lunes, 29 de abril de 2013

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 75


Al día siguiente, Diana estaba esperando a la señora Arianis Farías. Se habían citado a la una de la tarde y la mujer llevaba varios minutos de demora. Cuando por fin apareció, la quinti se quedó petrificada: esa mujer era igual a su madre.

ARIANIS: (La saluda) ¿Usted es Diana Zavallalta?
DIANA: (Aún petrificada) Si…
ARIANIS: ¡Eres una belleza! Muy parecida a mi hija Valentina (Nota que Diana está impactada) ¿Tienes algo?
DIANA: No, nada, es que me la imaginaba diferente… Tome asiento, por favor.
ARIANIS: Muchas gracias…

Ambas mujeres comenzaron a platicar y se cayeron bien de inmediato y aunque la abogada no podía dejar de pensar en el enorme parecido de esa mujer con su madre, poco a poco, fue concentrándose en el caso que ella le presentaba.

DIANA: ¿Me dice que su socio no cumplió con las pautas del contrato?
ARIANIS: ¡Para nada!
DIANA: ¿E Isidoro Rivadeneira tomó la defensa de ese tipo?
ARIANIS: ¡Exacto!
DIANA: ¡Vejete del demonio! ¿Puede acceder a su contrato?
ARIANIS: Claro, tengo la copia
DIANA: ¿Tiene copias de esos papeles?
ARIANIS: Si, aquí, en este pen drive.
DIANA: ¿Qué le parece si vamos a mi oficina y lo checamos?
ARIANIS: Primero, llenemos la barriga y después, vamos, ¿va?
DIANA: ¡Va!

Un par de horas después, ya en la oficina, las cosas iban encaminándose, pero el impacto que sentía Diana era tan evidente que Arianis no podía quedarse con la duda y quiso saber qué sucedía…

ARIANIS: Diana, apenas si te conozco, pero me doy cuenta que tienes algo, ¿qué pasa, qué te sucede?
DIANA: No me sucede nada, sólo que me quedé mirándola fijamente y realmente tiene un parecido increíble con mi mamá
ARIANIS: ¿Ah, si?
DIANA: Si, tiene los ojos verdes igual que ella, la parte de la nariz es como la de ella, es que no se cómo explicarle
ARIANIS: ¿Tienes alguna foto?
DIANA: Si (Agarra la cartera y saca la foto) Acá está, esa es mi mamá, Daymar Montero de Zavallalta
ARIANIS: (Se espantó y pegó un grito) ¡AHHH! Es realmente increíble el parecido
DIANA: (Riéndose) Si, por eso le digo, verla a usted es como ver a mi mamacita.
ARIANIS: (Sin dejar de ver la foto) ¿Qué edad tiene?
DIANA: Dentro de poco cumplirá cincuenta y tres
ARIANIS: ¡Estas son demasiadas coincidencias! (Le devuelve la foto) Me tengo que ir, Diana, si necesitas algo, sabes que puedes confiar en mí
DIANA: Claro que si, señora (Le toma las manos) Usted me cae muy bien
ARIANIS: Y tú a mí…

Cuando Arianis iba a abrir la puerta para retirarse, entró doña Daymar sin tocar, las dos mujeres quedaron frente a frente y al verse prácticamente iguales, dieron tremendo grito que se escuchó hasta el último piso…

Alejandro bajaba a la oficina de su cuñada, cuando al escuchar el grito, se apresuró a entrar. Al ver lo que allí pasaba, quedó igual que Diana: completamente impactado.

