domingo, 5 de mayo de 2013

'''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 79


Dani se desbocó y como potra salvaje, intensificó las penetraciones, generando más placer. Se movía de arriba hacia abajo, una y otra vez, llenándose de su amado esposo, llevándolos a experimentar un gozo único e inexplicable, que los consumía, haciéndolos perder la poca cordura que les quedaba. Alejo la detuvo de golpe y Dani sabía lo que él buscaba, así que lo dejó hacer. Él la acomodó boca abajo y besó las piernas y espalda de ella, con desesperación y desaforado.
ALEJANDRO: Amo hacerte mía así...
Ante esas palabras, Daniela se movió un poco, incitando a su esposo a que empezara por fin. Los dos estaban llegando al extremo…
DANIELA: No sabes cómo lo amo yo también (Alejo sabía hacerla desear mucho más)
ALEJANDRO: (Se frotaba contra ella, sin entrar todavía) ¿Lo amas?
DANIELA: Lo amo (Él se introdujo en ella despacio, haciendo que Dani sintiera cada centímetro de su ser entrando en su cuerpo. Gimió al sentir el centro de poder de Alejo en su interior)
ALEJANDRO: Y yo (Penetración profunda) ¡TE AMO A TI!
Ale la embestía una y otra vez y cada embestida era una ola de placer que los inundaba.
El vaivén era rudo, exacto, Daniela y Alejandro se dejaban llevar por sus fiebres y cada segundo que pasaba, era más placentero y exquisito que el anterior.
Antes de llegar a un nuevo orgasmo, Alejo salió de Dani y se sentó en la cama, llevándola a ella a sentarse sobre él. Se besaron un poco más y ahí, quien dirigió todo, fue la señora de Vilatorres, que le hablaba a su marido para ponerlo al borde del delirio absoluto.
DANIELA: Mmmm, Cosito, ámame, saboréame, y devórame como sólo tú sabes (Seguía moviéndose, provocando cosas en ambos, cosas que los desbordaban)
Prácticamente, estaba comiéndose a su mujer: la boca pacería desfigurarse por la forma en que la besaba y lamía en el cuello, los senos y la boca. Pasó las manos por la espalda de Daniela y la tomó de los hombros para mantener la penetración intensamente.
ALEJANDRO: Me estás sacando de mí, hermosa...
DANIELA: Eso es lo que quiero, hermoso... (Empezó a torturarlo, como sólo ella sabía: quería desbocar del todo a su esposo)
ALEJANDRO: ¿Qué más quieres de mí? (No podía abrir los ojos siquiera, Daniela lo estaba llevando a un límite inexplorado, nunca se había sentido así)
DANIELA: Quiero todo de ti (Continuaba moviéndose a su ritmo, marcando los pasos, haciendo que su esposo se introdujera profundamente en ella. Mientras se movía, lo besaba con tal intensidad, que hasta se olvidaba de donde estaba)
ALEJANDRO: Esto es más grande de lo que puedo resistir, mi amor, vas a ser mía como nunca antes... (Ya perdido en el cuerpo de Daniela, Ale la acostó en la cama y volvió a entrar en ella como potro al galope, desbocado, salvaje, irracional y los sonidos de su esposa le indicaban que ella lo disfrutaba al igual que él)
DANIELA: (Los gemidos de Daniela no eran nada en comparación al placer que estaba sintiendo) Te extrañaba (Alejo la embestía y, cada embestida, era un estallido de euforia que los mataba a ambos)
ALEJANDRO: (A punto de morir de amor y placer en brazos de Dani) Te amo (Penetración tras penetración, las exclamaciones extasiadas de la pareja inundaban todo, derramando gozo por cada rincón) No quiero irme nunca de ti, Cosita...
DANIELA: No te vayas (Tras esas palabras los dos llegaron a lo más alto de la cúspide del placer, tocando el cielo y volviendo a caer. Nunca habían tenido un orgasmo así de espectacular. Después del clímax, sin separarse, se veían a los ojos, haciéndose cariños)
ALEJANDRO: (Completamente empapados en sudor y embriagados del otro, se miraban y hablaban bobadas) ¡Eres algo indescriptible, mujer de mi vida! ¿Te das cuenta de lo que me provocas?
DANIELA: ¿Lo que te provoco yo a ti? (Besito) Dirás lo que me provocas tú a mí (Besito) Me haces olvidarme del mundo cuando estoy contigo...
ALEJANDRO: ¿Qué se piensa usted, señora mía? ¿Que para mí existe algo más que su cuerpo, su boca o su piel cuando estoy a su lado? Noooo, señora, ¡para nada! Desde que llegaste a mi vida, Dani, eres lo único en lo que pienso todo el tiempo... Ahora son dos Danielas las que ocupan mi cabeza, mi corazón y mi alma. (Sonríe) Recuerdo tan nítidamente lo que sentí al darme vuelta y verte ahí parada, mirándome, sonriendo...
DANIELA: ¿Te piensas que yo no? Imagínate la situación: llegar a una oficina y ver a este papaste, semi sentado, cuando me esperaba a un viejo, gordo y canoso, ¡no, hombre! Más de una quisiera algo así (Sonrisota y besotes por toda la cara)
ALEJANDRO: (Se dejaba besuquear y sonreía también) No me vas a entender nunca, fíjate. Tu voz me cautivó y cuando te vi, ¡Dios mío! Fue un segundo, Dani y mientras tú te sorprendiste al ver que no era canoso ni viejo ni panzón, yo me enamoré perdidamente de ti... ¡Perdón, amor, pero no se compara!
