sábado, 22 de junio de 2013

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 115

Un nuevo gemido se escapó de la mujer. Gemido que enardeció al hombre, haciendo que endureciera un poco los movimientos.
Ella lo hizo girar y se le subió encima, generando una nueva penetración. Alterando los sentidos, intercalando los ritmos del acto sexual, recorriendo con su lengua el cuello de Alejo y jugando con sus labios por sobre el tórax de su marido, Daniela fue alternando la velocidad de su mover y por momentos era muy pasivo, casi inmóvil, cosa que generaba una dulce tortura, para después, volverse salvaje, desenfrenado, como potro al galope, llevando a su esposo y a ella misma, a un frenesí y una euforia envolvente.
Alejo se incorporó y la abrazó, besándole los senos y lamiendo el sudor que corría por el torso de su mujer. Así, en esa posición, continuaron largamente, hablándose, provocándose, buscando que la lujuria los gobernara y que sus bajos instintos los llevaran a la cima del placer.

ALEJANDRO: (Con la respiración entre cortada) Te amo, no pares, por favor…
DANIELA: Nunca, hermoso… Te amo y amo que me hagas sentirte tan mío…
ALEJANDRO: Oh, Dani, más duro, quiero acabar en ti y contigo, ah, ah, ah…
DANIELA: Eso mismo quiero yo, Ale, ah, ah…
ALEJANDRO: Más, amor, quiero más, sigue… (La besó, enloquecido)
DANIELA: Cómeme, devórame…
ALEJANDRO: Mátame de placer, hermosa… (Nuevo beso apasionado)
DANIELA: Mátame tú…

Alejandro comprendió y manteniendo la postura, la agarró de la cintura y sin despegar un torso del otro, unieron sus bocas y mientras se besaban con énfasis, llegaron a experimentar un placer maravilloso, producto de un orgasmo que los inundó del otro…
Con aquel clímax tan soberbio y sublime, la pareja concibió a su tercer hijo, Alejandrito o Jano, como lo llamarían sus hermanas mayores…

El fin de semana siguiente, en la casa de los Vilatorres – Zavallalta, todo era un caos. Se suponía que las pequeñas iban a almorzar y después a un cumpleañitos de una amiguita del kínder, pero las hermanitas, en vez de comportarse modosas y prepararse para salir, habían quitado las plantas de sus respectivas macetas, echado agua y ahora jugaban a hacer lodo y enlodarse, de paso, de pies a cabeza.
Daniela salió a buscarlas y casi se cae al suelo de la risa.

DANITA: ¡Más agua, Vicky! Traigamos a Alejo y a Patán así juegan con nosotras.
VICTORIA: ¡SIIII! (Buscó al pequeño perro y lo ensuciaron por completo)
DANITA: (Tratando de hacer lo mismo con Alejo) ¡Este gato no se deja, caray!
DANIELA: (Muerta de risa) ¡Hasta el CARAY le copia! Igual a su papá, Dios…
DANITA: Ven a jugar, mami…
ALEJANDRO: (Saliendo y encontrándose con el espectáculo) ¿Qué hacen, niñas? Jajajajajaja, tienen que prepararse para la fiesta de Lolita
DANITA: ¡Lolita! Vicky, el cumpleaños…
VICTORIA: (Muy entretenida con Patán) ¡Pastel, pastel, pastel!
DANIELA: Si quieren pastel, par de amazonas, ¡a bañarse!
ALEJANDRO: Miren lo que son… (Las llevan adentro y las meten a la tina) ¡Niñas salvajes!
DANITA: Papi, ¿tú nos llevas a casa de Lolita?
DANIELA: No, las llevo yo y papi las va a buscar.
ALEJANDRO: Tengo que ir a ver al abuelo Luis, Dani.
DANITA: ¿El abuelo viene a la casa?
VICTORIA: Abuelo Luis, ¡SIIII!
DANIELA: (Mira a Ale) Les podemos decir a tus papás que cenen con nosotros, ¿no?
ALEJANDRO: Si, es buena idea. Total, mañana es domingo y nadie tiene nada que hacer…
DANIELA: ¡Ve a llamarlos!
ALEJANDRO: Sacamos a las niñas, las preparamos y llamo…

Un rato después, con las niñas casi listas, Alejandro escuchó su celular sonando.

ALEJANDRO: ¡Quieta, Vicky! Deja que tu mamá te peine… (Mira el teléfono) ¡Es mamá! (Atiende) Hola, ma…
DANITA: ¡¡Abuelaaaaaaaaaaaa!!
DANIELA: (Ve que Alejandro cambia drásticamente el gesto y sale del cuarto) Niñas, ¡quietas y me esperan aquí! (Salió tras su marido)
DANITA: (Agarra a su hermana y la sienta en la cama) Vicky, mamá dijo que quietas y me parece que se enojó.
VICTORIA: ¿Por qué?
DANITA: No se, pero hagamos caso…
DANIELA: (En la sala) ¿Ale, qué pasa, amor?
ALEJANDRO: (Le daba la espalda a Dani y le hace un gesto para que ella aguarde) Si, mamá, tranquila, ya salgo para allá. Te amo… (Se quedó de espaldas y el celular se le cayó de las manos)
DANIELA: (Le conocía el tono de voz, algo no andaba bien) Mi amor, ¿qué pasa?
ALEJANDRO: (Se gira y lloraba a mares) Papá, Cosita, mi papá está muy mal…

Daniela abrazó fuertemente a su esposo y se quedaron así unos momentos.