ALEJANDRO: ¿Se clonó, suegrita?
DIANA: (Los dos las miraban a una y a la otra, una y otra vez, como si fuera un partido de tenis) Ale, ¿ves lo mismo que yo?
ALEJANDRO: Si hubiera tomado alcohol, diría que veo dos Daymares, ¿qué sucede?
DAYMAR: No lo se, hijito... (No dejaba de mirarse con su doble) ¿Usted quién es, señora?
ARIANIS: Soy Arianis Farías, una clienta de Diana... ¿Estoy alucinando, verdad?
DIANA: Lo dudo, sino, estaríamos los cuatro teniendo la misma alucinación y al mismo tiempo
ALEJANDRO: Siéntense, por favor
DAYMAR: ¡Somos iguales!
ARIANIS: Esto es lo más extraño que me ha ocurrido
DAYMAR: ¡Esto es un trauma!
ALEJANDRO: (Las miraba detenidamente) Son idénticas, así como las quinti...
DIANA: ¿Serán gemelas?
ARIANIS: ¡Eso es una locura!
ALEJANDRO: ¿Encuentra otra explicación, señora?
DAYMAR: Mis padres no tuvieron más hijos o eso creo...
ARIANIS: Además, tenemos distintos apellidos
DIANA: ¡Eso no prueba nada! Puede haber habido alguna cosa rara en el hospital, pero tienen la misma edad y fecha de nacimiento, miren (Les muestra la ficha que tenía sobre Arianis y las mujeres se quedan atónitas)
DAYMAR: ¡Es cierto! (A su doble) ¿Dónde nació, señora?
ARIANIS: En el hospital central
DIANA: ¡Ahí naciste tú, mamita!
ALEJANDRO: Pues está visto que si nacieron el mismo día, en el mismo lugar y son así de iguales...
ARIANIS: ¡Es algo absurdo! ¿Después de cincuenta y tantos años resulta que tengo una hermana?
DAYMAR: No se si seamos hermanas, pero (La mira fijamente) ¿Tantas arrugas tengo?
ARIANIS: ¡Oiga, más respeto!
ALEJANDRO: (Se ríe) ¡Tienen el mismo carácter del demonio!
DAYMAR: (Lo toma de la oreja) ¡Te comportas, yernito!
ARIANIS: ¡No puede ser!
DIANA: ¿Qué cosa?
ARIANIS: Lo mismo le hago al marido de mi hija... (Se miran con Daymar) ¿Será cierto?
DAYMAR: ¿Y si salimos de dudas? Así es más sencillo
ARIANIS: Pues, bueno, por mí no hay problema
DIANA: (A su mamá) ¿Quieres que hable con Laura?
ALEJANDRO: ¿Me sueltas, mamá dos?
DAYMAR: Si, Alejito, perdón...
ALEJANDRO: (Sobándose) Y digo, yo, ¿por qué no le preguntan al abuelo Montero y ya?
ARIANIS: ¿Quién es el abuelo Montero?
DAYMAR: Mi papá...
DIANA: ¡Vamos, entonces!
ARIANIS: Espérate ahí, Diana, ¿y si ese abuelo Montero dice mentiras?
DAYMAR: Mi padre no es mentiroso...
ALEJANDRO: Sólo desvaría un poco, pero es honesto hasta el tuétano
ARIANIS: ¿Desvaría?
DAYMAR: Si, está algo senil...
ARIANIS: ¿Qué podemos perder con preguntar?
DIANA: ¡Nada! Y podemos ganar mucho...
ARIANIS: ¡Vayamos de una vez!

Diana, Daymar y Arianis, salieron en busca del abuelo Montero que, a causa de su senilidad, estaba en una institución especializada, donde lo trataban muy bien y lo cuidaban muchísimo. Alejandro, salió disparado a su casa para contarle a Dani sobre el suceso inesperado…

ALEJANDRO: (Entrando) ¡Amor! ¡No adivinarías nunca lo que acaba de suceder!
DANIELA: (Saliendo del cuarto con Danita en brazos) ¿Qué, Alejo?
ALEJANDRO: (Cargando a su hija y besando a su esposa) ¡Siéntate, amor, porque te caes de pompas! (Le da besitos a la beba)
DANIELA: ¡Habla, niño!
ALEJANDRO: Parece ser que tienes una tía y esa tía es gemela de tu mamá…
DANIELA: ¿Qué, QUÉEEE?

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 74


TIEMPO DESPUÉS…

Ya bien instalada en su nueva vida de casada y en su trabajo como abogada de “Vilatorres – Zavallalta, creaciones gráficas”, Diana pasaba sus días con muchos labores, pero feliz: las cosas con Fede eran soñadas y su pequeña sobrina comenzaba a despertar sus instintos maternales, aunque todavía no era tiempo para ser mamá, primero quería que la empresa estuviera completamente asentada y también su marido necesitaba arreglar algunas cosas en su trabajo.
En eso divagaba su mente cuando Daniela y Danielita, golpearon la puerta de la oficina.