DANIELA: ¡Uy, si, el señorito siempre por encima! (Se ríen) Da igual quién ame más de los dos o quién se enamoró antes, lo importante es que nos amamos y somos felices y que de este amor, nació lo más hermoso de nuestras vidas (Súper besote)
ALEJANDRO: Lo más bello de nuestras vidas... ¿Te puedo preguntar algo?
DANIELA: Dime, amor...
ALEJANDRO: ¿Cuándo supiste o te diste cuenta que estabas enamorada de mí?
DANIELA: El momento exacto, no lo sé, pero me di cuenta porque no podía dejar de pensar en ti y quería tenerte cerca, pero no me atrevía a reconocerlo...
ALEJANDRO: A ver, ¿no hubo ALGO que te hiciera darte cuenta? No se, digo, ¿hice alguna cosa que te enamoró o que te encantó? Dime, hermosa, ¡quiero saber! Si tú me dices, yo te digo... ¿Y por qué no te atrevías a reconocerlo?
DANIELA: Si, hubo algo que me hizo enamorarme de ti: tu forma de ser. Cuando Maru se metió en aquel lio de los dos tipos que se ligó, ¿te acuerdas?
ALEJANDRO: ¿Los dos strippers?
DANIELA: Ese mismo, me encantó cómo solucionaste todo, la apoyaste y ayudaste...
ALEJANDRO: Maru y Dante son como mis hermanos, amor, si hubiera sido Sergio o tus quinti, tu habrías actuado igual, es lógico... De todos modos, creo que andas con evasivas para no responder... ¡NO TIENES IDEA! (Se mata de la risa)
DANIELA: ¿Te dejas de reír así?
ALEJANDRO: (Se hace el serio) ¡Va! Pero no tienes idea…
DANIELA: ¡Claro que tengo idea!...
ALEJANDRO: Entonces, dime... ¿Por qué tan renuente a confesarlo, señora? (Le da un besote en el cuello) Si me dice, puede que tenga una recompensa...
DANIELA: Está bien... (Respira profundo) Cuando me defendiste delante de Arriaga, esa vez que me había salido mal un trabajo. Me defendiste como nunca nadie lo había hecho. Sabías que estaba mal y aun así, me defendiste, creíste que lo podía hacer mejor, y enseguida, viniste a preguntarme qué me pasaba, te preocupaste por mí y mis sentimientos, mis problemas... Ahí me enamoré de ti
ALEJANDRO: ¿Por qué te costó tanto decirlo?
DANIELA: Sabes que me cuesta expresarme… De poco a poco, voy progresando...
ALEJANDRO: (Piquito) ¿Quieres saber cuándo lo supe yo?
DANIELA: Claro que si...
ALEJANDRO: ¿Te acuerdas de la presentación donde Maru te volcó bebida en la ropa?
DANIELA: (Se ríe) ¿Fue ahí?
ALEJANDRO: No precisamente. Cuando Maru te tiró la gaseosa encima, tú no te diste cuenta, creo, pero se te transparentaba todo y por eso medio que te obligué a ponerte mi saco y te saqué de allí. Te enojaste mucho, niña, ¡pero esos viejos te iban a ver todo y no podía ser, caray! La cosa es que a regañadientes, pero te llevé a mi oficina y tú quisiste devolverme el saco y yo te dije que no. ¿Recuerdas qué pasó luego?
DANIELA: No me acuerdo de nada (Se hace la que no sabe)
ALEJANDRO: ¡Ya veo que tengo que refrescarte la memoria! Me revoleaste el saco por la cabeza y se te vio todo de la cintura para arriba. Yo no se qué cara te habré hecho, porque empezaste a reírte y te juro por nuestra hija, amor, me fascinó tu cuerpo, me encantó, pero al verte reír así, entendí que quería que siempre estuvieras de ese modo: riendo, contenta y lo supe de una vez: ya te amaba. Ahí te di nuestro segundo beso y tú, enojona, me diste una linda bofetada... (La remeda) "¿Quién te crees que eres, Alejandro, para tratarme así?" (Se vuelven a reír) Y mientras tú me mandabas al séptimo anillo de Saturno, yo entendía que aunque moría por hacerte mía ahí mismo, lo que más deseaba era vivir para ti...
DANIELA: Te enamoró mi cuerpito, no mi risa, mentiroso, ¡¡jajajaja!!
ALEJANDRO: No, tu cuerpito me encendió por completo, pero me enamoré de todo lo que tu risa representaba para mí, no te confundas... Cuando el cuerpo se apaga, Dani, queda todo lo que no se toca y eso, hermosa, es tu esencia y tu esencia, es la mía
DANIELA: ¿Mi esencia?
ALEJANDRO: Si, tu esencia, eso que no dejas que la gente conozca y que, gracias a Dios, puedo descubrir día a día, en esa mirada hermosa y transparente que tienes
DANIELA: Ay, amor, me dices cosas tan hermosas y yo no puedo igualar esas hermosas palabras...
ALEJANDRO: Si mis palabras pudieran igualar todo lo que me das, pero no, se quedan mínimas... Tú hablas con tus actitudes, con tus gestos, con tu forma de ser, en cambio yo, lo único que tengo son palabras y ninguna se acerca a lo que quisiera poder decirte. (Le agarra la mano) Gracias, hermosa, gracias por esta vida soñada que me das
DANIELA: Dios, ¡no se puede contigo! (Se pone encima de su esposo y empieza a besarlo) ¿Cómo no amarte? Es imposible no amarte...
ALEJANDRO: Ejem... EJEM... (Dani lo mira) ¿Qué? No me estás besando aquí, mira (Le señala el lóbulo de la oreja)
DANIELA: (Le besa donde él dice) ¿Aquí?
ALEJANDRO: Ajá, ajá... Y por aquí también, mira (Señala por debajo del mentón y alza la cabeza para facilitarle el trabajo a Dani)
DANIELA: (Le besa también ahí) ¿Ahí?
ALEJANDRO: Si, y más abajito también, como por aquí (Se toca el torso)
La noche pasó completamente llena de ese maravilloso amor…