ALEJANDRO: Tengo que ir a su casa.
DANIELA: Déjame que llamo a mi hermana para que busque a las niñas.
ALEJANDRO: No, no, está bien, amor.
DANIELA: Ale, no vas a ir solo. (Llama a Diana que vivía a sólo unas cuantas calles) Haremos así, amor. Llevamos a las princesas a casa de mi quinti y ella las lleva al cumpleaños.
ALEJANDRO: (Desencajado) Si, si… Será como digas… (Se sienta)
DANIELA: ¿Les quieres decir a Danita y Vicky?
ALEJANDRO: No, que disfruten la fiestita de su amiga, de nada sirve ponerlas mal.
DANIELA: Vamos, amor. Ve al baño, lávate y yo termino de alistarlas.
ALEJANDRO: (Asiente) Gracias…
DANIELA: (Se dan un beso, respira profundo para poder disimular y vuelve con las hijas) ¿Listas, muñequitas? (Las ve sentadas, casi inmóviles y serias) ¿Qué les pasa?
DANITA: Nos dijiste que nos quedemos quietas, mami…
VICTORIA: ¿Te nojaste, mamá?
DANIELA: No, para nada, hermosas, ¿pensaron que estaba enojada?
DANITA: Si.
VICTORIA: Si, mami
DANIELA: Pues no y para que vean que no hay ningún enojo, ¡COSQUILLAS!

Diana recibió a sus sobrinas y estas entraron a ver a su adorado primo Bruno. Fede se acercó a Ale, al igual que su cuñada y ambos lo estrecharon con todo el cariño, no había palabras que decir. Durante el trayecto hasta la casa de sus padres, Alejo no dijo nada y Dani lo mimaba un poco, sin atosigarlo, dándole espacio. Llegaron y Tamara los recibió. La mujer estaba evidentemente preocupada y triste, pero era mujer entera y se la notaba serena, en paz…

Don Luis había sufrido una severa arritmia a causa del problema con su corazón, que llevaba demasiados años enfermo y el hombre no se cuidaba, ni seguía las recomendaciones del médico. Él decía que quería disfrutar su vida y esa era su ley. El padre de Ale estaba muy delicado, los médicos no daban esperanzas.
Alejandro padecía el mismo problema, pero a diferencia de su papá, era un hombre activo, joven, sano, que se alimentaba bien y hacía ejercicio a menudo. Seguía los pasos que le daba su cardiólogo y llevaba una vida muy saludable, eso no le pasaría a él.

Un rato más tarde, ya estando en el hospital, llegaron también Daymar, Rebeko, Maru, Dante y Alex.

Daniela llamó a los padres de Lolita y les explicó la situación, por lo tanto, las niñas se quedarían con la familia de su amiguita y alejadas del difícil momento que atravesaban los adultos. Después de ver a Don Luis, Alejo les diría lo que pasaba y las llevaría para que pudieran visitar a su abuelo.

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 114

Las felicitaciones por el logro de Alejandro, no demoraron en aparecer…

REBEKO: (Se pone de pie, hace levantar a su yerno y lo abraza) ¡Te felicito, Alejandro y vas a ganar! Mi instinto felino extrasensorial me lo dice…
ALEJANDRO: Entonces, gano porque gano… (Daymar lo saluda también) Voy a buscar a mis princesas…
DAYMAR: ¿Por qué no las dejan aquí? Con todo el jaleo que tienen, es mejor que las niñas pasen la noche con nosotros y mañana se las llevamos a tus papás, Alejito.
REBEKO: ¡Me parece buena idea! (Guiña los ojos sin parar)
ALEJANDRO: ¿Qué le pasa, Don Rebeko? ¿Le arde la vista?
DANIELA: ¡Qué le va a arder la vista, Alejandro! ¡A veces te pones medio bobo!
DAYMAR: ¿Medio? No, ¡qué va! ¡Bobo completo!
REBEKO: Ni cómo defenderte, niño…
ALEJANDRO: Jajaja, ya caí, ¡tarde, pero seguro! ¿Nos vamos, amor?
DANIELA: Vamos.

La pareja se despidió de Daymar y Rebeko y se fueron a su casa. No alcanzaron a entrar que ya estaban en pleno cachondeo. Hicieron el amor con todos los deseos a flor de piel y luego, Ale primero y Dani después, se dieron un baño.
Mientras su esposa terminaba de prepararse para dormir, Alejo se puso a leer un poco y sin pretenderlo, por la rabilla del ojo, notó que la puerta del privado estaba entreabierta y allí, sentada, de espaldas a la abertura, su Cosita se peinaba. Se puso de pie y se acercó sólo unos cuantos pasos.

La observó detenidamente, con mucha calma, sin que aquella mujer tan amada lo notara. Los movimientos de ella eran delicados, pausados, decorosos. Peinaba su cabello color tostado con suma elegancia, cuidado y gracia: no había caso, hasta el gesto más habitual y común, cobraba majestuosidad en Daniela, al menos para los ojos de Alejandro, así era.
Sus manos jugaban con las ondas de su pelo y los dedos se entrelazaban una vez y otra más, guiando al cepillo que navegaba por la bellísima cabellera, dejándolo sedoso y manejable. Algún recuerdo en la memoria de la mujer, condujo hasta su boca y se transformó en sonrisa y esa mueca de alegría en el rostro de su esposa, desarmó a aquel hombre que sintió como el corazón galopaba salvajemente en su pecho, queriendo salir de allí para rendirse a los labios finos y sensuales de  Dani, labios que dibujaban fantasías interminables en Alejo, quien no podía detener las imágenes en su mente. Imágenes que estaban llenas de ansias, de fuego, de Daniela besándolo, amándolo, entregándose a él con la misma pasión ardiente que consumía su vientre cada vez que su mujer aparecía en sus pensamientos.