DANIELA: ¿Se puede pasar, tía?
DIANA: (Poniéndose de pie y saludando a su hermana, carga a la niña) ¡Claro que si, hermosas! ¡Hola, Danita!
DANIELA: ¿De verdad le van a decir así?
DIANA: Si, señora, Danita será…
DANIELA: Alejo anda encantado con ese apodo, pero a mí no me gusta.
DIANA: Pues, a mi sobrina le encanta, ¿no, Danita? (Con voz de bebé) Si, tíita…
DANIELA: ¡Mi Dios!
DIANA: ¡Deja de quejarte! ¿Qué hacen por aquí? Aún no te toca volver al trabajo, quinti (Ambas se sientan)
DANIELA: Si, ya se, no es eso.
DIANA: ¿Entonces?
DANIELA: La boda religiosa, Diddy… Ustedes son mis madrinas y hay que ponerle pilas a eso y yo, no puedo porque esa niñita, no me da tregua.
DIANA: Tu marido me dijo y ya hablé con las quinti, así que no te preocupes… (A la beba) ¿Tú le das mucha lata a tu mamá, Danita?
DANIELA: Mira, honestamente, es un ángel, pero se supone que tiene que comer cada tres o cuatro horas y esta mocosita no lo sabe o no le importa, porque a cada rato anda con hambre.
DIANA: ¿El pediatra qué dice de eso?
DANIELA: Que si ella quiere comer, pues que coma…
DIANA: (Mira a su hermana) Tú estás radiante, Dani, ni parece que acabaras de tener una hija…
DANIELA: Gracias, guapa, pero la verdad es que Alejo está siempre pendiente y me ayuda a que pueda descansar bien.
DIANA: ¡Ese anda demacrado, pobre!
DANIELA: ¿Por qué lo dices?
DIANA: No le digas que te conté, pero fíjate en eso, quinti.
DANIELA: ¿En qué?
DIANA: Tu esposo está pasado de vueltas. Ayer se durmió en su oficina y se le nota agotado. Tienes que buscarle un remedio porque por ayudarte a ti, se está descuidando él y se le nota.
DANIELA: ¡Exageras!
DIANA: ¿Me estás cargando, Daniela? Si hasta ha bajado de peso…
DANIELA: Eso no puede ser.
DIANA: Quizás no te das cuenta porque lo ves todos los días, pero yo si y Alex y Dante dicen lo mismo.
DANIELA: ¡No puede ser que no lo haya notado!
DIANA: Eso es porque tú también estás cansada, hermanita, ¡no te pongas mal! Pero tenlo en cuenta (Suena el teléfono) ¿Si, bueno?
ARIANIS: ¿Es la licenciada Zavallalta?
DIANA: La misma, ¿con quién tengo el gusto?
ARIANIS: Usted no me conoce personalmente, pero llevó mi caso en el estudio Rivadeneira, soy Arianis Farías
DIANA: Si, recuerdo su caso, señora, ¿en qué le puedo ayudar?
ARIANIS: Quisiera entrevistarme con usted, licenciada.
DIANA: Señora, ya no me dedico a los casos como el suyo, ahora estoy abocada al derecho comercial.
ARIANIS: Lo se, por eso es que quiero verla.
DIANA: ¿Cómo?
ARIANIS: Es que tengo un problema con mi antiguo socio y necesitaría que me asesore, ¿podría ser?
DIANA: ¡Por supuesto! Si no puedo tomar su caso, puedo remitirle a algún conocido de confianza. De todos modos, le aclaro que ya no trabajo con el señor Rivadeneira.
ARIANIS: ¡También lo se! Y ese detalle fue el que me hizo buscarla.
DIANA: No comprendo
ARIANIS: Ya lo hará. ¿Cuándo puede verme?
DIANA: ¿Le parece mañana a la hora del almuerzo?
ARIANIS: ¿Comemos juntas?
DIANA: Exacto, así conversamos más distendidas.
ARIANIS: Me parece ideal. ¿Dónde?
DIANA: La espero en “La Casona del Ángel” a las 13.
ARIANIS: Ahí estaré, hasta mañana.
DIANA: ¡Hasta mañana, señora! (Corta la llamada)
DANIELA: (Viendo el gesto de extrañeza de su hermana) ¿Qué pasa, quinti?
DIANA: Una antigua cliente de Isidoro. Quiere que la asesore, pero eso no importa ahora. Ve a buscar a tu marido y fíjate en lo que te dije.
DANIELA: ¿Te quedas con la princesa?
DIANA: ¡Nadie la arranca de mí! (Golpean la puerta) ¿Quién?
FEDERICO: (Entrando) Permiso… (Ve a la beba) ¿Quién está ahí? ¡La niña más bella del mundo! (Saluda a su cuñada) ¡Hola, Dani! (Va con su esposa) ¡Hola, mi amor!
DIANA: ¿A quién le dices a mí o a Danita?
FEDERICO: A la princesita (Carga a la beba) Tú eres la mujer más bella del mundo (Se besan) ¿Quién está hermosa? Si, Danita, tú… ¡Qué maravilla tu hija, Dani!
DANIELA: ¡La verdad que si! Bueno, aprovecho que mi niña queda en buenas manos y voy a ver a Ale (Besa a su hija) Ya regreso (Sale)
FEDERICO: (Mecía a Danielita y ella como que le sonreía) ¡Qué bella eres!
DIANA: (Miraba a su marido y se daba cuenta que sería un gran papá) ¡Se te ve hermoso con la bebita en brazos!
FEDERICO: ¿Tú crees?
DIANA: Si y algún día, cargarás a nuestros propios hijos, ya verás…
FEDERICO: No veo la hora que eso pase.
DIANA: No seas impaciente, rico Federico, todo llega… (Sonríen y se besan)