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 78


Daniela mantenía esa actitud socarrona y seguía jugando con uno de sus dedos: lo pasaba por su boca una y otra vez, sonriendo. El gesto de su marido la seducía más que nunca y él, sólo con mirarla, le hacía de todo…
DANIELA: ¿Te vas a quedar ahí parado, buenorro?
ALEJANDRO: (No salía de su asombro) ¿Eh?
DANIELA: (Ya que su esposo no se acercaba a ella, fue ella la que lo buscó a él, le agarró la corbata, con gestos de niña inocente y muy sensual) Que si no vas a saludar a tu esposita, guapo...
ALEJANDRO: Dani, te ves, ¡Dios, mujer! No se qué decirte...
DANIELA: (Lo atrajo hacia ella) No digas nada...
ALEJANDRO: (Estaba confundido) ¿Hoy es cuando, amor?
DANIELA: (Acercó sus labios a los de su esposo, sin llegar a besarlo, dejándolos sólo a centímetros de distancia) Es día de que me ames...
ALEJANDRO: ¡Por fin, amor! (La alza, sin besarla y la va bajando muy despacio, pasando su boca por el cuerpo de Dani) ¡Cómo extrañaba esto!
DANIELA: (Dani se estremeció, presa de una deliciosa anticipación. Alejo se limitó a besarla en las mejillas y a acariciarle la espalda. Quería disfrutar de cada resquicio de piel de ella, de cada momento de esta nueva "primera vez") Yo también lo extrañaba...
ALEJANDRO: (Se miraron y Ale amagó a besarla en la boca, pero fue hasta el cuello de ella y lo saboreó a gusto y placer de ambos, mientras sus manos le acariciaban el bajo vientre) Me sabes a paraíso, hermosa... (La besó en la boca de repente, sin previo aviso y ella lo tomó del rostro)
DANIELA: (Los dedos de Alejo se movían a una lentitud devastadora. Dani gimió al contacto de los dedos de su esposo, con los que dibujaba la curva de sus senos por encima de la tela) Me estás matando...
ALEJANDRO: (Agarró las manos de Dani y se las besó para después llevarlas hasta su propio pecho) Te voy a... (La vuelve a alzar y la pone contra la pared) Amar como nunca, preciosa...
Sintiendo que se quemaba por dentro y desesperada por recibir lo que su buenorro estaba a punto de darle, Dani le rodeó con brazos y piernas, sus manos estuvieron, de pronto, tan ocupadas como las de su esposo y su boca buscaba el sabor de su hombre por todos los rincones de su cuerpo…
DANIELA: Quiero sentirte dentro, llenándome...
ALEJANDRO: (Al verse atrapado por su mujer, se soltó una mano y desabrochó su cinturón y su pantalón, para luego, bajarse los interiores) Te deseo como si nunca hubieras sido mía, Daniela.
Alejo le arrancó la parte de abajo del desabillé y se miraron los dos. Sin dejar de mirarse, Ale entró en ella y se desató entonces, una energía casi salvaje. Dani le clavaba las uñas en la espalda y las hundía después en su pelo, mientras disfrutaba de la fusión de sus cuerpos…
DANIELA: Te necesitaba así... (Los gemidos de ambos eran sofocados, por los besos ardientes que se prodigaban el uno al otro)
El placer los envolvía sin detenerse y arrebatados, endurecieron las penetraciones un poco más. Jadeaban, respiraban como podían y se poseían enloquecidos, como dos dementes perdidos irremediablemente en la locura que era su amor…
ALEJANDRO: Quiero más, Dani, lo quiero todo. (Mega beso) Dámelo todo, amor, no te guardes nada...
DANIELA: Todo es tuyo, tómalo
Alcanzaron el clímax, pero eso no acababa ahí, se debían muchas noches y muchos días de amor. Alejo, sin esperar nada, llevó a su esposa al dormitorio y allí comenzaron de nuevo las caricias y la seducción. Le quitó lo poco que quedaba del desabillé y la besó entera, no se dejó nada sin probar.
ALEJANDRO: Te amo más que nunca...
DANIELA: Estamos en las mismas condiciones (Alejo se terminó de quitar la ropa que le quedaba, que era poca) ¿Repetimos?
Dani estaba sonriendo socarrona, mientras bajaba su mano hasta la entrepierna de su esposo, encontrándose un soldado listo para la batalla y ella, tenía la batalla perfecta para ese soldado. Lo acarició poco a poco, tentándolo, preparándolo. Alejo se recostó en la cama, dejando que su esposa tomara el control de todo: Dani era sencillamente perfecta en la cama y en la vida y eso la convertía en la adoración absoluta de un Alejandro, que la miraba y sentía que la amaba más a cada segundo.
ALEJANDRO: Me estás desquiciando, amor... (Le agarra la mano y la mira) Esto (Pone la mano de Dani en su propio pecho) Late por y para ti, nunca lo olvides...
DANIELA: Nunca lo olvido (Dejando la mano en el pecho de su esposo) Este está unido al mío, si el tuyo deja de latir, lo hace el mío también.
Daniela lo besó apasionadamente y después empezó a descender por el camino a la gloria, dejando a su paso el rastro de besos en el torso de su marido. Llegó al destino y comenzó a hacer lo que más la excitaba, se apoderó del soldado con la mano y luego se dispuso a saborearlo. Lo degustaba y acariciaba al mismo tiempo, dándole más placer a su amante. Se concentraba en hacerlo delirar de gozo: quería redimir a su esposo de todos los días en los que no habían podido entregarse al amor, como ahora lo estaban haciendo. El señor Vilatorres, pudo vibrar cuando Dani lo llevó a un nuevo límite de éxtasis. Desde que empezaran la relación, nunca habían pasado tanto tiempo sin estar juntos, de hecho, nunca habían pasado ni un día sin hacer el amor, salvo por esas épocas en las que tuvieron que simular lo de "aquella". Volver a estar unidos así, disfrutándose como lo hacían, los estremecía a ambos. Alejo tomó a Daniela de los brazos y con suavidad y besándola por doquier, intercambió posiciones y se enfocó en saborear las exquisitas humedades de su mujer hasta llevarla al cielo y a las estrellas…
ALEJANDRO: ¡A mi juego me llamaron, Cosita!
Dani iba a hablar, pero en ese momento, Alejo atacó su punto débil, dejándola con la respiración entrecortada y no podía reprimir los gemidos que su amante le estaba robando. Sólo se dejó llevar por el frenesí, no quería pensar, nomás sentir: sentir a su esposo, sentir el amor, sentir el placer. Poco a poco fue alcanzando el clímax, pero sin llegar a el aún; Alejo la conocía demasiado, lo suficiente como para hacer que perdiera la cabeza totalmente y siempre, aunque ella no quisiera, lo conseguía.
Ale continuó su labor, prestando atención a cada sonido o movimiento de Daniela, de manera de poder hacerla delirar y desbocarla. Quería provocarla como para desatar todos y cada uno de los bajos instintos de su mujer. Así, cuando ella llegara al orgasmo, sería abismal, increíble y ese era el objetivo de Alejandro: que su esposa gozara con plenitud. A medida que se acercaba a lograr su cometido, una nueva erección en su generalito, comenzó a perderlo a él: hacer eso era un arma de doble filo, pero a ninguno de los dos les importaba cortarse porque ambos, sabían perfectamente, como "sanar esas heridas"
Dani estalló en un gemido cuando su buenorro la llevó al orgasmo. Su cuerpo aún vibraba de placer cuando su esposo, sin previo aviso, la penetró, provocándole otro gemido.
DANIELA: Hacer el amor contigo es como viajar a las estrellas, ¡te amo! (Ale seguía embistiéndola, cuando ella lo tumbó en la cama y tomó el control. Se movía al compás, con ansias, pero sin prisas)
ALEJANDRO: (La tenía tomada de la cintura con una mano y con la otra, le acariciaba los senos como a ella le fascinaba) Hacer el amor contigo, Cosita mía, es morir y nacer de nuevo, una y otra vez... (Gimieron los dos) No pares, por favor...
DANIELA: Ni loca (Marcando ella ahora el ritmo de las embestidas, tomando el control de los movimientos; lo hacía lentamente y aumentaba la velocidad después, así una y otra vez, llevándolos a los dos a un mundo irreal en el que sólo existían ellos y su pasión: ambos entregándose al éxtasis del amor...)
ALEJANDRO: (Extasiado, pero más encendido que nunca, le apretó las pompas) Quiero más, Dani, por Dios, dame más...

