domingo, 5 de mayo de 2013

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 80


Así fue pasando el tiempo y, por ejemplo, las primeras semanas de los nuevos integrantes de la familia, fueron de adaptación, sin embargo, para el día de la segunda boda de Daniela y Alejo, ya parecían conocerse y adorarse de toda la vida…
La ceremonia fue sencilla, pero hermosa y emotiva. Ese mismo día, la pareja cumplía un año desde que se casara en Las Vegas y renovar sus votos con la bendición de Dios, fue la mejor manera de festejarlo. Encima, ahora estaba Danita y tenían una tía, un tío, una prima y un amigo más junto a ellos. Todo era perfecto…
Andrea Ina, observaba a la familia celebrar desde lejos y se juraba ser quien acabara con tanta alegría. En unas semanas, llevaría a cabo su golpe y Alejandro perdería todo lo que amaba, empezando por su esposa y luego su hija…
ANDREA: Ríete ahora, bastardo, porque llorarás sangre…
En el centro de la pista, Ale y Dani se besaban, celebrando una vez más, ese inmenso amor que los unía. Alex les acercó a Danita que ya tenía tres meses y se reía de todo. Los tres se veían hermosos y mientras la gente que los amaba los aplaudía, una sombra comenzaba a cubrirlos aunque ellos lo ignoraran…
Dos meses después…
Aquel día, iniciaba una semana de infierno: Andrea llevaba meses de seguirle los pasos a Daniela y sabía que hoy le tocaba natación con la bebé, luego pasaba por su casa, se cambiaba y salía a casa de los Zavallalta, donde vería a sus padres, hermanos, cuñados, tíos, prima, el marido de la prima y a Alejandro: era la comida semanal que preparaban Daymar y Rebeko, desde la llegada de Arianis a sus vidas.
Todo marchaba como ella lo había planeado: tenía el lugar indicado para mantener el cautiverio de Daniela y con el dinero que pediría por su rescate, terminaría el trabajo con ella, luego con la mocosa y, finalmente con Alejo, para después largarse de México para siempre. Sus planes eran simples y sencillos, o al menos, en su loca cabeza, eso se creía.
Sin tener ni idea de lo que iba a suceder, Daniela salió de su casa y fue hasta a su carro, acomodó a su hija en el bebesit, lo fijó al asiento trasero y arrancó. Manejaba despacio, tranquila, nada la apuraba y su adoración iba con ella, medio durmiéndose. Dani puso música y Danita se encantó con eso: la pequeña tenía un muy buen oído y le fascinaba la salsa…
DANIELA: (Viendo a su princesa sonriendo con la música) ¡Saldrás parrandera, hija, igual que tus papás! (Sonrió)
Andrea la siguió un largo trecho y cuando su víctima se detuvo, frente a casa de sus padres, vio la oportunidad de hacer lo que tenía en mente: no había nadie alrededor, era el momento justo.
Mientras Dani sacaba las cosas de la beba de la cajuela del auto, se acercó por detrás y le dio un golpe en la cabeza, desmayándola en el acto. La cargó como pudo, la metió en el asiento trasero de su carro, la ató y le tapó la boca para que no pudiera gritar cuando despertara. La cubrió con una cobija, se subió al coche y se fue de allí, dejando a Danielita sola en el auto de su mamá.
Unos pocos minutos más tarde, Malvino, al regresar a su casa, notó que el vehículo de una de las quinti estaba abierto y nadie estaba allí. Se acercó y vio a la niña sola, la música encendida y las cosas de Daniela tiradas por todos lados: era evidente que algo malo sucedía por lo que se apuró por llamar a sus vecinos.
MALVINO: (Por el celular) ¿Señora Daymar? Habla Malvino, debería salir a la calle.
DAYMAR: (Extrañada por el pedido) ¿A ti qué bicho te picó?
MALVINO: Es que vengo llegando y me encontré con el auto de Daniela abierto y la bebita está aquí, pero su hija no y además su cartera y las cosas de la niña están regadas por el piso.
DAYMAR: (Sintió como una punzada en el pecho) ¿Qué dices?
ALEJANDRO: (Notó el gesto de espanto de su suegra y se acercó) ¿Qué pasa?
DAYMAR: (No sabía cómo decirlo, lo agarró fuerte de la mano) ¡Es Dani!
ALEJANDRO: (Se angustia por el gesto de Daymar) ¿Qué hay con ella?
MALVINO: ¡Salga, mujer, por Dios!
DAYMAR: (Agarra a Ale y lo saca a la calle. Malvino aún estaba ahí) ¿Qué es lo que viste, Malvino?
ALEJANDRO: (Se apura a cargar a su hija) ¿Y Daniela? ¿Dónde está mi mujer?
MALVINO: No lo se, así estaba todo cuando llegué, por eso la llamé…
DAYMAR: (Alejo estaba fuera de si) ¡Alejandro, dame a mi nieta y llama a la policía!
ALEJANDRO: (Lo hace) Ya vienen en camino… (Miraba hacia todos lados como buscando a su esposa) ¡Esto no puede ser, carajo!
MALVINO: ¿Los puedo ayudar en algo? ¡Lo que sea!
DAYMAR: Espera que lleguen las autoridades y di lo que viste.
ALEJANDRO: (Llama a Dante y le cuenta) Alex y Dante vienen en camino. Mejor entre con la niña a la casa, suegra, yo espero a que vengan todos…
MALVINO: Yo me quedo con él, Daymar, no se preocupe y quédese con su nieta.
DAYMAR: Está bien… (Entra)
ALEJANDRO: (Mira al vecino) ¿Vio algo más?
MALVINO: No, lo siento…
ALEJANDRO: (Lloraba del coraje y le dio un patadón a un cesto de basura) ¿Quién te quiere hacer daño, hermosa, QUIÉN?
