA: (Se dan un beso, respira profundo para
poder disimular y vuelve con las hijas) ¿Listas, muñequitas? (Las ve sentadas,
casi inmóviles y serias) ¿Qué les pasa?
DANITA: Nos dijiste que nos quedemos quietas, mami…
VICTORIA: ¿Te nojaste, mamá?
DANIELA: No, para nada, hermosas, ¿pensaron que
estaba enojada?
DANITA: Si.
VICTORIA: Si, mami
DANIELA: Pues no y para que vean que no hay ningún
enojo, ¡COSQUILLAS!
Diana recibió a sus sobrinas y estas entraron a ver
a su adorado primo Bruno. Fede se acercó a Ale, al igual que su cuñada y ambos
lo estrecharon con todo el cariño, no había palabras que decir. Durante el
trayecto hasta la casa de sus padres, Alejo no dijo nada y Dani lo mimaba un
poco, sin atosigarlo, dándole espacio. Llegaron y Tamara los recibió. La mujer
estaba evidentemente preocupada y triste, pero era mujer entera y se la notaba
serena, en paz…
Don Luis había sufrido una severa arritmia a causa
del problema con su corazón, que llevaba demasiados años enfermo y el hombre no
se cuidaba, ni seguía las recomendaciones del médico. Él decía que quería
disfrutar su vida y esa era su ley. El padre de Ale estaba muy delicado, los
médicos no daban esperanzas.
Alejandro padecía el mismo problema, pero a
diferencia de su papá, era un hombre activo, joven, sano, que se alimentaba
bien y hacía ejercicio a menudo. Seguía los pasos que le daba su cardiólogo y
llevaba una vida muy saludable, eso no le pasaría a él.
Un rato más tarde, ya estando en el hospital,
llegaron también Daymar, Rebeko, Maru, Dante y Alex.