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 77


Alejo estaba presentando a Arianis con la familia de Daymar y, “la gemela” se quedó curiosa con el apodo de “intrusos” con el cual Ale había hecho referencia a las parejas de las quinti…
ALEJANDRO: Si, señora bonita. INTRUSOS, así nos puso don Rebeko a los que vinimos para robarnos a sus hijas... Veamos, ella es Laura y su novio, Diego Quintero (A todos saludaba con un beso en cada mejilla)
LAURA: Mucho gusto, tía (Mira a su mamá) Hasta suena raro decirle así
DAYMAR: Ya te acostumbrarás
DIEGO: Un placer conocerla, es usted muy bella
ARIANIS: Gracias por el halago (Le sonríe)
DAYMAR: ¡Oye, a mí nunca me dijiste nada así!
DIEGO: Usted también es muy hermosa
ALEJANDRO: ¡Lógico, son gemelas!
ARIANIS: ¡Ningún tonto, muchacho, es cierto que eres bien avispado!
ALEJANDRO: Gracias, señora, prosigamos. Ellos son Micaela y Bruno Voslagos
MICAELA: ¡Mucho gusto, tiíta!
ARIANIS: ¡Qué adorable eres!
BRUNO: Mucho gusto, señora
ARIANIS: ¡Mis sobrinas no son nada tontas! ¡Uno más guapo que el otro!
ALEJANDRO: ¡Favor que nos hace, tía! (Siguen) Esta mujercita es Alejandra, pero le decimos Alex y el galán es Dante Díaz Duarte, un amigo mío de toda la vida...
ARIANIS: (A Dante) ¿Tú eres chillón como tu amigote?
DANTE: ¡Para nada, señora! Aquí el único chillón es mi amigo ¡y ese lugar le ha costado muchas lágrimas!
ALEJANDRO: ¡Exacto! Y ningún pelagatos me lo va a venir a quitar...
ALEX: ¡Cállense los dos, caray! (Saluda a su tía con un abrazo) ¡Me encanta que hayas aparecido en nuestras vidas!
ARIANIS: ¡A mí más! Esto es maravilloso.
ALEJANDRO: ¡Lo es! Pero lo mejor está por venir, tía... Sigamos con las formalidades... A Diana ya la conoces y este señor, es su esposo, Federico Pellegrini
FEDERICO: Un gusto conocerla, de verdad...
ARIANIS: Muchas gracias, tienes una mujer muy bella
FEDERICO: ¡Ya lo se! (Le guiña el ojo a Diana)
DIANA: Mi marido es un encanto, tía
ARIANIS: Se le ve de aquí a Saturno, sobrina
ALEJANDRO: Bueno, señora bella, como le decía hace un momento, lo mejor del mundo, de mi mundo sobre todo, está aquí. Esta mujer hermosa es Daniela y esa princesita que hace pucheritos, es nuestro tesoro, Danielita...
ARIANIS: (Se queda enamorada de la bebita) ¡Es un primor!
DANIELA: ¡Gracias, tía y bienvenida a la familia!
ARIANIS: Muchas gracias, Daniela, ¿puedo cargar a la niña?
DANIELA: ¡Claro! (Se la da) ¿Tienes nietos?
ARIANIS: No, Valentina se acaba de casar y todavía no anda buscando, quiere terminar su carrera
LAURA: ¿Qué estudia?
ARIANIS: Arquitectura, le falta un año
DANIELA: ¿Cuántos años tiene?
ARIANIS: 25
ALEX: ¡Perfecto! ¡Ya tenemos un prima a quien malcriar!
MICAELA: ¡Llámala y que venga con su esposo!
DAYMAR: ¡Si, es buena idea!
ARIANIS: En un momento lo hago, esta preciosura ya me tiene loca
ALEJANDRO: Nuestra beba tiene ese efecto con todo el que la ve
DANIELA: ¡Encantadora igual que el padre!
ALEJANDRO: ¡Eso no es cierto, Cosita!
ARIANIS: Pues si se parece mucho a ti, Alejandro...
ALEJANDRO: Tiene los ojos de su mamá...
ARIANIS: En eso si tienes razón, tiene unos ojos preciosos, iguales a los de Daniela
LAURA: ¡Tía, llama a tu hija!
ARIANIS: ¡Ya voy!
REBEKO: ¿Estás casada, cuñada? ¡Si que es raro decirlo!
ARIANIS: Si que lo estoy y presiento que tú y Dalmiro, se van a llevar muy bien...
DAYMAR: (Se acerca a su hermana) ¿Y eso por qué?
DIANA: (Mira a todos lados) ¿Y EL ABUELO BONIFACIO?
ARIANIS: ¡Ni idea!
DAYMAR: ¿Él vino? No recuerdo ni siquiera haberlo visto en el auto
DIANA: ¡Dios, mamá! Claro que vino...
ALEJANDRO: Voy a buscarlo al jardín (Sale)
REBEKO: ¡Se perdió mi suegrooooo! ¡Batman, busca al nono!
DAYMAR: Si, Rebeko y Batman lo encontró
ARIANIS: Claro que si, por si no lo sabías, los gatos son súper inteligentes
ALEJANDRO: (Entra muerto de risa) ¡Lo encontré, JAJAJAJAJA!
DANIELA: ¿Dónde estaba?
ALEJANDRO: ¡¡¡Salgan y vean con sus propios ojos la nueva idea del abuelo Montero, JAJAJAJAJAJA!!!
REBEKO: ¡¡Vamos!!
TODOS: ¡¡¡VAMOOS!!! (Salen todos)
El abuelo había agarrado toda la ropa de cama que Daymar había colgado al sol y se había armado como una campiña, en la que estaba poniendo mesas a lo largo...
DAYMAR: (Enojada) ¡¡¡¡MIS SÁBANAS!!!!
ARIANIS: ¡Contrólate, hermanita! ¡Mejor disfrutemos del momento!
FEDERICO: (Yendo con el abuelo) ¿Qué hace, nono?
BONIFACIO: ¡Encontramos a mi otra hija, HAY QUE FESTEJAR!
DIANA: ¡Es cierto! ¡A moverlas todo el mundo que tenemos una fiesta que preparar!
ARIANIS: ¡Gracias, papá!
DAYMAR: Pues, viéndolo de ese modo ¡A FESTEJAR! (Todos colaboraron con las mesas y las sillas)
ARIANIS: Voy a llamar a Valentina, estoy segura que se pondrá como loca con la noticia
LAURA: ¡Y que venga tu marido también, tía!
ARIANIS: ¡Y también el de mi hija!
DANIELA: ¡¡Todos, tía!! (Se cuelga de Alejo) ¡Hay que festejar, buenorro! Llama a tus papás...
ALEJANDRO: (La besa) ¡Así será, mi cielo!
Sergio y Solange se sumaron al festejo poco después, recién llegados de viaje y al igual que los demás, encontraron la novedad, encantadora. Tamara y Luis, estaban muy impactados con el parecido de las hermanas, tanto en el físico como en el carácter, pero hicieron buenas migas con Arianis desde el principio.
Dalmiro, Valentina y Sebastián, su marido, tardaron un poco en comprender, pero finalmente, todo el mundo se la pasó divinamente y terminaron armando un festejo de antología. Sergio, las quinti y la nueva prima, tuvieron excelente química y Valentina no demoró ni dos segundos en ser aceptada, aprobada y adorada por los Zavallalta y su esposo, corrió con la misma suerte ya que el grupo de intrusos, lo adoptó de inmediato. La familia estaba feliz.
Pasaron varios días más y llegó el ansiado momento que Daniela y Alejandro tanto habían esperado: EL FINAL DE LA CUARENTENA…
La quinti le pidió a Alex que se llevara a Danita y, de ese modo, podría agasajar a su marido y dejar que él la agasajara a ella.
Alejandro llegó del trabajo y cuando entró a su casa, sus ojos se encontraron con el espectáculo más hermoso que jamás hubieran visto. Dani tenía puesto un desabillé más que sensual y lo miraba jugando con uno de sus dedos, pasándolo por los labios y sonreía, provocando a su esposo
ALEJANDRO: (Dejando caer de su mano el maletín, no podía quitar los ojos de su mujer) Estás… (Alejo enmudeció y sudaba como si estuviera metido en un horno a 180 grados) ¡Despampanante!...