Ella volvió a sonreír y él murió de amor… La deseó de nuevo, como si jamás la hubiera poseído. En silencio, se acercó un poco más y llegó hasta la puerta. Se apoyó sobre el marco y continuó mirándola, era un paraíso para sus ojos y algo en su interior le dio la seguridad que siempre sería de ese modo: aunque los años pasaran, Alejo sabía que para él, Dani era el Edén eterno. La mujer que sin saberlo, era el objeto directo de sus plegarias más tiernas y dulces y de sus fantasías más eróticas y llenas de lujuria, tomó el pote de crema y corrió su bata, dejando sus hermosas piernas al descubierto. El hombre, las recorrió con la mirada, de arriba abajo sin perderse detalle alguno y aunque las conocía de memoria y su boca las había explorado miles de veces, no dejaba de ponerles atención y de maravillarse con ellas; era como si un niño entrara a una juguetería llena de todos sus juguetes favoritos. Ale sonrió y siguió las manos de su esposa que subían y bajaban por sus extremidades, llevando la crema de aquí para allá…
Un nuevo gesto de felicidad llenó el rostro de Dani y su marido no pudo resistirlo más. Cuando ella iba a quitarse la bata para pasarse la crema en los hombros, él la detuvo…

ALEJANDRO: (Oliendo el maravilloso aroma) Déjame hacerlo a mí, amor… (Tomó el pote de las manos de ella) Huele a almendras…

Alejo quitó la bata de su esposa y comenzó a pasarle la sustancia. Primero fueron los hombros, luego la parte baja del cuello y después los senos. No los tocaba con lujuria, sino con cuidado, con el tacto exacto de un cirujano y el calor de un hombre completamente enamorado que quería darle a su amada, un momento de relajación y apapachos.

Ella lo dejaba hacer sin interrumpir, el contacto de esas manos grandes, fuertes, sólidas y nobles, la llenaban de paz, de tranquilidad y notar cómo él procuraba consentirla, llenó su corazón de alegría y regocijo: Alejandro era sencillamente el hombre ideal, perfecto con todo y sus defectos. Lo veía tan concentrado en hacerla sentir bien, que no pudo sentir más que ternura y ganas de estar con él, de ser suya y hacerlo propio. Le agarró las manos y lo detuvo. Se puso de pie y lo animó a incorporarse, acariciando, por sobre la remera, el increíble y bien formado abdomen y los pectorales de su marido, su amante, su amigo, SU ÚNICO, VERDADERO Y GRAN AMOR…

DANIELA: Quiero que me hagas el amor…
ALEJANDRO: No buscaba eso, hermosa, sólo quería consentirte.
DANIELA: Lo se, te conozco y se cuándo buscas sexo y cuándo no…

Se miraron durante algunos segundos y ella le volvió a tomar la mano y lo fue guiando hasta la cama. Al llegar, lo tumbó con tranquilidad. Sin besarlo, le quitó la playera y recién ahí, su boca buscó los labios de Alejo. Cuando los encontró, primero le dio unos besitos cortitos, suaves, para luego, hacer que su lengua se abriera paso y fundirse ambos en un beso magno, delicioso, provocador.
Antes que él pudiera reaccionar, ella ya estaba bajando sus manos hasta la tira del pantalón pijama y lo desató con simpleza y ligereza. La piel de Alejandro era trigueña, como dorada al sol y además, era tersa, tentadora.
Bajó un poco el pijama y se encontró con el miembro de su esposo completamente erecto. Con un solo movimiento, bajó también la ropa interior, liberando las partes nobles y erguidas y llevó su boca hasta allí, robando un tremendo gemido de los labios de Alejandro que no había visto venir ese gesto.

Daniela estaba igual de excitada y hacerle sexo oral a su hombre, le fascinaba, la embriagaba de gozo. Prodigarle ese placer sublime a quien ella tanto amaba, la volvía esclava de sus propios deseos y fiebres. El generalito ardía y cada vez se ponía más duro, cosa que generaba aún más éxtasis en ambos.
Ale la tomó de las manos y la hizo subir, dejándola de pie junto a la cama. Él, todavía sentado, se acercó hasta el vientre de ella y lo besó, lamiéndolo, mientras desabrochaba el sujetador, para liberar los senos que unos momentos antes había tocado. Seguían teniendo ese delicado aroma a almendras y Alejo los agarró y acarició hasta que su boca llegó a ellos y los saboreó sin tapujos, ni tabúes. A medida que se deleitaba con los duros pezones de Daniela, sus manos la despojaban del resto de la ropa y cuando estuvieron desnudos los dos, el hombre se puso de pie y se aferró al cuerpo de la mujer, logrando con ese roce de pieles, que los dos sintieran como todo dentro de ellos se quemaba por ser uno, por hacer el amor.
Todo a su alrededor era sexy, sensual. Se besaron como desesperados y con pasividad y paciencia, fueron acostándose en la cama.