Horas después, la policía y las quinti, Rebeko, Sergio, Solange, Maru, Arianis y familia, Tamara y Luis, estaban en la casa Zavallalta: la desesperación era de todos, pero la tristeza y la desazón de Alejandro, los tenía más angustiados aún y, para peor, nada podía hacerse.
Los oficiales requisaban el carro de Dani en busca de huellas y ya la estaban buscando en todos lados, pero nada pasaba y las horas caían como guillotinas en el cuello del hombre. El celular de Alejo sonó y él lo cogió: decía número privado.
ALEJANDRO: ¿Si?
VOZ: (Estaba disimulada) Si quieres a tu mujer con vida y sana de nuevo, reúne cuatro millones de dólares. Te doy una semana para hacerlo. En siete días vuelvo a llamarte.
ALEJANDRO: ¡Déjame hablar con ella para saber que está bien!
VOZ: (Pasa a Dani que estaba vendada) ¡Habla!
DANIELA: ¡Mi amor! No le des nada, no hagas caso de lo que dice… (Andrea golpeó a Dani de nuevo y esta cayó sin conocimiento otra vez)
ALEJANDRO: ¡Dani! ¡Mi amor!
VOZ: Ya lo sabes, cuatro millones en siete días o tu esposita se muere…
ALEJANDRO: (Un sonido raro le llamó la atención, pero en ese momento, no le dio importancia) ¡Está bien, tendrás lo que pides, pero no la lastimes, por favor!
VOZ: Si tú cumples, volverás a tenerla sana y salva…
ALEJANDRO: Lo haré, pero llama y así puedo comprobar que mi esposa está bien…
VOZ: Tranquilo, todos los días recibirás una prueba que así es… (Corta)
ALEJANDRO: ¡Hola, hola, HOLAAAA! ¡¡Maldición!!
DANTE: ¿Qué te dijeron?
ALEJANDRO: Diana, quieren cuatro millones de dólares para dentro de una semana, liquida todo, quiero ese dinero ya…
LUIS: ¿Vas a negociar, hijo?
ALEJANDRO: ¿Lo dudas, papá? Daniela no tiene precio… (Sale al jardín, completamente irritado, enceguecido y vuelto una furia. Patea todo lo que encuentra y se sienta en el césped, hecho un mar de lágrimas. Alex se le acerca)
ALEX: ¡Ten fe que ella va a estar bien!
ALEJANDRO: ¡Dios te oiga porque si algo le pasa, me muero, Alex, te juro que me muero!
ALEX: (Lo abraza) Lo se, cuñado…
ALEJANDRO: ¿Por qué a ella? ¡Me hubieran llevado a mí!
ALEX: Así trabajan estos tipos, Alejo…
ALEJANDRO: ¡Si los tengo a mano, LOS MATO! (Su desesperación era total y absoluta)
Cada día, como lo había prometido, Andrea mandaba una fotografía de Dani, con el periódico de esa jornada, como prueba de vida. Siempre llegaba a la casa Zavallalta de la misma manera: un niño de la calle era interceptado por “alguien raro que hablaba más raro”, según decían porque siempre era un muchachito distinto y ninguno podía asegurar si quien les daba la fotografía era hombre o mujer y tampoco los buscaba en el mismo sitio.
El día anterior al cumplimiento del plazo, Alejo recibió una nueva llamada de “la voz misteriosa”
ALEJANDRO: ¿Si?
VOZ: ¿Tienes todo listo?
ALEJANDRO: Todo como lo pediste. (De nuevo escuchó ese sonido familiar)
VOZ: Mañana tendrás a tu mujer de nuevo, entonces.
ALEJANDRO: ¿Dónde lo quieres?
VOZ: No te apures, Vilatorres, mañana te llegará un nuevo paquete y desde que lo recibas, sabrás cómo ir haciendo para recuperar tu tesoro y darme el mío… (Corta)

'''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 79


Dani se desbocó y como potra salvaje, intensificó las penetraciones, generando más placer. Se movía de arriba hacia abajo, una y otra vez, llenándose de su amado esposo, llevándolos a experimentar un gozo único e inexplicable, que los consumía, haciéndolos perder la poca cordura que les quedaba. Alejo la detuvo de golpe y Dani sabía lo que él buscaba, así que lo dejó hacer. Él la acomodó boca abajo y besó las piernas y espalda de ella, con desesperación y desaforado.
ALEJANDRO: Amo hacerte mía así...
Ante esas palabras, Daniela se movió un poco, incitando a su esposo a que empezara por fin. Los dos estaban llegando al extremo…
DANIELA: No sabes cómo lo amo yo también (Alejo sabía hacerla desear mucho más)
ALEJANDRO: (Se frotaba contra ella, sin entrar todavía) ¿Lo amas?
DANIELA: Lo amo (Él se introdujo en ella despacio, haciendo que Dani sintiera cada centímetro de su ser entrando en su cuerpo. Gimió al sentir el centro de poder de Alejo en su interior)
ALEJANDRO: Y yo (Penetración profunda) ¡TE AMO A TI!
Ale la embestía una y otra vez y cada embestida era una ola de placer que los inundaba.
El vaivén era rudo, exacto, Daniela y Alejandro se dejaban llevar por sus fiebres y cada segundo que pasaba, era más placentero y exquisito que el anterior.
Antes de llegar a un nuevo orgasmo, Alejo salió de Dani y se sentó en la cama, llevándola a ella a sentarse sobre él. Se besaron un poco más y ahí, quien dirigió todo, fue la señora de Vilatorres, que le hablaba a su marido para ponerlo al borde del delirio absoluto.
DANIELA: Mmmm, Cosito, ámame, saboréame, y devórame como sólo tú sabes (Seguía moviéndose, provocando cosas en ambos, cosas que los desbordaban)
Prácticamente, estaba comiéndose a su mujer: la boca pacería desfigurarse por la forma en que la besaba y lamía en el cuello, los senos y la boca. Pasó las manos por la espalda de Daniela y la tomó de los hombros para mantener la penetración intensamente.