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 76


Daymar, junto a Arianis y Diana, estaban entrando a la clínica especializada en la que se encontraba internado el señor Bonifacio Montero, padre de doña Daymar. Madre e hija entraron primero y buscaron al anciano, que al verlas, se las quedó observando…
DAYMAR: ¡Papá! (Lo abraza) ¿Cómo estás, viejo?
BONIFACIO: (La reconoce) Hola, hija, ¡tiempo sin venir!
DAYMAR: Vengo todos los días, papito…
DIANA: (Le besa la frente) ¡Hola, abuelito!
BONIFACIO: Hola, preciosa... (La mira de arriba a abajo) ¿Y tú cuál eres?
DIANA: Soy Diana, la consentida del abuelo, ¿no le recuerdas?
BONIFACIO: ¡Si, Diana, la abogada! Te casaste hace unos meses…
DIANA: Su, viejito hermoso y tú estuviste en mi boda y bailaste toda la noche…
BONIFACIO: ¿Y mi bisnieta?
DIANA: Danielita te vendrá a ver mañana, abuelo, como lo hace todos los jueves…
DAYMAR: Bueno, papá, necesito que hablemos de algo… Hay una verdad que me hace falta saber…
BONIFACIO: ¿De qué verdad hablas?
DAYMAR: Bueno, es que de repente apareció una mujer muy parecida a mí...
BONIFACIO: (Se le abren los ojos y se emociona) ¿Igual a ti?
DAYMAR: Si, papito…
BONIFACIO: Ya se a qué te refieres, hija, quieres saber si tienes hermanos. (Daymar y Diana asienten) Mira, preciosa, la verdad es que si.
DIANA: ¿Nos explicas, abuelo?
BONIFACIO: Daymar, tú llegaste a tener una hermanita…
DIANA: ¿O sea que tengo una tía? (Sale a buscar a Arianis)
DAYMAR: ¿Dónde está ella, papá?
BONIFACIO: Tu mamá esperaba gemelas, pero nos dijeron que tu hermanita se murió cuando nació, después nos enteramos que la bebé que había muerto era de otro matrimonio y por más que intentamos, no pudimos encontrarla…
DIANA: ¿Por qué nunca dijeron nada, abuelo?
BONIFACIO: Por miedo a no encontrarla nunca. Luego mi viejita se murió y mi cabeza, ya sabes…
DAYMAR: ¿Entonces esa señora si es mi hermana?
BONIFACIO: Si hija... (Se confunde) ¿Cuál señora?
DAYMAR: (Llega Diana con Arianis) Pues, bueno, no te vayas a morir, eh…
DIANA: Bueno, abuelito bello, ella es Arianis Farías (La hacen sentarse al lado de Daymar)
BONIFACIO: (Se quita las gafas) ¡Hay dos Daymar! (Se empieza a reír) Y yo que creía que era por las gafas
DAYMAR: ¡Papá esto es serio! Esa mujer arrugada puede ser mi hermana
ARIANIS: ¡Respéteme!
BONIFACIO: Hija, ¿qué puedo decir yo? Realmente son idénticas, iguales de preciosas (Mira a Arianis detalladamente) Daymar, tú tienes más arrugas que ella
ARIANIS: ¡Oh, si! Este señor me cae de maravilla (Lo abraza)
DAYMAR: ¡Porque es nuestro papá!
ARIANIS: ¿Entonces si somos hermanas?
DIANA: ¡Tengo una tía!
BONIFACIO: (Lo estaba ahorcando) Posible hija mía, ¿me sueltas? (Ella lo hace) Gracias
DAYMAR: Si, si tienes una tía, Diana y si, somos hermanas
DIANA: ¡Las quinti y Sergio estarán fascinados con la noticia!
ARIANIS: Mi hija Valentina, ¡igual! (Abraza a Daymar que lloraba)
DAYMAR: ¡Maldito, Alejito chillón! ¡¡Dio y dio y también me contagió la jotez!!
BONIFACIO: No recuerdo quien sea el Alejito, el chillón, pero tienes que admitir que cuando pequeña te la vivías llorando…
DIANA: El chillón es el papá de tu bisnieta…
BONIFACIO: ¿Ese hombrote?
DAYMAR: Si, papá, ese es un joto heterosexual…
DIANA: ¡Mamá, lo confundes más!
BONIFACIO: ¡Lo que sea! Tú, Daymarcita, de niña, chillabas por todo…
DAYMAR: (Lo mira) Porque tú y mamá se la vivían haciéndome maldades
DIANA: Oigan, gemelas, ¿nos vamos?
ARIANIS: ¿A dónde?
DAYMAR: A la casa de los Zavallalta
ARIANIS: Pues, vamos…
DIANA: Se me ocurrió algo fabuloso para asustar a papá
DAYMAR: ¡Ay, no! Las pavadas que hacen ustedes cinco, no las vamos a hacer nosotras
ARIANIS: (Hablando bajito) Ya se porque las arrugas
DAYMAR: ¡Te escuché!
DIANA: Mejor vamos a casa, si sigo aquí con ustedes me voy a hacer en los pantalones
LAS GEMELAS: ¡Tan puerca!
BONIFACIO: ¿Me llevan?
DIANA: ¡Claro, abuelo! Voy a hablar para que te den el permiso de salir…
Laura, Diego, Mica, Bruno, Alex, Dante, Federico y Rebeko, escuchaban atentamente la historia relatada por Alejandro. Daniela, alimentaba a Danita y volvía a oír lo que su marido decía, porque no se lo podía creer.
REBEKO: ¿Entonces tengo una cuñada igual a mi viejita?
BRUNO: Ahora sabe lo que sentimos nosotros, suegro…
FEDERICO: ¡Se me hace hasta de novela!
DANIELA: ¿A ti? Según mi obstetra, eso de engendrar embarazos múltiples, se salta una o dos generaciones, pero con esto, ya vemos que no es así y se me hace de novela pensar que ese que está sentado a tu lado (Se refiere a Ale) Me haga cinco de un solo envión…
ALEJANDRO: ¡¡¡SIIIIII!!! Una niña y después, cinco hombrotes, jajaja…
DANIELA: Y los crías solo, Alejo, porque yo los traigo al mundo y me borro de la tierra, ¡me mudo a Plutón!
ALEJANDRO: ¡Mientes! Nos amas demasiado y amarías igual a los quintillizos, Cosita, no podrías vivir sin nosotros…
REBEKO: (Suelta una carcajada) ¡Se le cambian los papeles! Alejo sería como Daymar, Danita sería Sergio, los quinti serían las quinti y Daniela, te tocaría ser como yo, hija… ¡¡¡Jajajajaja!!!
DANIELA: ¡Eso nunca, pa! No me gustan tanto los gatos… ¡Prefiero los perros!
ALEJANDRO: A mí lo que me gusta es la idea de una familia así de grande…
DANIELA: A mí lo que me gusta es la idea de poder jalarle las orejas a las novias de los quinti…
DAYMAR: (Entrando con Diana y Arianis) ¿LOS quinti? ¿De qué hablan?
REBEKO: (Estaba confundido al ver a las dos mujeres tan iguales) ¿Cuál de ustedes dos es Daymar?
ARIANIS: (Vio a Batman y salió corriendo a agarrarlo) ¡Qué gatito tan hermoso!
DAYMAR: ¡Algo distinto entre mi hermana y yo!
DIANA: (Besando a su marido) ¿Ya te das cuenta de cuál es cuál, papi?
REBEKO: Si, es obvio... (Va hasta Daymar y le pellizca las pompas)
DAYMAR: Menos mal que nos podemos diferenciar entre "el amor y el odio" por los gatos, porque si le llegabas a pellizcar las pompas a ella, te mataba a ti y a mi hermana la dejo calva...
ARIANIS: ¡No me amenaces, Daymar! ¡Qué te coso la boca!
ALEJANDRO: A riesgo que mi mamá dos me corte la oreja de un tirón, ¡SE ENCONTRÓ CON LA HORMA DE SU ZAPATO!
DAYMAR: ¡Tienes razón, joto!
ALEJANDRO: ¿En que es la horma de su zapato?
ARIANIS: ¿Son ideas mías o el que llora mucho es medio menso?
DAYMAR: No es ningún menso, sólo le gusta que lo jale de las orejas, ¿y sabes qué, Alejito? ¡Te voy a dar gusto, chillón! (Lo jala de la oreja, pero no fuerte y le sonríe) ¡Te salvas por ser el padre de mi nietita!
ARIANIS: (Deja el gato en el piso) Bueno, mucho jaleo y todo, pero yo creo que me trajeron aquí para presentarme a todos, ¿no?
ALEJANDRO: (Besa a Daymar en la frente y le habla a Arianis) Si, señora, venga conmigo que le hago los honores (Le ofrece el brazo) Vamos con todas las quinti y sus intrusos
ARIANIS: ¿Intrusos?