Dani se acomodó primero y después, Alejo, se posó sobre ella, entre sus piernas y antes de penetrarla, la volvió a besar con más desesperación que antes, sintiendo en su boca el exquisito sabor de los labios que amaba más que a su propia vida. Cuando la mujer sintió como su intimidad era invadida por la de su marido, gimió poderosamente, apretándolo con los brazos y piernas, como para no dejarlo ir jamás. El vaivén era muy calmado, nada los apuraba y aunque habían hecho el amor un rato antes, esta nueva entrega física parecía ser la primera o la última por la manera en que la pareja se ofrecía al otro, por la forma en que se procuraban y se permitían pertenecer a quien les llenaba la vida de dicha. Una y otra y otra vez, Alejo penetró a Dani y mientras eso sucedía, el tiempo parecía detenido, nada más existía para ellos: eran sólo los dos y su amor. Un amor que había sido puesto a prueba de las maneras más tontas y de las más crueles también. Un amor que salió airoso de cada problema. Un sentimiento que estaba infinitamente más fortalecido que al principio. Un amor que les había dado dos hermosas hijas. Un amor que los llenaba y rebasaba sin detenerse y que, aunque ellos no lo sabían, porque nadie tiene nada comprado, los acompañaría hasta el último día de sus vidas, más intenso y más fuerte a cada paso que dieran en el camino.

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 113

La casa Zavallalta estaba a pleno, todo listo y preparado para celebrar el quinto cumpleaños de Danita, quien, como de costumbre, parecía una pelotita de pinball de tanto ir y venir, mirando todo, supervisando todo y llevando a Vicky de la mano de aquí para allá, mostrándole los juegos, decoraciones y las delicias que reposaban sobre las mesas, esperando ser consumidas por los invitados.
Sus padres las miraban a prudente distancia y semi escondidos…

VICTORIA: ¡Quiedo pastel, Danita!
DANITA: Falta para eso, Vicky, no me cantaron el cumpleaños…
VICTORIA: Pedo yo quiedo ahoda… (Se cruzó de brazos e iba a ponerse a llorar)
DANITA: (Mira hacia los cuatro costados) Bueno, está bien, pero sólo un poquito porque es para soplar las velitas…
VICTORIA: ¡Gacias, Dani, te amo!
DANITA: Y yo te amo… Vamos a buscar una silla…
VICTORIA: ¡Ahí hay muchas!
DANITA: (Entre las dos, cogieron una, la llevaron y la colocaron junto a la mesa, Dani se subió) Mi hermanita quiere pastel y mi hermanita tendrá pastel…

Justo cuando iba a meter la mano para coger un pedazo, Vicky la jaló del vestido.

VICTORIA: Vienen papi y mami…
DANITA: (Se baja rápido) No vayas a decir nada…
VICTORIA: Nada, nada, Danita…
ALEJANDRO: (Llegó de la mano con su esposa) ¡Niñas traviesas! ¿Qué traman?
VICTORIA: Nada, nada, papi…
DANIELA: ¿Qué hacías sobre la silla, Daniela?
DANITA: Quería ver el pastel, mami
ALEJANDRO: (La carga) ¿Querías VER el pastel? ¡Eres una terrible! Lo que querías era comerlo…
DANITA: Bueno, si, pero para Vicky, porque ella tenía ganas de comerlo ahora…
ALEJANDRO: Vicky, hija, eso es para más tarde, cuando cantemos el cumpleaños y tu hermana sople las velitas…
VICTORIA: Pedo quiedo ahoda, papi…
DANITA: Dale un poquito, mamá, si no hace sus caritas y me hace chillar…
ALEJANDRO: A ti todo te hace chillar, ¡eres mi hija, caray!
DANIELA: ¡Eso es cierto! Jajaja… A ver, niñas. Tú, Victoria, entiende que las cosas se hacen en un momento y un lugar. Si comes ahora, ¿qué queda para el festejo de tu hermana?
VICTORIA: ¡OTDO PASTEL!
ALEJANDRO: Ahí le salió la parte que es hija tuya, amor…
DANIELA: ¡Calla, Alejo! (Se ríen) No, muñequita hermosa. El pastel se come más tarde y punto. (Se gira hacia la mayor de las niñas) Y tú, Daniela, deberías haberte llamado Alejandra, porque más parecida a tu papá, es imposible…
DANITA: ¿Por?
ALEJANDRO: ¡Eso quiero saber yo! ¿PORRRR?
DANIELA: Porque medio puchero y media lágrima y ya están a la merced de cualquiera de nosotras (Alza a Vicky) dos…
VICTORIA: (Besa a su mamá en la boca) Si, mamita, pastel, pastel, pastel…
DANITA: ¡No entendí!
ALEJANDRO: ¡Yo si! (Se miran con su mujer) Mamá quiere decir que tú y yo, hacemos lo que ellas dos quieren…
VICTORIA: (Estaba muerta de risa) Pastel, pastel, pastel…
DANITA: Mejor vamos con el abuelo Rebeko y Alejo, Vicky…
ALEJANDRO: Casi cuatro años y no me acostumbro a que el gato se llame como yo…
DANIELA: (Ambos dejan a las niñas en el suelo) ¡Miren, pequeñas! Llegaron los tíos Diana y Federico con Bruno…
VICTORIA: ¡¡¡PIMO BUNOOOOO!!!
DANITA: (Jalando a su hermana) Apúrale, Victoria, ¡ANDAAA! (Van corriendo y llegan hasta el pequeño que caminaba de la mano de su papá) ¡Holaaaaaaa! (Lo llenan de besos y apapachos y el niño se ríe con ganas)
ALEJANDRO: (Volviéndose hacia su esposa, la toma de la cintura) ¿Cómo está eso del medio puchero y la media lágrima, Daniela Victoria?
DANIELA: (Pasando sus brazos por alrededor del cuello de Ale, le hace una mueca) Eso está así… (Le da un besote magnífico, al que su marido se rinde por completo)