Mientras Fede y Diana conversaban, Daniela subió hasta el despacho de Ale y entró sin golpear. Lo encontró dormido en su silla, apoyado de bruces sobre el escritorio.

DANIELA: Ay, Cosito, ¿por qué haces estas cosas? (Se acercó y lo acarició dulcemente) Amor, despierta, Alejo…
ALEJANDRO: (Despertando, se sorprende al ver a su mujer ahí y se preocupa) ¿Dani? ¿Qué haces aquí? ¿Es nuestra princesa? ¿Le pasó algo?
DANIELA: (Lo tranquiliza con un besote) No, relájate. Vine a ver a Diana y a ti, la niña está perfecta, disfrutando de los apapachos de sus tíos…
ALEJANDRO: ¿Tíos?
DANIELA: Fede llegó hace un rato… (Él asiente y se apoya sobre el respaldo de su silla) ¿Por qué no me dijiste que estabas tan cansado, amor?
ALEJANDRO: No te preocupes por mí, hermosa, tú necesitas descansar.
DANIELA: (Se da cuenta de lo que su hermana le dijo) Y tú también, Alejandro…
ALEJANDRO: Yo estoy bien.
DANIELA: No es así, estás exhausto…
ALEJANDRO: Estoy bien, hermosa.
DANIELA: Mi vida, te agradezco en el alma todo lo que haces por mí y por nuestra niña, pero si no empiezas a cuidarte tú, te vas a enfermar y eso no sería nada bueno para nadie.
ALEJANDRO: Pero…
DANIELA: ¡Nada, Alejandro Federico! Usted va a dejar todo como está y en este preciso instante se va a su casa, a su cama y duerme hasta que su cuerpo le diga basta.
ALEJANDRO: PEROOO…
DANIELA: ¡Me vas a hacer enojar!
ALEJANDRO: ¡Está bien! ¿Vienen conmigo?
DANIELA: ¡Obviamente! Te toca ser el consentido y el apapachado y tus dos Danielas, nos vamos a encargar de ti… (Ale se pone de pie y la besa. Las cosas se empiezan a poner cachondas) ¡Espera, amor! Aún no se puede…
ALEJANDRO: Lo se, perdón, es que me haces falta, extraño hacerte el amor y sentirte toda mía…
DANIELA: Sólo dos semanas más, Alejerico y me tendrás completita para hacerme lo que quieras…
ALEJANDRO: (Sonríe) ¿Lo que quiera?
DANIELA: Eso mismo y mucho más…

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 73


Las visitas no se hicieron esperar y, de a poco, todos fueron acercándose al hospital para conocer a la primera beba de las dos familias.
Las otras quinti y sus parejas tuvieron la delicadeza de no volverse locos, por lo que les permitieron a los abuelos ir primero. Daymar y Tamara, discutían por ver quién la alzaría en primer lugar y Rebeko y Luis, se reían.
Antes que ellos entraran al cuarto de Dani, Alejandro salió para platicar con sus padres y suegros.