lunes, 29 de abril de 2013

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 75


Al día siguiente, Diana estaba esperando a la señora Arianis Farías. Se habían citado a la una de la tarde y la mujer llevaba varios minutos de demora. Cuando por fin apareció, la quinti se quedó petrificada: esa mujer era igual a su madre.

ARIANIS: (La saluda) ¿Usted es Diana Zavallalta?
DIANA: (Aún petrificada) Si…
ARIANIS: ¡Eres una belleza! Muy parecida a mi hija Valentina (Nota que Diana está impactada) ¿Tienes algo?
DIANA: No, nada, es que me la imaginaba diferente… Tome asiento, por favor.
ARIANIS: Muchas gracias…

Ambas mujeres comenzaron a platicar y se cayeron bien de inmediato y aunque la abogada no podía dejar de pensar en el enorme parecido de esa mujer con su madre, poco a poco, fue concentrándose en el caso que ella le presentaba.

DIANA: ¿Me dice que su socio no cumplió con las pautas del contrato?
ARIANIS: ¡Para nada!
DIANA: ¿E Isidoro Rivadeneira tomó la defensa de ese tipo?
ARIANIS: ¡Exacto!
DIANA: ¡Vejete del demonio! ¿Puede acceder a su contrato?
ARIANIS: Claro, tengo la copia
DIANA: ¿Tiene copias de esos papeles?
ARIANIS: Si, aquí, en este pen drive.
DIANA: ¿Qué le parece si vamos a mi oficina y lo checamos?
ARIANIS: Primero, llenemos la barriga y después, vamos, ¿va?
DIANA: ¡Va!

Un par de horas después, ya en la oficina, las cosas iban encaminándose, pero el impacto que sentía Diana era tan evidente que Arianis no podía quedarse con la duda y quiso saber qué sucedía…

ARIANIS: Diana, apenas si te conozco, pero me doy cuenta que tienes algo, ¿qué pasa, qué te sucede?
DIANA: No me sucede nada, sólo que me quedé mirándola fijamente y realmente tiene un parecido increíble con mi mamá
ARIANIS: ¿Ah, si?
DIANA: Si, tiene los ojos verdes igual que ella, la parte de la nariz es como la de ella, es que no se cómo explicarle
ARIANIS: ¿Tienes alguna foto?
DIANA: Si (Agarra la cartera y saca la foto) Acá está, esa es mi mamá, Daymar Montero de Zavallalta
ARIANIS: (Se espantó y pegó un grito) ¡AHHH! Es realmente increíble el parecido
DIANA: (Riéndose) Si, por eso le digo, verla a usted es como ver a mi mamacita.
ARIANIS: (Sin dejar de ver la foto) ¿Qué edad tiene?
DIANA: Dentro de poco cumplirá cincuenta y tres
ARIANIS: ¡Estas son demasiadas coincidencias! (Le devuelve la foto) Me tengo que ir, Diana, si necesitas algo, sabes que puedes confiar en mí
DIANA: Claro que si, señora (Le toma las manos) Usted me cae muy bien
ARIANIS: Y tú a mí…

Cuando Arianis iba a abrir la puerta para retirarse, entró doña Daymar sin tocar, las dos mujeres quedaron frente a frente y al verse prácticamente iguales, dieron tremendo grito que se escuchó hasta el último piso…

Alejandro bajaba a la oficina de su cuñada, cuando al escuchar el grito, se apresuró a entrar. Al ver lo que allí pasaba, quedó igual que Diana: completamente impactado.