No mucho tiempo después, ya todos los invitados estaban en la fiesta. Cada quinti con su respectivo marido y Sergio con Solange. Hasta Maru, Gerardo, Mariano y su esposa, Juliana, estaban en la lista de partícipes. Tamara y Luis, fueron los últimos en arribar a la fiesta con el presente más lindo de todos, un perrito que terminaría siendo llamado Patán… Una vez que se presentaron, todo inició, por fin.
Música, baile, regalos, comida, bebida para grandes y para chicos, las buenas vibras, los mejores deseos y un sinfín de risas y alegría, adornaron una celebración que salió a pedir de boca.

Bastante entrada la noche, casi llegando a las diez, sólo quedaban en la casa Daniela, Alejandro, Rebeko y Daymar. La festejada y su hermanita, llevaban dormidas largo rato.

DAYMAR: (Los cuatro estaban sentados en los sillones de la sala) ¡Todo fue fabuloso!
REBEKO: Me parece increíble que Danita tenga ya cinco años, que Vicky esté tan grande, que Bruno tenga casi dos años, que Laura y Mica estén embarazadas, que Alex lleve un año de reincidente matrimonial y que Sergito esté a punto de ser papá…
ALEJANDRO: ¿Qué se le hace, suegro querido? ¡El tiempo pasa!
DANIELA: Y muy rápido…
DAYMAR: Ni tanto, ustedes son muy exagerados…
REBEKO: No exageramos, vieja, lo que pasa es que como tú estás más hermosa y jovial que antes, no te das cuenta…
ALEJANDRO: (Sonriendo) ¡¡AHHHHH!! Mi suegro, el galán eterno, ¡MUY BIEN, DON REBEKO!
DANIELA: Aprende, Alejandro…
DAYMAR: ¿Aprender qué cosa, Daniela? Si tu marido es más meloso que este viejo chistosón… (Le da un beso a Rebeko)
REBEKO: Soy bien galán…
DAYMAR: Y con tus pompas intactas…
REBEKO: Mejores que nunca…
DANIELA: Bueno, bueno, esa información no nos hacía falta…
DAYMAR: Jajaja, no te espantes, hija, que las pompas de tu marido no cantan mal las rancheras…
ALEJANDRO: (Se pone de pie y se ladea, mirándose) ¡Nada mal!
DANIELA: (Lo hace sentarse) ¡No seas payaso! Jajaja… Amor, ve a buscar a las niñas, así nos vamos a casa, que es tarde…
DAYMAR: ¿Tarde para qué, Dani? Si ni siquiera son las diez.
DANIELA: Lo se, mami, pero hasta que llegamos a casa, las acostamos, nos bañamos nosotros y dejamos todo listo para mañana, se nos va a hacer muy tarde.
REBEKO: ¿Qué hay mañana si es domingo?
ALEJANDRO: Un evento empresarial y tenemos que pasar a dejar a las niñas a casa de mis papás, porque hoy no se las podían llevar.
DAYMAR: ¿Evento empresarial?
DANIELA: Si. Es una merienda de campo, que ofrece la cámara de comercio a los ejecutivos nominados para el premio anual que dan a quien salga elegido como el empresario del año. Alejandro es uno de los posibles ganadores, así que tenemos que asistir si o si, pero el lugar está como a dos horas desde lo de mis suegros y, en fin, nos espera un día largo.
DAYMAR: ¿Empresario del año? Muy bien por ti, hijo, ¿por qué no dijeron nada?
ALEJANDRO: Es que no quería que se me cebe, mamá dos…
REBEKO: ¿Puedo saber a qué se debe la nominación? Digo, se que eres muy trabajador, pero hasta donde recuerdo, se nomina a gente que haya dado un cambio radical a su rubro…
ALEJANDRO: Y así es, suegro querido, un proyecto que lanzamos hace unos meses, no sólo trajo más clientes a la empresa, sino que también, fue adoptado por otros empresarios.
DANIELA: Alejo diseñó un nuevo programa que ayuda con la administración financiera y eso facilita mucho el trabajo, en fin, todo un logro el de mi marido y mi orgullo, ¡¡UFF!!
DAYMAR: ¡Y así debe ser, hija! Los dos tienen que saber compartir y acompañar los proyectos y logros del otro. Ustedes siempre fueron generosos en la pareja y deben mantenerse así…

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 112

Medina cayó de espaldas, el disparo fue certero y hubiera sido aniquilador. Los acompañantes, en su mayoría oficiales de policía, lo socorrieron de inmediato y mientras ellos se ocupaban de él, otros, con Elizalde a la cabeza, atrapaban y reducían a Andrea Ina.