ALEJANDRO: Me estás sacando de mí, hermosa...
DANIELA: Eso es lo que quiero, hermoso... (Empezó a torturarlo, como sólo ella sabía: quería desbocar del todo a su esposo)
ALEJANDRO: ¿Qué más quieres de mí? (No podía abrir los ojos siquiera, Daniela lo estaba llevando a un límite inexplorado, nunca se había sentido así)
DANIELA: Quiero todo de ti (Continuaba moviéndose a su ritmo, marcando los pasos, haciendo que su esposo se introdujera profundamente en ella. Mientras se movía, lo besaba con tal intensidad, que hasta se olvidaba de donde estaba)
ALEJANDRO: Esto es más grande de lo que puedo resistir, mi amor, vas a ser mía como nunca antes... (Ya perdido en el cuerpo de Daniela, Ale la acostó en la cama y volvió a entrar en ella como potro al galope, desbocado, salvaje, irracional y los sonidos de su esposa le indicaban que ella lo disfrutaba al igual que él)
DANIELA: (Los gemidos de Daniela no eran nada en comparación al placer que estaba sintiendo) Te extrañaba (Alejo la embestía y, cada embestida, era un estallido de euforia que los mataba a ambos)
ALEJANDRO: (A punto de morir de amor y placer en brazos de Dani) Te amo (Penetración tras penetración, las exclamaciones extasiadas de la pareja inundaban todo, derramando gozo por cada rincón) No quiero irme nunca de ti, Cosita...
DANIELA: No te vayas (Tras esas palabras los dos llegaron a lo más alto de la cúspide del placer, tocando el cielo y volviendo a caer. Nunca habían tenido un orgasmo así de espectacular. Después del clímax, sin separarse, se veían a los ojos, haciéndose cariños)
ALEJANDRO: (Completamente empapados en sudor y embriagados del otro, se miraban y hablaban bobadas) ¡Eres algo indescriptible, mujer de mi vida! ¿Te das cuenta de lo que me provocas?
DANIELA: ¿Lo que te provoco yo a ti? (Besito) Dirás lo que me provocas tú a mí (Besito) Me haces olvidarme del mundo cuando estoy contigo...
ALEJANDRO: ¿Qué se piensa usted, señora mía? ¿Que para mí existe algo más que su cuerpo, su boca o su piel cuando estoy a su lado? Noooo, señora, ¡para nada! Desde que llegaste a mi vida, Dani, eres lo único en lo que pienso todo el tiempo... Ahora son dos Danielas las que ocupan mi cabeza, mi corazón y mi alma. (Sonríe) Recuerdo tan nítidamente lo que sentí al darme vuelta y verte ahí parada, mirándome, sonriendo...
DANIELA: ¿Te piensas que yo no? Imagínate la situación: llegar a una oficina y ver a este papaste, semi sentado, cuando me esperaba a un viejo, gordo y canoso, ¡no, hombre! Más de una quisiera algo así (Sonrisota y besotes por toda la cara)
ALEJANDRO: (Se dejaba besuquear y sonreía también) No me vas a entender nunca, fíjate. Tu voz me cautivó y cuando te vi, ¡Dios mío! Fue un segundo, Dani y mientras tú te sorprendiste al ver que no era canoso ni viejo ni panzón, yo me enamoré perdidamente de ti... ¡Perdón, amor, pero no se compara!
DANIELA: ¡Uy, si, el señorito siempre por encima! (Se ríen) Da igual quién ame más de los dos o quién se enamoró antes, lo importante es que nos amamos y somos felices y que de este amor, nació lo más hermoso de nuestras vidas (Súper besote)
ALEJANDRO: Lo más bello de nuestras vidas... ¿Te puedo preguntar algo?
DANIELA: Dime, amor...
ALEJANDRO: ¿Cuándo supiste o te diste cuenta que estabas enamorada de mí?
DANIELA: El momento exacto, no lo sé, pero me di cuenta porque no podía dejar de pensar en ti y quería tenerte cerca, pero no me atrevía a reconocerlo...
ALEJANDRO: A ver, ¿no hubo ALGO que te hiciera darte cuenta? No se, digo, ¿hice alguna cosa que te enamoró o que te encantó? Dime, hermosa, ¡quiero saber! Si tú me dices, yo te digo... ¿Y por qué no te atrevías a reconocerlo?
DANIELA: Si, hubo algo que me hizo enamorarme de ti: tu forma de ser. Cuando Maru se metió en aquel lio de los dos tipos que se ligó, ¿te acuerdas?
ALEJANDRO: ¿Los dos strippers?
DANIELA: Ese mismo, me encantó cómo solucionaste todo, la apoyaste y ayudaste...
ALEJANDRO: Maru y Dante son como mis hermanos, amor, si hubiera sido Sergio o tus quinti, tu habrías actuado igual, es lógico... De todos modos, creo que andas con evasivas para no responder... ¡NO TIENES IDEA! (Se mata de la risa)
DANIELA: ¿Te dejas de reír así?
ALEJANDRO: (Se hace el serio) ¡Va! Pero no tienes idea…
DANIELA: ¡Claro que tengo idea!...
ALEJANDRO: Entonces, dime... ¿Por qué tan renuente a confesarlo, señora? (Le da un besote en el cuello) Si me dice, puede que tenga una recompensa...
DANIELA: Está bien... (Respira profundo) Cuando me defendiste delante de Arriaga, esa vez que me había salido mal un trabajo. Me defendiste como nunca nadie lo había hecho. Sabías que estaba mal y aun así, me defendiste, creíste que lo podía hacer mejor, y enseguida, viniste a preguntarme qué me pasaba, te preocupaste por mí y mis sentimientos, mis problemas... Ahí me enamoré de ti
ALEJANDRO: ¿Por qué te costó tanto decirlo?
DANIELA: Sabes que me cuesta expresarme… De poco a poco, voy progresando...