ALEJANDRO: ¿Se clonó, suegrita?
DIANA: (Los dos las miraban a una y a la otra, una y otra vez, como si fuera un partido de tenis) Ale, ¿ves lo mismo que yo?
ALEJANDRO: Si hubiera tomado alcohol, diría que veo dos Daymares, ¿qué sucede?
DAYMAR: No lo se, hijito... (No dejaba de mirarse con su doble) ¿Usted quién es, señora?
ARIANIS: Soy Arianis Farías, una clienta de Diana... ¿Estoy alucinando, verdad?
DIANA: Lo dudo, sino, estaríamos los cuatro teniendo la misma alucinación y al mismo tiempo
ALEJANDRO: Siéntense, por favor
DAYMAR: ¡Somos iguales!
ARIANIS: Esto es lo más extraño que me ha ocurrido
DAYMAR: ¡Esto es un trauma!
ALEJANDRO: (Las miraba detenidamente) Son idénticas, así como las quinti...
DIANA: ¿Serán gemelas?
ARIANIS: ¡Eso es una locura!
ALEJANDRO: ¿Encuentra otra explicación, señora?
DAYMAR: Mis padres no tuvieron más hijos o eso creo...
ARIANIS: Además, tenemos distintos apellidos
DIANA: ¡Eso no prueba nada! Puede haber habido alguna cosa rara en el hospital, pero tienen la misma edad y fecha de nacimiento, miren (Les muestra la ficha que tenía sobre Arianis y las mujeres se quedan atónitas)
DAYMAR: ¡Es cierto! (A su doble) ¿Dónde nació, señora?
ARIANIS: En el hospital central
DIANA: ¡Ahí naciste tú, mamita!
ALEJANDRO: Pues está visto que si nacieron el mismo día, en el mismo lugar y son así de iguales...
ARIANIS: ¡Es algo absurdo! ¿Después de cincuenta y tantos años resulta que tengo una hermana?
DAYMAR: No se si seamos hermanas, pero (La mira fijamente) ¿Tantas arrugas tengo?
ARIANIS: ¡Oiga, más respeto!
ALEJANDRO: (Se ríe) ¡Tienen el mismo carácter del demonio!
DAYMAR: (Lo toma de la oreja) ¡Te comportas, yernito!
ARIANIS: ¡No puede ser!
DIANA: ¿Qué cosa?
ARIANIS: Lo mismo le hago al marido de mi hija... (Se miran con Daymar) ¿Será cierto?
DAYMAR: ¿Y si salimos de dudas? Así es más sencillo
ARIANIS: Pues, bueno, por mí no hay problema
DIANA: (A su mamá) ¿Quieres que hable con Laura?
ALEJANDRO: ¿Me sueltas, mamá dos?
DAYMAR: Si, Alejito, perdón...
ALEJANDRO: (Sobándose) Y digo, yo, ¿por qué no le preguntan al abuelo Montero y ya?
ARIANIS: ¿Quién es el abuelo Montero?
DAYMAR: Mi papá...
DIANA: ¡Vamos, entonces!
ARIANIS: Espérate ahí, Diana, ¿y si ese abuelo Montero dice mentiras?
DAYMAR: Mi padre no es mentiroso...
ALEJANDRO: Sólo desvaría un poco, pero es honesto hasta el tuétano
ARIANIS: ¿Desvaría?
DAYMAR: Si, está algo senil...
ARIANIS: ¿Qué podemos perder con preguntar?
DIANA: ¡Nada! Y podemos ganar mucho...
ARIANIS: ¡Vayamos de una vez!

Diana, Daymar y Arianis, salieron en busca del abuelo Montero que, a causa de su senilidad, estaba en una institución especializada, donde lo trataban muy bien y lo cuidaban muchísimo. Alejandro, salió disparado a su casa para contarle a Dani sobre el suceso inesperado…

ALEJANDRO: (Entrando) ¡Amor! ¡No adivinarías nunca lo que acaba de suceder!
DANIELA: (Saliendo del cuarto con Danita en brazos) ¿Qué, Alejo?
ALEJANDRO: (Cargando a su hija y besando a su esposa) ¡Siéntate, amor, porque te caes de pompas! (Le da besitos a la beba)
DANIELA: ¡Habla, niño!
ALEJANDRO: Parece ser que tienes una tía y esa tía es gemela de tu mamá…
DANIELA: ¿Qué, QUÉEEE?

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 74


TIEMPO DESPUÉS…

Ya bien instalada en su nueva vida de casada y en su trabajo como abogada de “Vilatorres – Zavallalta, creaciones gráficas”, Diana pasaba sus días con muchos labores, pero feliz: las cosas con Fede eran soñadas y su pequeña sobrina comenzaba a despertar sus instintos maternales, aunque todavía no era tiempo para ser mamá, primero quería que la empresa estuviera completamente asentada y también su marido necesitaba arreglar algunas cosas en su trabajo.
En eso divagaba su mente cuando Daniela y Danielita, golpearon la puerta de la oficina.