ELIZALDE: Andrea Ina, queda detenida por privación ilegítima de la libertad e intento de homicidio hacia la persona de Daniela Zavallalta y por intento de homicidio en agravio de Alejandro Vilatorres.
ANDREA: ¿Intento? ¿No ve que lo desplomé de un solo sacudón? Sólo quisiera poder verle la cara a la mustia de su esposa cuando se entere que ahora es una viudita…
ELIZALDE: Intento, contra ese matrimonio, sólo quedó en un burdo intento. Lo del enfermero y su esposa embarazada, es otra cuestión… Tiene derecho a permanecer en silencio y a ser asesorada por un abogado. Si no cuenta con los medios para conseguirlo, el Estado le proporcionará uno…
ANDREA: ¡Cállese, viejo imbécil! Maté a ese desgraciado, lo demás me vale madre
ELIZALDE: Usted no mató al señor Vilatorres. (El oficial Medina se pone de pie y se quita el chaleco antibalas) ¿Ve? Cayó en su propia trampa, señorita Ina y ya no va a poder dañar nunca más a nadie…

En ese hotel, los gritos de rabia, ira y frustración de Andrea, lo ocupaban todo y en el departamento, si bien también había gritos que inundaban el espacio, estos eran de amor, placer y lujuria. Alejandro y Dani se estaban entregando al otro como nunca antes y lo estaban gozando sin dejarse de probar ni un centímetro del otro. Habían cambiado la posición y estaban en la alfombra, él abajo y ella arriba, pero recostada sobre Alejo y seguían tocándose, besándose, bebiendo de los labios que se abrían para dar y recibir cada gota que pudieran. No les faltaba mucho para llegar al orgasmo y esos instantes previos, los desbordaban. Ella se sentó sobre él y Ale se incorporó para abrazarla y continuar deleitándose con el cuerpo que le cegaba la razón.

ALEJANDRO: (Lamiendo el torso de su mujer) Amo tus senos, me enloquecen… (Mordió suavemente los pezones)
DANIELA: Amor, me fascinas (Se movía poco a poco, mientras su esposo seguía en la labor de saborearle los pechos)
ALEJANDRO: (Apretándola fuerte contra sí mismo, le buscaba la boca, pero Dani estaba tan ensimismada en lo que sentía su piel, que no se percataba) Necesito tu boca (Gemían al unísono)
DANIELA: Tus deseos son órdenes (Se devoraron el uno al otro, aumentando el placer)

Pasando los brazos por la espalda de su esposa, Alejandro la tomó de los hombros e hizo presión hacia abajo, de manera que ella no pudiera moverse y sosteniendo la penetración. Estaban a punto de llegar al cielo

ALEJANDRO: ¿Me sientes, Dani? (Besote) Te amo... (Afloja un poco la presión y ella se aferra a él como nunca, ese movimiento había sido mágico) Me provocas a llegar donde nadie más llegó antes... (Con tranquilidad, retomó las penetraciones)
DANIELA: Dios, amor, me matas (Siguieron en camino a un glorioso orgasmo)
ALEJANDRO: (Se detiene y la mira, le da un beso muy apasionado) Quiero que me mates tú... (Le sonrió y se recostó, dándole libertad a ella para que se exprese) Hazme lo que desees (Le guiña el ojo) Llévame al paraíso, COSITA...

Dani aumentó la velocidad de sus movimientos, haciendo gemir a su marido y Alejo volvió a incorporarse y a abrazarla. En esa postura, entre más gemidos, besos y palabras de amor, llegaron juntos a un hermoso clímax que los hizo sentir unidos en cuerpo, alma y espíritu. Se quedaron allí, desnudos, mimándose, mirándose y sintiendo el amor tan hondo que los estremecía totalmente.

ALEJANDRO: ¿Te dije alguna vez que podría vivir ahí? (Señala entre medio de los senos)
DANIELA: Jajaja, mil veces, amor, pero no me canso de escucharte (Le da un beso)
ALEJANDRO: Es en serio, Daniela, no te rías... Viviría dichoso entre ese par... (Le levanta las cejas y sonríen. Suena el teléfono y Dani atiende, era Elizalde)
DANIELA: ¿Diga?... Buenas tardes, ¿En serio? Está bien, ahora se lo comunico a mi esposo, gracias por todo, hasta pronto...
ALEJANDRO: ¿Qué pasa, amor? ¿Qué tienes que comunicarle a tu esposo? (Se le va poniendo encima de nuevo y la besa en el vientre)
DANIELA: Era el comandante Elizalde, ya detuvieron a la LOCA (Le sonríe) Por fin, amor, ¡¡¡por fin somos libreeesss!!! (Besó a su esposo como nunca)
ALEJANDRO: ¿Es en serio, Cosita? ¿Funcionó? (Dani lo besaba demasiado) Se ve que si... Amor...

Ella no lo dejó decir más y se apoderó de su generalito, librando una nueva y maravillosa batalla. Un largo rato más tarde, salieron a la calle y Ale se detuvo en la puerta del edificio...

ALEJANDRO: ¿Qué se siente, amor? Saber que ya somos libres de verdad...
DANIELA: Es una sensación indescriptible (Alzó los brazos al cielo y respiró profundo para sentir el aire)
ALEJANDRO: (La levantó y se miraron con mucha intensidad) ¿Qué le parece, señora, si vamos a buscar a nuestras princesas y salimos los cuatro a dar un paseo, por primera vez?
DANIELA: Me parece increíblemente, ¡genial! (Beso)
ALEJANDRO: ¿Si? (Beso) Vamos, hermosa... (Beso, abrazo y más besos) Ahora si, mi amor, ya verás que seremos muy felices los cuatro...
DANIELA: MUY FELICES...
ALEJANDRO: ¿Me llevas? (Le estira la mano)
DANIELA: Vamos (Le agarra la mano y comienzan a caminar)

Andrea Ina fue juzgada y condenada a cadena perpetua, pasaría hasta el último día de su vida tras las rejas…