ALEJANDRO: (Saliendo de la habitación de su esposa) Hola, abuelos…
TAMARA: ¡Hijo! (Lo abrazó fuertemente)
ALEJANDRO: (Dejándose apapachar por su mamá) ¡Ya está aquí, mami! ¡Danielita ya nació y es tan hermosa!
LUIS: (Chillando) ¡Qué orgullo, campeón! (Se une al abrazo) ¡Qué orgullo, caray!
ALEJANDRO: ¡¡¡Soy papá, papá!!!!
DAYMAR: (A Rebeko) Ahora entiendo de dónde saca lo chillón…
REBEKO: Si, vieja, Daniela es dura como tú y Alejo es un flojito como Luis, jajaja…
TAMARA: (Se ríe del comentario de sus consuegros) ¡Pues, si, Daymar!
LUIS: Chillón como su padre, ¿qué no?
ALEJANDRO: ¡Obvio!
DAYMAR: (Se acerca y estrecha a Alejo) ¡Yernito, qué bendición, hijo!
REBEKO: ¿Cómo están ellas, Alejito?
ALEJANDRO: ¡Perfectas! Dani está agotada, pero radiante y Mini Dani está comiendo de nuevo, ¡es bien glotona!
TAMARA: ¡Cómo tú!
LUIS: ¿A quién se parece?
ALEJANDRO: Según mi mujer, a mí y Laura dice lo mismo, pero yo la veo igual a su mamacita…
DAYMAR: ¡Hay que comprobarlo!
ALEJANDRO: Antes que entren, les pido tranquilidad y nada de jaleo, por favor. ¿Será que se comportan los cuatro?
DAYMAR: ¡Cuenta con ello! (Entra al cuarto) ¿Dónde está mi nieta?... (Ale y sus padres les dejaron quedarse un poco a solas con su hija)
REBEKO: (Tras su esposa. Ve a las Danis dormiditas y se emociona) Me contagiaron lo chillón…
DANIELA: (Abriendo los ojos) Hola…
DAYMAR: (Se acerca a la cama y besa a su quinti en la frente. La niña dormía sobre el pecho de su mamá) Es hermosa, hija, ¡te felicito!
REBEKO: Una belleza, mi princesa, ¡una obra de arte!
DANIELA: Si, papito, es sencillamente perfecta. (La bebé se mueve y abre los ojitos) Abuelos, me parece que los quieren conocer…
DAYMAR: (La carga) ¡Hola, nietita bella!
REBEKO: (La miraba con fascinación) ¡Dios que es perfecta de verdad!
DAYMAR: Completamente…
REBEKO: (Va con su hija y la besa y abraza) ¡Estoy muy orgulloso de ti, hija!
DANIELA: Gracias… ¿Y Ale?
DAYMAR: El joto está afuera con sus papás.
REBEKO: ¿Quieres que lo llame?
DANIELA: Si, que entren los tres. (Rebeko sale)
DAYMAR: ¿Cómo te sientes, Dani?
DANIELA: Exhausta… ¡No se cómo le hiciste para tener cinco juntas!
DAYMAR: ¡Ahhh! Eso fue un milagro, igual que este, hija…
REBEKO: (Entrando con su yerno) ¡Aquí está el padre del año! (Detrás entran Tamara y Luis)
DANIELA: Ven, amor…
ALEJANDRO: (Se sienta junto a Dani) Papá, mamá, esa maravilla que mi suegrita tiene en sus brazos, es su nieta…
DAYMAR: Alejito, es igual a ti…
TAMARA: Es cierto, Ale, la misma carita que tenías tú cuando naciste.
LUIS: ¡Está preciosa!
ALEJANDRO: ¿Verdad que si, pa? (Se dio la mano con su esposa y así se quedaron largamente, mientras los abuelos se enamoraban perdidamente de su nieta)

Finalmente y después de dos días de estar en el hospital, los flamantes padres de Danielita, pudieron llevarla a su hogar y aunque la niña tenía una recámara propia, durante los primeros tiempos, durmió en la alcoba de sus papás y en medio de ellos…

La recuperación de Daniela iba muy bien y gracias a que continuó con la natación, su cuerpo fue recuperando su salud y su forma. Como su hija comía muchísimo, ella sentía un apetito voraz también y Alejandro las consentía sin miramientos: a su esposa le cocinaba lo que ella deseara y a su hija, la cambiaba, la bañaba, jugaba con ella, la hacía dormir y si se despertaba de madrugada y no era por hambre, siempre era él quien se hacía cargo para que Dani pudiera descansar mejor.

Además, algo pasó con la pareja y esa nueva etapa que ahora vivían, los llevó a enamorarse de nuevo el uno del otro, desde un lugar diferente, distinto. Ya no sólo se amaban como hombre y mujer, sino como padres y estaban disfrutando de una etapa absolutamente maravillosa.