ALEJANDRO: (Piquito) ¿Quieres saber cuándo lo supe yo?
DANIELA: Claro que si...
ALEJANDRO: ¿Te acuerdas de la presentación donde Maru te volcó bebida en la ropa?
DANIELA: (Se ríe) ¿Fue ahí?
ALEJANDRO: No precisamente. Cuando Maru te tiró la gaseosa encima, tú no te diste cuenta, creo, pero se te transparentaba todo y por eso medio que te obligué a ponerte mi saco y te saqué de allí. Te enojaste mucho, niña, ¡pero esos viejos te iban a ver todo y no podía ser, caray! La cosa es que a regañadientes, pero te llevé a mi oficina y tú quisiste devolverme el saco y yo te dije que no. ¿Recuerdas qué pasó luego?
DANIELA: No me acuerdo de nada (Se hace la que no sabe)
ALEJANDRO: ¡Ya veo que tengo que refrescarte la memoria! Me revoleaste el saco por la cabeza y se te vio todo de la cintura para arriba. Yo no se qué cara te habré hecho, porque empezaste a reírte y te juro por nuestra hija, amor, me fascinó tu cuerpo, me encantó, pero al verte reír así, entendí que quería que siempre estuvieras de ese modo: riendo, contenta y lo supe de una vez: ya te amaba. Ahí te di nuestro segundo beso y tú, enojona, me diste una linda bofetada... (La remeda) "¿Quién te crees que eres, Alejandro, para tratarme así?" (Se vuelven a reír) Y mientras tú me mandabas al séptimo anillo de Saturno, yo entendía que aunque moría por hacerte mía ahí mismo, lo que más deseaba era vivir para ti...
DANIELA: Te enamoró mi cuerpito, no mi risa, mentiroso, ¡¡jajajaja!!
ALEJANDRO: No, tu cuerpito me encendió por completo, pero me enamoré de todo lo que tu risa representaba para mí, no te confundas... Cuando el cuerpo se apaga, Dani, queda todo lo que no se toca y eso, hermosa, es tu esencia y tu esencia, es la mía
DANIELA: ¿Mi esencia?
ALEJANDRO: Si, tu esencia, eso que no dejas que la gente conozca y que, gracias a Dios, puedo descubrir día a día, en esa mirada hermosa y transparente que tienes
DANIELA: Ay, amor, me dices cosas tan hermosas y yo no puedo igualar esas hermosas palabras...
ALEJANDRO: Si mis palabras pudieran igualar todo lo que me das, pero no, se quedan mínimas... Tú hablas con tus actitudes, con tus gestos, con tu forma de ser, en cambio yo, lo único que tengo son palabras y ninguna se acerca a lo que quisiera poder decirte. (Le agarra la mano) Gracias, hermosa, gracias por esta vida soñada que me das
DANIELA: Dios, ¡no se puede contigo! (Se pone encima de su esposo y empieza a besarlo) ¿Cómo no amarte? Es imposible no amarte...
ALEJANDRO: Ejem... EJEM... (Dani lo mira) ¿Qué? No me estás besando aquí, mira (Le señala el lóbulo de la oreja)
DANIELA: (Le besa donde él dice) ¿Aquí?
ALEJANDRO: Ajá, ajá... Y por aquí también, mira (Señala por debajo del mentón y alza la cabeza para facilitarle el trabajo a Dani)
DANIELA: (Le besa también ahí) ¿Ahí?
ALEJANDRO: Si, y más abajito también, como por aquí (Se toca el torso)
La noche pasó completamente llena de ese maravilloso amor…

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 78


Daniela mantenía esa actitud socarrona y seguía jugando con uno de sus dedos: lo pasaba por su boca una y otra vez, sonriendo. El gesto de su marido la seducía más que nunca y él, sólo con mirarla, le hacía de todo…
DANIELA: ¿Te vas a quedar ahí parado, buenorro?
ALEJANDRO: (No salía de su asombro) ¿Eh?
DANIELA: (Ya que su esposo no se acercaba a ella, fue ella la que lo buscó a él, le agarró la corbata, con gestos de niña inocente y muy sensual) Que si no vas a saludar a tu esposita, guapo...
ALEJANDRO: Dani, te ves, ¡Dios, mujer! No se qué decirte...
DANIELA: (Lo atrajo hacia ella) No digas nada...
ALEJANDRO: (Estaba confundido) ¿Hoy es cuando, amor?
DANIELA: (Acercó sus labios a los de su esposo, sin llegar a besarlo, dejándolos sólo a centímetros de distancia) Es día de que me ames...
ALEJANDRO: ¡Por fin, amor! (La alza, sin besarla y la va bajando muy despacio, pasando su boca por el cuerpo de Dani) ¡Cómo extrañaba esto!
DANIELA: (Dani se estremeció, presa de una deliciosa anticipación. Alejo se limitó a besarla en las mejillas y a acariciarle la espalda. Quería disfrutar de cada resquicio de piel de ella, de cada momento de esta nueva "primera vez") Yo también lo extrañaba...
ALEJANDRO: (Se miraron y Ale amagó a besarla en la boca, pero fue hasta el cuello de ella y lo saboreó a gusto y placer de ambos, mientras sus manos le acariciaban el bajo vientre) Me sabes a paraíso, hermosa... (La besó en la boca de repente, sin previo aviso y ella lo tomó del rostro)
DANIELA: (Los dedos de Alejo se movían a una lentitud devastadora. Dani gimió al contacto de los dedos de su esposo, con los que dibujaba la curva de sus senos por encima de la tela) Me estás matando...
ALEJANDRO: (Agarró las manos de Dani y se las besó para después llevarlas hasta su propio pecho) Te voy a... (La vuelve a alzar y la pone contra la pared) Amar como nunca, preciosa...