ALGUNOS AÑOS MÁS TARDE…

Diana y Federico habían sido papás de un varón precioso llamado Bruno, no por el tío, sino por el abuelo de Fede que era uno de los grandes amores del marido de la quinti abogada.
Laura y Diego se casaron y ahora la enfermera se encontraba atravesando el cuarto mes de embarazo. Sería otro niño al que llamarían Camilo.
Alex y Dante también se desposaron, pero este par todavía no buscaba un hijo, deseaban disfrutarse un poco más como pareja, aunque decían “Si viene, VIENE”…
Micaela y Bruno, se enteraron que iban a ser papás seis meses después de haber contraído nupcias, en este caso tendrían una pequeña niña, a la que su prima mayor, Danita, consiguió que llamaran Paloma.
Valentina y Sebastián tuvieron gemelos, Marco y Lucas. Tanto el matrimonio como Arianis y Dalmiro, se encontraban vacacionando en La Laguna, España. Allí vivía una hermana de Sebas y la mujer, en celebración de un aniversario de bodas, había invitado a la familia completa a pasarse una temporada en las cálidas tierras anglosajonas.
Doña Tamara y Don Luis, se la pasaban divinamente con sus nietas, no se cambiaban por nadie en esta etapa de abuelos y disfrutaban plenamente de las ocurrencias de las pequeñas.
Maru, aunque no se pueda creer, terminó casándose con Gerardo. Aquel hombre que se hiciera pasar por Sergio para embaucar a Crystal y lograr que esa mujer indeseable se alejara de Sergio. Se conocieron en la fiesta que se hizo cuando Andrea Ina fue detenida y desde aquella noche, ya no pudieron separarse, era amor del bueno y ambos se dispusieron a vivirlo intensamente.
Sergio contaba los días para la llegada de su primogénito: Solange estaba entrando en el octavo mes de embarazo y sería niña: Gabriela Zavallalta Pereyra
Daymar y Rebeko seguían como siempre: peleando, discutiendo y amándose más a cada momento. Otro par que no cambiaba su vida de abuelos, por nada del mundo.
Y Dani y Alejo, vivían una vida de sueño. Dejaron el departamento para mudarse a una casa enorme, con un amplio jardín, trabajaban en la empresa, pero no se veían mucho ya que sus áreas eran completamente opuestas y no se cruzaban en esquemas laborales. Los que si se cruzaban de una punta a otra del edificio, eran ellos, que en cuanto podían darse una escapadita, buscaban al otro para sus “asuntos pendientes”

A punto de festejar su quinto cumpleaños, Danita, junto a sus padres y  hermanita, llegó a la casa de sus abuelos maternos que le habían preparado una enorme celebración.

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 111


Andrea no se imaginaba que detrás de sus nefastas intensiones, había un operativo magistral que intentaría detenerla. En su cabeza tan enferma, tan desquiciada, no existía la posibilidad de volver a fallar: esta vez sería concreto y sencillo, sólo apuntar y disparar. Ni siquiera iba a intentar escaparse, ya había asumido que la atraparían y por esa razón, si la policía estaba allí o no, era algo que no le importaba. Lo único relevante para ella era matar a Alejandro y ahora, su víctima acababa de sentarse. Mucha gente lo rodeaba, no era momento para disparar. No debía haber más heridos, sería uno solo y nadie más….

Bastante lejos de allí, en el lugar que ellos mismo habían transformado en su hogar, el matrimonio Vilatorres - Zavallalta, disfrutaba de un reencuentro más que especial. No sólo por haberse terminado la cuarentena, sino por todo lo que les había pasado y por lo que sucedía mientras ellos se entregaban a su hermoso, grande y magnífico amor.

Ale se movía suavemente, gozando cada segundo de la penetración. Daniela lo apretaba con las piernas y los brazos, sin hacer nada más que sentir a su marido entrando y saliendo de ella... El caballero buscaba poder besarla, pero Dani no quería saber nada con eso, sólo lo dejaba besarle el cuello

ALEJANDRO: (Intensificó las penetraciones y le habló a Dani al oído) ¿No me piensas besar?
DANIELA: Todavía no... (Quería provocarlo un poco)
ALEJANDRO: (Presionó su pelvis contra la de Dani y la dejó inmovilizada hacia la pared, quedándose quieto) ¿No? (Endureció su abdomen y esto hacía que el generalito llegara hasta donde nunca antes) ¿No me vas a besar? (Le lamió el cuello)
DANIELA: ¡Ups! (La que se desbocó fue ella, lo besó apasionadamente)

La intensidad de los besos que se daban, los descolocaron un poco y Ale salió de su esposa, sin quererlo. Aprovechando la ocasión, la llevó al sillón y se sentó él, dejando que ella tomara las riendas. Daniela quedó arriba, marcando el ritmo, cabalgando sobre su marido, dándole placer a ambos

ALEJANDRO: (La tenía apretada contra su pecho y la besaba con locura) Amo que me hagas esto, estar en ti, Dani, me encantas más a cada segundo...
DANIELA: ¿A cada segundo nomás? Yo te amo más a cada milésima de segundo (Continuaba moviéndose sensualmente, encima de su amante, cuando paró de repente)
ALEJANDRO: ¿Qué pasa, amor? (Seguía besándola por el cuello y los senos) ¿Estás bien? ¿Por qué te detienes?
DANIELA: Quiero que me convenzas de seguir (Lo besaba en la boca apasionadamente)
ALEJANDRO: (Sonríe) ¿Convencerte? ¿Y cómo le haré para lograrlo? (La alza y la recuesta en el sillón. Acaricia el cuerpo de Dani y besa cada rincón, la voltea, dejándola boca abajo) Vas a ser más mía que nunca, Cosita...
DANIELA: Eso es lo que quiero...
ALEJANDRO: (La hace incorporarse, quedando los dos de rodillas, ella de espaldas a él y recorre el cuerpo de su mujer de desde el principio hasta el final, besando todo a su paso) Te amo tanto, Dani, tanto...
DANIELA: Y yo a ti, amor. Hazme tuya, sólo tuya...