Si bien todos querían visitarlos y estar presentes, la pareja se tomaba el tiempo de estar solos con la beba que los tenía hechizados y como decía Daymar “Estaban mezquinando a la niña”.
La verdad era que ambos deseaban tener esa intimidad y no era por mezquinos, porque todo el tiempo estaban recibiendo a sus familias y amigos, la realidad era que querían encontrarse en este nuevo lugar al habían llegado y para conseguirlo, necesitaban intimidad. Cuando Danielita estuviera un poco más grande, las cosas serían de otro modo…

Desafortunadamente para ellos, no todo era color de rosa, ya que no muy lejos de allí, una mujer envidiosa y rencorosa, comenzaba a definir los detalles para llevar a cabo su plan de revancha y venganza: Andrea Ina iba a deshacerse de Daniela, aunque su vida se le fuera en eso.

La maldita mujer estaba sola, repasando en su cabeza los pasos a seguir.

ANDREA: Falta un poco aún, zorrita Zavallalta, pero pagarás por lo que me hiciste y tu familia llorará lágrimas de sangre cuando estés muerta y enterrada. Primero serás tú y después tu engendrito. Si Alejandro tanto las ama, preferirá estar muerto después que se las arranque de las manos y ese maldito perro, será el último de desaparecer de la faz de la tierra, pero antes de matarlo a él, veré cómo llora por sus Danielas…

Volviendo al hogar de Danielita, la beba acababa de dormirse y Dani la recostó en su cunita, para poder ir a ver qué tanto hacía Alejo, quien estaba sentado en el sillón, revisando unos papeles.

DANIELA: ¿Qué haces, Cosito?
ALEJANDRO: Checo unas cosas para la boda, amor.
DANIELA: ¿Qué boda?
ALEJANDRO: (La sienta en su regazo) ¡La nuestra! La religiosa, Dani…
DANIELA: ¡Es cierto! Ya casi…
ALEJANDRO: Sólo dos meses, para nuestro primer aniversario de casados, daremos el sí ante Dios, como debe ser…
DANIELA: (Le sonríe y se besan) Mmmm… ¿Sabes qué pensaba? En cuál de las veces fue que concebimos a nuestra princesa.
ALEJANDRO: ¿Sabes que yo igual? Es más que claro que fue en la semana de Nueva York, pero no nos cuidamos nunca, así que ni idea de cuál día hicimos el milagro…
DANIELA: ¿Sabes que te amo más que ese día?
ALEJANDRO: Si, lo se y yo te amo más a cada segundo…
DANIELA: ¡Siempre me quieres ganar!
ALEJANDRO: SIEMPRE, COSITA…
DANIELA: Júrame que lo nuestro será SIEMPRE así…
ALEJANDRO: Con mi vida te lo juro, hermosa, tú y yo, seremos felices hasta que la muerte nos separe y después de eso, lo seremos como espíritus chocarreros, ¡YA VAS A VER!

Dani se echó a reír y se quedó un rato más junto a Ale hasta que la venció el sueño y su marido la cargó hasta la cama y se durmió a su lado, cargando a su hija…

Sin embargo, el destino les tenía preparado un trago muy amargo y, tal vez, no podrían saltearlo…