Sintiendo que se quemaba por dentro y desesperada por recibir lo que su buenorro estaba a punto de darle, Dani le rodeó con brazos y piernas, sus manos estuvieron, de pronto, tan ocupadas como las de su esposo y su boca buscaba el sabor de su hombre por todos los rincones de su cuerpo…
DANIELA: Quiero sentirte dentro, llenándome...
ALEJANDRO: (Al verse atrapado por su mujer, se soltó una mano y desabrochó su cinturón y su pantalón, para luego, bajarse los interiores) Te deseo como si nunca hubieras sido mía, Daniela.
Alejo le arrancó la parte de abajo del desabillé y se miraron los dos. Sin dejar de mirarse, Ale entró en ella y se desató entonces, una energía casi salvaje. Dani le clavaba las uñas en la espalda y las hundía después en su pelo, mientras disfrutaba de la fusión de sus cuerpos…
DANIELA: Te necesitaba así... (Los gemidos de ambos eran sofocados, por los besos ardientes que se prodigaban el uno al otro)
El placer los envolvía sin detenerse y arrebatados, endurecieron las penetraciones un poco más. Jadeaban, respiraban como podían y se poseían enloquecidos, como dos dementes perdidos irremediablemente en la locura que era su amor…
ALEJANDRO: Quiero más, Dani, lo quiero todo. (Mega beso) Dámelo todo, amor, no te guardes nada...
DANIELA: Todo es tuyo, tómalo
Alcanzaron el clímax, pero eso no acababa ahí, se debían muchas noches y muchos días de amor. Alejo, sin esperar nada, llevó a su esposa al dormitorio y allí comenzaron de nuevo las caricias y la seducción. Le quitó lo poco que quedaba del desabillé y la besó entera, no se dejó nada sin probar.
ALEJANDRO: Te amo más que nunca...
DANIELA: Estamos en las mismas condiciones (Alejo se terminó de quitar la ropa que le quedaba, que era poca) ¿Repetimos?
Dani estaba sonriendo socarrona, mientras bajaba su mano hasta la entrepierna de su esposo, encontrándose un soldado listo para la batalla y ella, tenía la batalla perfecta para ese soldado. Lo acarició poco a poco, tentándolo, preparándolo. Alejo se recostó en la cama, dejando que su esposa tomara el control de todo: Dani era sencillamente perfecta en la cama y en la vida y eso la convertía en la adoración absoluta de un Alejandro, que la miraba y sentía que la amaba más a cada segundo.
ALEJANDRO: Me estás desquiciando, amor... (Le agarra la mano y la mira) Esto (Pone la mano de Dani en su propio pecho) Late por y para ti, nunca lo olvides...
DANIELA: Nunca lo olvido (Dejando la mano en el pecho de su esposo) Este está unido al mío, si el tuyo deja de latir, lo hace el mío también.
Daniela lo besó apasionadamente y después empezó a descender por el camino a la gloria, dejando a su paso el rastro de besos en el torso de su marido. Llegó al destino y comenzó a hacer lo que más la excitaba, se apoderó del soldado con la mano y luego se dispuso a saborearlo. Lo degustaba y acariciaba al mismo tiempo, dándole más placer a su amante. Se concentraba en hacerlo delirar de gozo: quería redimir a su esposo de todos los días en los que no habían podido entregarse al amor, como ahora lo estaban haciendo. El señor Vilatorres, pudo vibrar cuando Dani lo llevó a un nuevo límite de éxtasis. Desde que empezaran la relación, nunca habían pasado tanto tiempo sin estar juntos, de hecho, nunca habían pasado ni un día sin hacer el amor, salvo por esas épocas en las que tuvieron que simular lo de "aquella". Volver a estar unidos así, disfrutándose como lo hacían, los estremecía a ambos. Alejo tomó a Daniela de los brazos y con suavidad y besándola por doquier, intercambió posiciones y se enfocó en saborear las exquisitas humedades de su mujer hasta llevarla al cielo y a las estrellas…
ALEJANDRO: ¡A mi juego me llamaron, Cosita!
Dani iba a hablar, pero en ese momento, Alejo atacó su punto débil, dejándola con la respiración entrecortada y no podía reprimir los gemidos que su amante le estaba robando. Sólo se dejó llevar por el frenesí, no quería pensar, nomás sentir: sentir a su esposo, sentir el amor, sentir el placer. Poco a poco fue alcanzando el clímax, pero sin llegar a el aún; Alejo la conocía demasiado, lo suficiente como para hacer que perdiera la cabeza totalmente y siempre, aunque ella no quisiera, lo conseguía.
Ale continuó su labor, prestando atención a cada sonido o movimiento de Daniela, de manera de poder hacerla delirar y desbocarla. Quería provocarla como para desatar todos y cada uno de los bajos instintos de su mujer. Así, cuando ella llegara al orgasmo, sería abismal, increíble y ese era el objetivo de Alejandro: que su esposa gozara con plenitud. A medida que se acercaba a lograr su cometido, una nueva erección en su generalito, comenzó a perderlo a él: hacer eso era un arma de doble filo, pero a ninguno de los dos les importaba cortarse porque ambos, sabían perfectamente, como "sanar esas heridas"
Dani estalló en un gemido cuando su buenorro la llevó al orgasmo. Su cuerpo aún vibraba de placer cuando su esposo, sin previo aviso, la penetró, provocándole otro gemido.
DANIELA: Hacer el amor contigo es como viajar a las estrellas, ¡te amo! (Ale seguía embistiéndola, cuando ella lo tumbó en la cama y tomó el control. Se movía al compás, con ansias, pero sin prisas)
ALEJANDRO: (La tenía tomada de la cintura con una mano y con la otra, le acariciaba los senos como a ella le fascinaba) Hacer el amor contigo, Cosita mía, es morir y nacer de nuevo, una y otra vez... (Gimieron los dos) No pares, por favor...