Aun besando la espalda de su esposa, Alejandro corrió suave y delicadamente los muslos, volviendo a entrar en ella. A medida que la penetraba, la abrazaba y buscaba los labios de Daniela, aprisionando, con sus manos fuertes y complacientes, aquellos senos que lo enloquecían...

ALEJANDRO: (Penetrando una y otra vez, con pasividad) Me vuelves completamente loco...
DANIELA: Y tú a mí (Su marido la estaba volviendo loca)
ALEJANDRO: Quiero que me vuelvas tu esclavo, Dani...

En ese mismo momento, en el hotel “La Marida”…

Desde uno de los monitores, se podía ver nítidamente a Andrea que simulaba estar descansando, apoyada sobre una pared, leyendo un panfleto.
En el otro monitor, Medina recibía la orden de ir desalojando a quienes lo rodeaban, para quedar al alcance del disparo. Según el psiquiatra que analizó el perfil de Andrea, este era un crimen pasional y debido a esto, la mujer dispararía al corazón. Según el profesional, había dos maneras de ejecutar a una persona en casos de crímenes cometidos con revólveres.  Una era con frialdad. Los objetivos eran ejecutados con disparos a la cabeza. Esto demostraba el desprecio por la persona asesinada y la poca relevancia que el blanco tenía para su sicario.
La otra manera, era por pasión. Cuando el victimario tenía relación con su víctima, las heridas de arma de fuego, iban a la zona torácica, cerca del área del corazón. Con relación, se quiere decir que conocía a su blanco, independientemente de si se la relación era recíproca o no. Es decir que el asesino podía conocer a su víctima y tener una relación con ella, como por ejemplo, podían ser amantes. Así como también, existía la posibilidad que el objetivo no tuviera conocimiento del victimario: por ejemplo, un vendedor que se obsesiona con una clienta de su negocio. Ella sabe que él existe, pero no es parte de su entorno. A este tipo de casos, se los denomina como “crímenes pasionales”.

Medina llevaba chaleco antibalas y después de varios minutos, por fin se vio libre de gente y subió al púlpito.
Al ver eso, Andrea sacó su pistola, le colocó el silenciador y se preparó para disparar.

En la caseta de seguridad, Elizalde dio un salto de la silla al verla en el monitor.

ELIZALDE: ¡¡Es ella!! (Sacó su celular, mientras salía hacia el vestíbulo del hotel) ¡Rojas, punto tres, punto tres, va a disparar! (Cruzó el vestíbulo y llegó al salón)

Andrea notó como, de repente, varias personas comenzaron a dirigirse hacia donde estaba ella y la miraban atentamente. Antes que Medina pudiera protegerse, la loca, disparó…

En el departamento, dos cuerpos completamente desnudos y apasionados, seguían entregándose al amor que los unía.

Daniela estaba de rodillas en el sillón y su marido, tomándola por detrás, la llevaba por el camino del éxtasis, de la lujuria, de la locura y ella, a su, vez, lo guiaba a él por ese exacto y mismo camino. Se movían al compás, sincronizando sus deseos y sus instintos con perfección, con concordancia.
Aunque llevaban casi cuatro años juntos y habían probado el sexo de todas las formas que le generaban placer, ninguno podía o pretendía dejar de necesitar al otro, es más, parecía que a cada momento, se excitaban más y que cada vez que se fundían en un mismo cuerpo, era sólo para desearse más en una próxima ocasión, como si una entrega, fuera la previa de la siguiente. De hecho, no parecía, era así y aunque cuando ellos dos hacían el amor, el mundo desaparecía por completo, sus sentidos lo sabían y esa idea de volver a hacerlo, los ponía aún mucho más cachondos…

ALEJANDRO: (Manteniendo la pose) Dani (Penetración) Te amo…

Ale la agarró de los senos con más potencia, llevando a su novia eterna, a soltar una sonora exclamación como prueba de lo delicioso que se sentía tener a su marido dentro de su ser, pero ella quería más todavía, más de todo, más sexo, más amor, más éxtasis. Los embarazos habían transformado las sensaciones de su cuerpo y lejos de apagarse, Daniela, se convirtió en una mujer muy perceptiva, con sus poros abiertos a lo que Alejandro provocaba en ella como, jamás, ningún otro hombre pudo hacerlo. La señora viró un poco su cuello para encontrarse con la boca del señor que buscaba la de ella al mismo tiempo y sus labios se unieron una y otra vez, hasta que Alejo ya no aguantó y la fue llevando hacia abajo, para poder hacer eso mismo, pero mucho mejor. Dani, comprendiendo, cedió por completo a esa fantasía que por más que la cumplieran millones de veces, nunca perdería su efectividad. Apoyando las manos en el sillón, se dejó hacer lo que Ale deseaba tanto y lo disfrutaba a la par de su hombre.