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 72


Alejandro, completamente aturdido, le dio las llaves del carro a su amigo…

FEDERICO: Vayan tranquilos que Diana y yo, les avisamos a los demás
DANIELA: (Arranca el carro) Dante, apúrateeee… Uf, uf, uf, uf...
ALEX: Dani, respira hondo, relájate
DANIELA: Tú te callas que no sabes lo que es esto y Dante, te apuras o cuando salga de esta, te las cortoooo...
DANTE: (Se ríe) Muy de tu madre, Dani...
ALEX: Cállate, que esta quinti es la más brava y te las corta...
ALEJANDRO: (Estaba ido, no entendía nada) ¿Manejas, Dante?...
DANIELA: Alejandro, cállate y reacciona... (Le dio una cachetada) ¡¡¡Ahhhhhhhhh!! (Contracción)
ALEJANDRO: ¿Por qué me golpeas, Daniela?
DANIELA: ¿Dónde estamos?
ALEJANDRO: En el carro
DANIELA: ¿A dónde vamos? Uf, uf, uf, uf...
ALEJANDRO: Al hospital...
DANIELA: Uf, uf, uf, uf... ¿A qué? Uf, uf, uf, uf...
ALEJANDRO: (Sonríe) ¡A tener a Danielita, amor! (Le agarra la mano) ¿Estás bien?
DANIELA: ¡Para eso te golpeé!... Si, estoy bien, ¡aaaahhhhh! (Contracción) Dante, ¡písaleeeee!
ALEJANDRO: Apúrale, hermano... (Mira las piernas de Dani) ¡Ya rompió bolsa!
DANTE: No se preocupen, estamos a sólo unas cuantas calles.
ALEX: (Por el celular) ¡Laura, hasta que respondes, condenada! Dani entró en trabajo de parto.
ALEJANDRO: Amor, ¿cómo te sientes? ¿Algo más que las contracciones?
DANIELA: No, sólo las contracciones... Ese amigo tuyo es muy lento, ¡no me gusta para mi hermana!
DANTE: ¡Tampoco te pases, copia de mi amor!
ALEJANDRO: Triple D, mi mujer está por tener a mi hija, ¡TE PUEDE TRATAR COMO SE LE ANTOJE! (Mira a Dani) ¡Y a mí también, amor!
DANIELA: Uf, uf, uf, uf... No, a ti no… Uf, uf, uf, uf... ¿Cuánto faltaaaaaa?? Uf, uf, uf, uf...
ALEX: Dos calles más, quinti, tranquila...
DANTE: ¿Qué te dijo tu hermana Laura?
ALEX: Ya se iban preparando...
ALEJANDRO: (Hacía los mismos ejercicios que su esposa) Eso, amor, respira, uf, uf, uf... (Llegan al hospital)
LAURA: (Estaba esperándolos y Alejo carga a Dani y la deja en la camilla) Me imagino que presenciarás el parto, cuñado...
ALEJANDRO: ¡Nada me lo impediría!
DANIELA: ¿Se dejan de hablar? Uf, uf, uf, uf... ¡Esto duele muchooooooo! (Contracción)
LAURA: ¡Vamos de una vez!
ALEJANDRO: (Dani le estrujaba la mano) ¡Aaaayyy!
DANIELA: No te quejes, que eso es poco dolor, comparado a lo mío...
ALEJANDRO: Lo se, lo se... (Diez minutos después, Alejandro entraba a la sala de partos) ¡Aquí estoy, Danielas! (Se pone junto a su mujer) ¿Qué hacemos ahora?
DANIELA: Darme la mano y no llorar... ¡¡¡Aaaaaahhh!!! (Contracción) ¡Sáquemela yaaaaa, por favoorrr!...
ALEJANDRO: Lo de no llorar, no se...
DRA. MONTERDE: ¿Lista, mamá? ¡Esta niña no quiere esperar más! ¿Puedes pujar ahora?
DANIELA: ¡¡¡Siii!!! (Dani puja ayudada por su esposo)
DRA. MONTERDE: ¡Eso, mamá! Ahora descansa unos momentos, no pujes... ¿Papá, quieres recibir a tu niña?
ALEJANDRO: ¿Qué? ¿Se puede?
DRA: MONTERDE: ¡Si! ¿Te animas?
ALEJANDRO: (Mira a Dani) ¿Qué dices, hermosa? (Dani no le contestó con palabras, sino con un gesto afirmativo de la cabeza, no podía hablar) Bien... (Besó a Dani) ¿Qué hago, doc?
DRA. MONTERDE: Enfermero, ayude a la mamá y tú, papá, ven aquí, a mi lado...
ALEJANDRO: (Lo hace y se impresiona al ver la cabeza de su hija, pero se aguanta) ¿Ahora?
DRA. MONTERDE: Ahora tu esposa va a pujar y tendrás a tu princesita en los brazos, ¿va?
ALEJANDRO: Ajá...
DRA. MONTERDE: Ahora, mamá, ¡puja!...
DANIELA: (Puja) ¡Ahhhhhhh!
ALEJANDRO: (Recibiendo a la beba) ¡Ya está aquí, amor! (La niña soltó un llanto) ¡Igual de chillona que su papá!
DRA. MONTERDE: ¡Listo, mamá! ¡Eres una leona!
ALEJANDRO: (La enfermera lo ayudó a limpiar a Danielita y se la llevó a su mujer) Hola, mamita, mira quién está aquí...
DANIELA: (Acogió a su hija entre sus brazos y apenas sintió el contacto, la pequeña dejó de llorar, pero comenzó a hacerlo la flamante madre, por muy dura que fuera, el tener a su hija con ella, le ablandó el corazón) Hola, hermosa (Le da un beso en la frente) Te amo...
ALEJANDRO: (Él era chillón de por sí, así que lloraba a mares, pero de felicidad. Abrazó a sus mujeres y las besó a ambas) Es perfecta, amor, igual que tú...
LAURA: (Era una de las enfermeras) ¿Me dan a mi sobrina para que la revisemos? (Les guiña el ojo)
ALEJANDRO: ¿Todo está bien?
LAURA: Si, cuñado, pero tenemos que checarla...
DANI: No te tardes mucho, por favor, quinti...
LAURA: Tranquila, quinti, no tardamos nada (Besó a su hermana en la frente, a su cuñado en la mejilla y se llevó a su sobrina)
ALEJANDRO: (Junto a Dani) ¿Cómo estás, hermosa? (La besaba por todo el rostro) ¿Cómo te sientes?
DANIELA: Cansada, pero feliz. ¿Viste lo hermosa que es? Se parece a ti...
ALEJANDRO: Es magnífica, toda y pura Daniela, como tú... ¡Te amo! Esto que hiciste es inexplicable, mi amor...
DANIELA: ¿El qué?
ALEJANDRO: Esto, Dani, tener a nuestra princesa... Tienes tanta fuerza y lo hiciste tan bien... ¡Eres una guerrera y te amo! (De golpe, se comenzó a sentir mal) ¿Te molesta si me desmayo un ratito?
DANIELA: ¡¡¡Jajaja!!! Tú no cambias ¿no? Siéntate antes de desmayarte, no quiero que te hagas daño...
ALEJANDRO: Gracias, amor... (La besa y cae desmayado)
DRA. MONTERDE: (Mira a Dani y las dos se ríen) ¡Al menos se aguantó hasta ahora!
DANIELA: Si, jajaja...