DANIELA: Ni loca (Marcando ella ahora el ritmo de las embestidas, tomando el control de los movimientos; lo hacía lentamente y aumentaba la velocidad después, así una y otra vez, llevándolos a los dos a un mundo irreal en el que sólo existían ellos y su pasión: ambos entregándose al éxtasis del amor...)
ALEJANDRO: (Extasiado, pero más encendido que nunca, le apretó las pompas) Quiero más, Dani, por Dios, dame más...

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 77


Alejo estaba presentando a Arianis con la familia de Daymar y, “la gemela” se quedó curiosa con el apodo de “intrusos” con el cual Ale había hecho referencia a las parejas de las quinti…
ALEJANDRO: Si, señora bonita. INTRUSOS, así nos puso don Rebeko a los que vinimos para robarnos a sus hijas... Veamos, ella es Laura y su novio, Diego Quintero (A todos saludaba con un beso en cada mejilla)
LAURA: Mucho gusto, tía (Mira a su mamá) Hasta suena raro decirle así
DAYMAR: Ya te acostumbrarás
DIEGO: Un placer conocerla, es usted muy bella
ARIANIS: Gracias por el halago (Le sonríe)
DAYMAR: ¡Oye, a mí nunca me dijiste nada así!
DIEGO: Usted también es muy hermosa
ALEJANDRO: ¡Lógico, son gemelas!
ARIANIS: ¡Ningún tonto, muchacho, es cierto que eres bien avispado!
ALEJANDRO: Gracias, señora, prosigamos. Ellos son Micaela y Bruno Voslagos
MICAELA: ¡Mucho gusto, tiíta!
ARIANIS: ¡Qué adorable eres!
BRUNO: Mucho gusto, señora
ARIANIS: ¡Mis sobrinas no son nada tontas! ¡Uno más guapo que el otro!
ALEJANDRO: ¡Favor que nos hace, tía! (Siguen) Esta mujercita es Alejandra, pero le decimos Alex y el galán es Dante Díaz Duarte, un amigo mío de toda la vida...
ARIANIS: (A Dante) ¿Tú eres chillón como tu amigote?
DANTE: ¡Para nada, señora! Aquí el único chillón es mi amigo ¡y ese lugar le ha costado muchas lágrimas!
ALEJANDRO: ¡Exacto! Y ningún pelagatos me lo va a venir a quitar...
ALEX: ¡Cállense los dos, caray! (Saluda a su tía con un abrazo) ¡Me encanta que hayas aparecido en nuestras vidas!
ARIANIS: ¡A mí más! Esto es maravilloso.
ALEJANDRO: ¡Lo es! Pero lo mejor está por venir, tía... Sigamos con las formalidades... A Diana ya la conoces y este señor, es su esposo, Federico Pellegrini
FEDERICO: Un gusto conocerla, de verdad...
ARIANIS: Muchas gracias, tienes una mujer muy bella
FEDERICO: ¡Ya lo se! (Le guiña el ojo a Diana)
DIANA: Mi marido es un encanto, tía
ARIANIS: Se le ve de aquí a Saturno, sobrina
ALEJANDRO: Bueno, señora bella, como le decía hace un momento, lo mejor del mundo, de mi mundo sobre todo, está aquí. Esta mujer hermosa es Daniela y esa princesita que hace pucheritos, es nuestro tesoro, Danielita...
ARIANIS: (Se queda enamorada de la bebita) ¡Es un primor!
DANIELA: ¡Gracias, tía y bienvenida a la familia!
ARIANIS: Muchas gracias, Daniela, ¿puedo cargar a la niña?
DANIELA: ¡Claro! (Se la da) ¿Tienes nietos?
ARIANIS: No, Valentina se acaba de casar y todavía no anda buscando, quiere terminar su carrera
LAURA: ¿Qué estudia?
ARIANIS: Arquitectura, le falta un año
DANIELA: ¿Cuántos años tiene?
ARIANIS: 25
ALEX: ¡Perfecto! ¡Ya tenemos un prima a quien malcriar!
MICAELA: ¡Llámala y que venga con su esposo!
DAYMAR: ¡Si, es buena idea!
ARIANIS: En un momento lo hago, esta preciosura ya me tiene loca
ALEJANDRO: Nuestra beba tiene ese efecto con todo el que la ve
DANIELA: ¡Encantadora igual que el padre!
ALEJANDRO: ¡Eso no es cierto, Cosita!
ARIANIS: Pues si se parece mucho a ti, Alejandro...
ALEJANDRO: Tiene los ojos de su mamá...
ARIANIS: En eso si tienes razón, tiene unos ojos preciosos, iguales a los de Daniela
LAURA: ¡Tía, llama a tu hija!
ARIANIS: ¡Ya voy!
REBEKO: ¿Estás casada, cuñada? ¡Si que es raro decirlo!
ARIANIS: Si que lo estoy y presiento que tú y Dalmiro, se van a llevar muy bien...
DAYMAR: (Se acerca a su hermana) ¿Y eso por qué?
DIANA: (Mira a todos lados) ¿Y EL ABUELO BONIFACIO?
ARIANIS: ¡Ni idea!
DAYMAR: ¿Él vino? No recuerdo ni siquiera haberlo visto en el auto
DIANA: ¡Dios, mamá! Claro que vino...
ALEJANDRO: Voy a buscarlo al jardín (Sale)
REBEKO: ¡Se perdió mi suegrooooo! ¡Batman, busca al nono!
DAYMAR: Si, Rebeko y Batman lo encontró
ARIANIS: Claro que si, por si no lo sabías, los gatos son súper inteligentes
ALEJANDRO: (Entra muerto de risa) ¡Lo encontré, JAJAJAJAJA!
DANIELA: ¿Dónde estaba?
ALEJANDRO: ¡¡¡Salgan y vean con sus propios ojos la nueva idea del abuelo Montero, JAJAJAJAJAJA!!!
REBEKO: ¡¡Vamos!!