DANIELA: ¿Se puede pasar, tía?
DIANA: (Poniéndose de pie y saludando a su hermana, carga a la niña) ¡Claro que si, hermosas! ¡Hola, Danita!
DANIELA: ¿De verdad le van a decir así?
DIANA: Si, señora, Danita será…
DANIELA: Alejo anda encantado con ese apodo, pero a mí no me gusta.
DIANA: Pues, a mi sobrina le encanta, ¿no, Danita? (Con voz de bebé) Si, tíita…
DANIELA: ¡Mi Dios!
DIANA: ¡Deja de quejarte! ¿Qué hacen por aquí? Aún no te toca volver al trabajo, quinti (Ambas se sientan)
DANIELA: Si, ya se, no es eso.
DIANA: ¿Entonces?
DANIELA: La boda religiosa, Diddy… Ustedes son mis madrinas y hay que ponerle pilas a eso y yo, no puedo porque esa niñita, no me da tregua.
DIANA: Tu marido me dijo y ya hablé con las quinti, así que no te preocupes… (A la beba) ¿Tú le das mucha lata a tu mamá, Danita?
DANIELA: Mira, honestamente, es un ángel, pero se supone que tiene que comer cada tres o cuatro horas y esta mocosita no lo sabe o no le importa, porque a cada rato anda con hambre.
DIANA: ¿El pediatra qué dice de eso?
DANIELA: Que si ella quiere comer, pues que coma…
DIANA: (Mira a su hermana) Tú estás radiante, Dani, ni parece que acabaras de tener una hija…
DANIELA: Gracias, guapa, pero la verdad es que Alejo está siempre pendiente y me ayuda a que pueda descansar bien.
DIANA: ¡Ese anda demacrado, pobre!
DANIELA: ¿Por qué lo dices?
DIANA: No le digas que te conté, pero fíjate en eso, quinti.
DANIELA: ¿En qué?
DIANA: Tu esposo está pasado de vueltas. Ayer se durmió en su oficina y se le nota agotado. Tienes que buscarle un remedio porque por ayudarte a ti, se está descuidando él y se le nota.
DANIELA: ¡Exageras!
DIANA: ¿Me estás cargando, Daniela? Si hasta ha bajado de peso…
DANIELA: Eso no puede ser.
DIANA: Quizás no te das cuenta porque lo ves todos los días, pero yo si y Alex y Dante dicen lo mismo.
DANIELA: ¡No puede ser que no lo haya notado!
DIANA: Eso es porque tú también estás cansada, hermanita, ¡no te pongas mal! Pero tenlo en cuenta (Suena el teléfono) ¿Si, bueno?
ARIANIS: ¿Es la licenciada Zavallalta?
DIANA: La misma, ¿con quién tengo el gusto?
ARIANIS: Usted no me conoce personalmente, pero llevó mi caso en el estudio Rivadeneira, soy Arianis Farías
DIANA: Si, recuerdo su caso, señora, ¿en qué le puedo ayudar?
ARIANIS: Quisiera entrevistarme con usted, licenciada.
DIANA: Señora, ya no me dedico a los casos como el suyo, ahora estoy abocada al derecho comercial.
ARIANIS: Lo se, por eso es que quiero verla.
DIANA: ¿Cómo?
ARIANIS: Es que tengo un problema con mi antiguo socio y necesitaría que me asesore, ¿podría ser?
DIANA: ¡Por supuesto! Si no puedo tomar su caso, puedo remitirle a algún conocido de confianza. De todos modos, le aclaro que ya no trabajo con el señor Rivadeneira.
ARIANIS: ¡También lo se! Y ese detalle fue el que me hizo buscarla.
DIANA: No comprendo
ARIANIS: Ya lo hará. ¿Cuándo puede verme?
DIANA: ¿Le parece mañana a la hora del almuerzo?
ARIANIS: ¿Comemos juntas?
DIANA: Exacto, así conversamos más distendidas.
ARIANIS: Me parece ideal. ¿Dónde?
DIANA: La espero en “La Casona del Ángel” a las 13.
ARIANIS: Ahí estaré, hasta mañana.
DIANA: ¡Hasta mañana, señora! (Corta la llamada)
DANIELA: (Viendo el gesto de extrañeza de su hermana) ¿Qué pasa, quinti?
DIANA: Una antigua cliente de Isidoro. Quiere que la asesore, pero eso no importa ahora. Ve a buscar a tu marido y fíjate en lo que te dije.
DANIELA: ¿Te quedas con la princesa?
DIANA: ¡Nadie la arranca de mí! (Golpean la puerta) ¿Quién?
FEDERICO: (Entrando) Permiso… (Ve a la beba) ¿Quién está ahí? ¡La niña más bella del mundo! (Saluda a su cuñada) ¡Hola, Dani! (Va con su esposa) ¡Hola, mi amor!
DIANA: ¿A quién le dices a mí o a Danita?
FEDERICO: A la princesita (Carga a la beba) Tú eres la mujer más bella del mundo (Se besan) ¿Quién está hermosa? Si, Danita, tú… ¡Qué maravilla tu hija, Dani!
DANIELA: ¡La verdad que si! Bueno, aprovecho que mi niña queda en buenas manos y voy a ver a Ale (Besa a su hija) Ya regreso (Sale)
FEDERICO: (Mecía a Danielita y ella como que le sonreía) ¡Qué bella eres!
DIANA: (Miraba a su marido y se daba cuenta que sería un gran papá) ¡Se te ve hermoso con la bebita en brazos!
FEDERICO: ¿Tú crees?
DIANA: Si y algún día, cargarás a nuestros propios hijos, ya verás…
FEDERICO: No veo la hora que eso pase.
DIANA: No seas impaciente, rico Federico, todo llega… (Sonríen y se besan)

Mientras Fede y Diana conversaban, Daniela subió hasta el despacho de Ale y entró sin golpear. Lo encontró dormido en su silla, apoyado de bruces sobre el escritorio.

DANIELA: Ay, Cosito, ¿por qué haces estas cosas? (Se acercó y lo acarició dulcemente) Amor, despierta, Alejo…
ALEJANDRO: (Despertando, se sorprende al ver a su mujer ahí y se preocupa) ¿Dani? ¿Qué haces aquí? ¿Es nuestra princesa? ¿Le pasó algo?
DANIELA: (Lo tranquiliza con un besote) No, relájate. Vine a ver a Diana y a ti, la niña está perfecta, disfrutando de los apapachos de sus tíos…
ALEJANDRO: ¿Tíos?
DANIELA: Fede llegó hace un rato… (Él asiente y se apoya sobre el respaldo de su silla) ¿Por qué no me dijiste que estabas tan cansado, amor?
ALEJANDRO: No te preocupes por mí, hermosa, tú necesitas descansar.
DANIELA: (Se da cuenta de lo que su hermana le dijo) Y tú también, Alejandro…
ALEJANDRO: Yo estoy bien.
DANIELA: No es así, estás exhausto…
ALEJANDRO: Estoy bien, hermosa.
DANIELA: Mi vida, te agradezco en el alma todo lo que haces por mí y por nuestra niña, pero si no empiezas a cuidarte tú, te vas a enfermar y eso no sería nada bueno para nadie.
ALEJANDRO: Pero…
DANIELA: ¡Nada, Alejandro Federico! Usted va a dejar todo como está y en este preciso instante se va a su casa, a su cama y duerme hasta que su cuerpo le diga basta.
ALEJANDRO: PEROOO…
DANIELA: ¡Me vas a hacer enojar!
ALEJANDRO: ¡Está bien! ¿Vienen conmigo?
DANIELA: ¡Obviamente! Te toca ser el consentido y el apapachado y tus dos Danielas, nos vamos a encargar de ti… (Ale se pone de pie y la besa. Las cosas se empiezan a poner cachondas) ¡Espera, amor! Aún no se puede…
ALEJANDRO: Lo se, perdón, es que me haces falta, extraño hacerte el amor y sentirte toda mía…
DANIELA: Sólo dos semanas más, Alejerico y me tendrás completita para hacerme lo que quieras…
ALEJANDRO: (Sonríe) ¿Lo que quiera?
DANIELA: Eso mismo y mucho más…