Una hora más tarde, Dani se había quedado dormida y Alejo estaba en la habitación con ella, esperando que le trajeran a la beba. Laura entró con Danielita y se la dio al papá, que babeaba...

ALEJANDRO: ¡Hola, hijita!
LAURA: (Hablaban bajito) ¡Está preciosa, Ale, es muy parecida a ti!
ALEJANDRO: No, para nada, es igual a ustedes, quinti, es hermosa como Dani, perfecta... (Una risita de su esposa lo hizo girar)
DANIELA: Es igual a ti, amor y se ve hermosa en tus brazos...
LAURA: (Saluda a su hermana con un besote) Te felicito, quinti, ¡es una muñeca!
ALEJANDRO: (No dejaba de mirar a sus Danis) ¡Una divinura!
LAURA: Los dejo solos un rato, más tarde les lloverán las visitas y los tres necesitan estar juntos...
DANIELA: Gracias, quinti, te amo
LAURA: Y yo a ti...
ALEJANDRO: (Hablando como bebé) ¿A mí no me amas, tía?
LAURA: ¡Tía! (Besa a su sobrina y le da un besote a Alejo en la mejilla) ¡A los tres los amo! (Sale)
ALEJANDRO: ¿Quieres ir con mamá, Danielita?
DANIELA: (Haciendo voz de niña) Shi, papi, me toca un ratito con mi mamita...
ALEJANDRO: (Se la da a Dani y se sienta a su lado) Nunca pensé que una de las cosas más grandes, hermosas e importantes de mi vida, estaría en brazos de la otra cosa más grande, hermosa e importante de mi vida: eres la mujer que le da sentido a todo y sin la cual (beso) no podría ni respirar... ¿Sabes que ustedes dos lo son todo para mí?
DANIELA: Igual que tú para nosotras (Mira a su hija) ¿Verdad que tu papá lo es todo para nosotras, mi amor? (La niña "sonríe")
ALEJANDRO: Es muy chiquita... No me creo que hace tres horas estaba en tu vientre y ahora esté aquí, en tus brazos... Te amo tanto, Cosita... Dios me llenó de bendiciones cuando te trajo a mi vida... (Besa a la niña que empezaba a rezongar) Mmmm... Creo que alguien quiere comer...
DANIELA: (Mira a la niña) ¿Tragona como el papá? (Le sonríe y empieza a darle de comer a la niña)
ALEJANDRO: (La niña comía con todas las ganas) ¡Parece que si! (Besa a Dani) Gracias por esta ¿familia? Jajaja... Estamos en camino de ser una familia de loquitos, jajaja
DANIELA: Ya somos una familia, Alejerico...
ALEJANDRO: Lo se, hermosa y te amo más que nunca, bueno, a las dos...