TODOS: ¡¡¡VAMOOS!!! (Salen todos)
El abuelo había agarrado toda la ropa de cama que Daymar había colgado al sol y se había armado como una campiña, en la que estaba poniendo mesas a lo largo...
DAYMAR: (Enojada) ¡¡¡¡MIS SÁBANAS!!!!
ARIANIS: ¡Contrólate, hermanita! ¡Mejor disfrutemos del momento!
FEDERICO: (Yendo con el abuelo) ¿Qué hace, nono?
BONIFACIO: ¡Encontramos a mi otra hija, HAY QUE FESTEJAR!
DIANA: ¡Es cierto! ¡A moverlas todo el mundo que tenemos una fiesta que preparar!
ARIANIS: ¡Gracias, papá!
DAYMAR: Pues, viéndolo de ese modo ¡A FESTEJAR! (Todos colaboraron con las mesas y las sillas)
ARIANIS: Voy a llamar a Valentina, estoy segura que se pondrá como loca con la noticia
LAURA: ¡Y que venga tu marido también, tía!
ARIANIS: ¡Y también el de mi hija!
DANIELA: ¡¡Todos, tía!! (Se cuelga de Alejo) ¡Hay que festejar, buenorro! Llama a tus papás...
ALEJANDRO: (La besa) ¡Así será, mi cielo!
Sergio y Solange se sumaron al festejo poco después, recién llegados de viaje y al igual que los demás, encontraron la novedad, encantadora. Tamara y Luis, estaban muy impactados con el parecido de las hermanas, tanto en el físico como en el carácter, pero hicieron buenas migas con Arianis desde el principio.
Dalmiro, Valentina y Sebastián, su marido, tardaron un poco en comprender, pero finalmente, todo el mundo se la pasó divinamente y terminaron armando un festejo de antología. Sergio, las quinti y la nueva prima, tuvieron excelente química y Valentina no demoró ni dos segundos en ser aceptada, aprobada y adorada por los Zavallalta y su esposo, corrió con la misma suerte ya que el grupo de intrusos, lo adoptó de inmediato. La familia estaba feliz.
Pasaron varios días más y llegó el ansiado momento que Daniela y Alejandro tanto habían esperado: EL FINAL DE LA CUARENTENA…
La quinti le pidió a Alex que se llevara a Danita y, de ese modo, podría agasajar a su marido y dejar que él la agasajara a ella.
Alejandro llegó del trabajo y cuando entró a su casa, sus ojos se encontraron con el espectáculo más hermoso que jamás hubieran visto. Dani tenía puesto un desabillé más que sensual y lo miraba jugando con uno de sus dedos, pasándolo por los labios y sonreía, provocando a su esposo
ALEJANDRO: (Dejando caer de su mano el maletín, no podía quitar los ojos de su mujer) Estás… (Alejo enmudeció y sudaba como si estuviera metido en un horno a 180 grados) ¡Despampanante!...

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 76


Daymar, junto a Arianis y Diana, estaban entrando a la clínica especializada en la que se encontraba internado el señor Bonifacio Montero, padre de doña Daymar. Madre e hija entraron primero y buscaron al anciano, que al verlas, se las quedó observando…
DAYMAR: ¡Papá! (Lo abraza) ¿Cómo estás, viejo?
BONIFACIO: (La reconoce) Hola, hija, ¡tiempo sin venir!
DAYMAR: Vengo todos los días, papito…
DIANA: (Le besa la frente) ¡Hola, abuelito!
BONIFACIO: Hola, preciosa... (La mira de arriba a abajo) ¿Y tú cuál eres?
DIANA: Soy Diana, la consentida del abuelo, ¿no le recuerdas?
BONIFACIO: ¡Si, Diana, la abogada! Te casaste hace unos meses…
DIANA: Su, viejito hermoso y tú estuviste en mi boda y bailaste toda la noche…
BONIFACIO: ¿Y mi bisnieta?
DIANA: Danielita te vendrá a ver mañana, abuelo, como lo hace todos los jueves…
DAYMAR: Bueno, papá, necesito que hablemos de algo… Hay una verdad que me hace falta saber…
BONIFACIO: ¿De qué verdad hablas?
DAYMAR: Bueno, es que de repente apareció una mujer muy parecida a mí...
BONIFACIO: (Se le abren los ojos y se emociona) ¿Igual a ti?
DAYMAR: Si, papito…
BONIFACIO: Ya se a qué te refieres, hija, quieres saber si tienes hermanos. (Daymar y Diana asienten) Mira, preciosa, la verdad es que si.
DIANA: ¿Nos explicas, abuelo?
BONIFACIO: Daymar, tú llegaste a tener una hermanita…
DIANA: ¿O sea que tengo una tía? (Sale a buscar a Arianis)
DAYMAR: ¿Dónde está ella, papá?
BONIFACIO: Tu mamá esperaba gemelas, pero nos dijeron que tu hermanita se murió cuando nació, después nos enteramos que la bebé que había muerto era de otro matrimonio y por más que intentamos, no pudimos encontrarla…
DIANA: ¿Por qué nunca dijeron nada, abuelo?
BONIFACIO: Por miedo a no encontrarla nunca. Luego mi viejita se murió y mi cabeza, ya sabes…
DAYMAR: ¿Entonces esa señora si es mi hermana?
BONIFACIO: Si hija... (Se confunde) ¿Cuál señora?
DAYMAR: (Llega Diana con Arianis) Pues, bueno, no te vayas a morir, eh…
DIANA: Bueno, abuelito bello, ella es Arianis Farías (La hacen sentarse al lado de Daymar)
BONIFACIO: (Se quita las gafas) ¡Hay dos Daymar! (Se empieza a reír) Y yo que creía que era por las gafas
DAYMAR: ¡Papá esto es serio! Esa mujer arrugada puede ser mi hermana
ARIANIS: ¡Respéteme!
BONIFACIO: Hija, ¿qué puedo decir yo? Realmente son idénticas, iguales de preciosas (Mira a Arianis detalladamente) Daymar, tú tienes más arrugas que ella
ARIANIS: ¡Oh, si! Este señor me cae de maravilla (Lo abraza)
DAYMAR: ¡Porque es nuestro papá!
ARIANIS: ¿Entonces si somos hermanas?
DIANA: ¡Tengo una tía!
BONIFACIO: (Lo estaba ahorcando) Posible hija mía, ¿me sueltas? (Ella lo hace) Gracias
DAYMAR: Si, si tienes una tía, Diana y si, somos hermanas
DIANA: ¡Las quinti y Sergio estarán fascinados con la noticia!
ARIANIS: Mi hija Valentina, ¡igual! (Abraza a Daymar que lloraba)
DAYMAR: ¡Maldito, Alejito chillón! ¡¡Dio y dio y también me contagió la jotez!!
BONIFACIO: No recuerdo quien sea el Alejito, el chillón, pero tienes que admitir que cuando pequeña te la vivías llorando…
DIANA: El chillón es el papá de tu bisnieta…
BONIFACIO: ¿Ese hombrote?
DAYMAR: Si, papá, ese es un joto heterosexual…
DIANA: ¡Mamá, lo confundes más!
BONIFACIO: ¡Lo que sea! Tú, Daymarcita, de niña, chillabas por todo…
DAYMAR: (Lo mira) Porque tú y mamá se la vivían haciéndome maldades
DIANA: Oigan, gemelas, ¿nos vamos?
ARIANIS: ¿A dónde?
DAYMAR: A la casa de los Zavallalta
ARIANIS: Pues, vamos…
DIANA: Se me ocurrió algo fabuloso para asustar a papá
DAYMAR: ¡Ay, no! Las pavadas que hacen ustedes cinco, no las vamos a hacer nosotras
ARIANIS: (Hablando bajito) Ya se porque las arrugas
DAYMAR: ¡Te escuché!
DIANA: Mejor vamos a casa, si sigo aquí con ustedes me voy a hacer en los pantalones
LAS GEMELAS: ¡Tan puerca!
BONIFACIO: ¿Me llevan?
DIANA: ¡Claro, abuelo! Voy a hablar para que te den el permiso de salir…
Laura, Diego, Mica, Bruno, Alex, Dante, Federico y Rebeko, escuchaban atentamente la historia relatada por Alejandro. Daniela, alimentaba a Danita y volvía a oír lo que su marido decía, porque no se lo podía creer.
REBEKO: ¿Entonces tengo una cuñada igual a mi viejita?
BRUNO: Ahora sabe lo que sentimos nosotros, suegro…
FEDERICO: ¡Se me hace hasta de novela!
DANIELA: ¿A ti? Según mi obstetra, eso de engendrar embarazos múltiples, se salta una o dos generaciones, pero con esto, ya vemos que no es así y se me hace de novela pensar que ese que está sentado a tu lado (Se refiere a Ale) Me haga cinco de un solo envión…
ALEJANDRO: ¡¡¡SIIIIII!!! Una niña y después, cinco hombrotes, jajaja…
DANIELA: Y los crías solo, Alejo, porque yo los traigo al mundo y me borro de la tierra, ¡me mudo a Plutón!
ALEJANDRO: ¡Mientes! Nos amas demasiado y amarías igual a los quintillizos, Cosita, no podrías vivir sin nosotros…
REBEKO: (Suelta una carcajada) ¡Se le cambian los papeles! Alejo sería como Daymar, Danita sería Sergio, los quinti serían las quinti y Daniela, te tocaría ser como yo, hija… ¡¡¡Jajajajaja!!!
DANIELA: ¡Eso nunca, pa! No me gustan tanto los gatos… ¡Prefiero los perros!
ALEJANDRO: A mí lo que me gusta es la idea de una familia así de grande…
DANIELA: A mí lo que me gusta es la idea de poder jalarle las orejas a las novias de los quinti…
DAYMAR: (Entrando con Diana y Arianis) ¿LOS quinti? ¿De qué hablan?
REBEKO: (Estaba confundido al ver a las dos mujeres tan iguales) ¿Cuál de ustedes dos es Daymar?
ARIANIS: (Vio a Batman y salió corriendo a agarrarlo) ¡Qué gatito tan hermoso!
DAYMAR: ¡Algo distinto entre mi hermana y yo!
DIANA: (Besando a su marido) ¿Ya te das cuenta de cuál es cuál, papi?
REBEKO: Si, es obvio... (Va hasta Daymar y le pellizca las pompas)
DAYMAR: Menos mal que nos podemos diferenciar entre "el amor y el odio" por los gatos, porque si le llegabas a pellizcar las pompas a ella, te mataba a ti y a mi hermana la dejo calva...
ARIANIS: ¡No me amenaces, Daymar! ¡Qué te coso la boca!
ALEJANDRO: A riesgo que mi mamá dos me corte la oreja de un tirón, ¡SE ENCONTRÓ CON LA HORMA DE SU ZAPATO!
DAYMAR: ¡Tienes razón, joto!
ALEJANDRO: ¿En que es la horma de su zapato?
ARIANIS: ¿Son ideas mías o el que llora mucho es medio menso?
DAYMAR: No es ningún menso, sólo le gusta que lo jale de las orejas, ¿y sabes qué, Alejito? ¡Te voy a dar gusto, chillón! (Lo jala de la oreja, pero no fuerte y le sonríe) ¡Te salvas por ser el padre de mi nietita!
ARIANIS: (Deja el gato en el piso) Bueno, mucho jaleo y todo, pero yo creo que me trajeron aquí para presentarme a todos, ¿no?
ALEJANDRO: (Besa a Daymar en la frente y le habla a Arianis) Si, señora, venga conmigo que le hago los honores (Le ofrece el brazo) Vamos con todas las quinti y sus intrusos
ARIANIS: ¿Intrusos?