lunes, 29 de abril de 2013

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 74


TIEMPO DESPUÉS…

Ya bien instalada en su nueva vida de casada y en su trabajo como abogada de “Vilatorres – Zavallalta, creaciones gráficas”, Diana pasaba sus días con muchos labores, pero feliz: las cosas con Fede eran soñadas y su pequeña sobrina comenzaba a despertar sus instintos maternales, aunque todavía no era tiempo para ser mamá, primero quería que la empresa estuviera completamente asentada y también su marido necesitaba arreglar algunas cosas en su trabajo.
En eso divagaba su mente cuando Daniela y Danielita, golpearon la puerta de la oficina.

DANIELA: ¿Se puede pasar, tía?
DIANA: (Poniéndose de pie y saludando a su hermana, carga a la niña) ¡Claro que si, hermosas! ¡Hola, Danita!
DANIELA: ¿De verdad le van a decir así?
DIANA: Si, señora, Danita será…
DANIELA: Alejo anda encantado con ese apodo, pero a mí no me gusta.
DIANA: Pues, a mi sobrina le encanta, ¿no, Danita? (Con voz de bebé) Si, tíita…
DANIELA: ¡Mi Dios!
DIANA: ¡Deja de quejarte! ¿Qué hacen por aquí? Aún no te toca volver al trabajo, quinti (Ambas se sientan)
DANIELA: Si, ya se, no es eso.
DIANA: ¿Entonces?
DANIELA: La boda religiosa, Diddy… Ustedes son mis madrinas y hay que ponerle pilas a eso y yo, no puedo porque esa niñita, no me da tregua.
DIANA: Tu marido me dijo y ya hablé con las quinti, así que no te preocupes… (A la beba) ¿Tú le das mucha lata a tu mamá, Danita?
DANIELA: Mira, honestamente, es un ángel, pero se supone que tiene que comer cada tres o cuatro horas y esta mocosita no lo sabe o no le importa, porque a cada rato anda con hambre.
DIANA: ¿El pediatra qué dice de eso?
DANIELA: Que si ella quiere comer, pues que coma…
DIANA: (Mira a su hermana) Tú estás radiante, Dani, ni parece que acabaras de tener una hija…
DANIELA: Gracias, guapa, pero la verdad es que Alejo está siempre pendiente y me ayuda a que pueda descansar bien.
DIANA: ¡Ese anda demacrado, pobre!
DANIELA: ¿Por qué lo dices?
DIANA: No le digas que te conté, pero fíjate en eso, quinti.
DANIELA: ¿En qué?
DIANA: Tu esposo está pasado de vueltas. Ayer se durmió en su oficina y se le nota agotado. Tienes que buscarle un remedio porque por ayudarte a ti, se está descuidando él y se le nota.
DANIELA: ¡Exageras!
DIANA: ¿Me estás cargando, Daniela? Si hasta ha bajado de peso…
DANIELA: Eso no puede ser.
DIANA: Quizás no te das cuenta porque lo ves todos los días, pero yo si y Alex y Dante dicen lo mismo.
DANIELA: ¡No puede ser que no lo haya notado!
DIANA: Eso es porque tú también estás cansada, hermanita, ¡no te pongas mal! Pero tenlo en cuenta (Suena el teléfono) ¿Si, bueno?
ARIANIS: ¿Es la licenciada Zavallalta?
DIANA: La misma, ¿con quién tengo el gusto?
ARIANIS: Usted no me conoce personalmente, pero llevó mi caso en el estudio Rivadeneira, soy Arianis Farías
DIANA: Si, recuerdo su caso, señora, ¿en qué le puedo ayudar?
ARIANIS: Quisiera entrevistarme con usted, licenciada.
DIANA: Señora, ya no me dedico a los casos como el suyo, ahora estoy abocada al derecho comercial.
ARIANIS: Lo se, por eso es que quiero verla.
DIANA: ¿Cómo?
ARIANIS: Es que tengo un problema con mi antiguo socio y necesitaría que me asesore, ¿podría ser?
DIANA: ¡Por supuesto! Si no puedo tomar su caso, puedo remitirle a algún conocido de confianza. De todos modos, le aclaro que ya no trabajo con el señor Rivadeneira.
ARIANIS: ¡También lo se! Y ese detalle fue el que me hizo buscarla.
DIANA: No comprendo
ARIANIS: Ya lo hará. ¿Cuándo puede verme?
DIANA: ¿Le parece mañana a la hora del almuerzo?
ARIANIS: ¿Comemos juntas?
DIANA: Exacto, así conversamos más distendidas.
ARIANIS: Me parece ideal. ¿Dónde?
DIANA: La espero en “La Casona del Ángel” a las 13.
ARIANIS: Ahí estaré, hasta mañana.
DIANA: ¡Hasta mañana, señora! (Corta la llamada)
DANIELA: (Viendo el gesto de extrañeza de su hermana) ¿Qué pasa, quinti?
DIANA: Una antigua cliente de Isidoro. Quiere que la asesore, pero eso no importa ahora. Ve a buscar a tu marido y fíjate en lo que te dije.
DANIELA: ¿Te quedas con la princesa?
DIANA: ¡Nadie la arranca de mí! (Golpean la puerta) ¿Quién?
FEDERICO: (Entrando) Permiso… (Ve a la beba) ¿Quién está ahí? ¡La niña más bella del mundo! (Saluda a su cuñada) ¡Hola, Dani! (Va con su esposa) ¡Hola, mi amor!
DIANA: ¿A quién le dices a mí o a Danita?
FEDERICO: A la princesita (Carga a la beba) Tú eres la mujer más bella del mundo (Se besan) ¿Quién está hermosa? Si, Danita, tú… ¡Qué maravilla tu hija, Dani!
DANIELA: ¡La verdad que si! Bueno, aprovecho que mi niña queda en buenas manos y voy a ver a Ale (Besa a su hija) Ya regreso (Sale)
FEDERICO: (Mecía a Danielita y ella como que le sonreía) ¡Qué bella eres!
DIANA: (Miraba a su marido y se daba cuenta que sería un gran papá) ¡Se te ve hermoso con la bebita en brazos!
FEDERICO: ¿Tú crees?
DIANA: Si y algún día, cargarás a nuestros propios hijos, ya verás…
FEDERICO: No veo la hora que eso pase.
DIANA: No seas impaciente, rico Federico, todo llega… (Sonríen y se besan)

Mientras Fede y Diana conversaban, Daniela subió hasta el despacho de Ale y entró sin golpear. Lo encontró dormido en su silla, apoyado de bruces sobre el escritorio.

DANIELA: Ay, Cosito, ¿por qué haces estas cosas? (Se acercó y lo acarició dulcemente) Amor, despierta, Alejo…
ALEJANDRO: (Despertando, se sorprende al ver a su mujer ahí y se preocupa) ¿Dani? ¿Qué haces aquí? ¿Es nuestra princesa? ¿Le pasó algo?
DANIELA: (Lo tranquiliza con un besote) No, relájate. Vine a ver a Diana y a ti, la niña está perfecta, disfrutando de los apapachos de sus tíos…
ALEJANDRO: ¿Tíos?
DANIELA: Fede llegó hace un rato… (Él asiente y se apoya sobre el respaldo de su silla) ¿Por qué no me dijiste que estabas tan cansado, amor?
ALEJANDRO: No te preocupes por mí, hermosa, tú necesitas descansar.
DANIELA: (Se da cuenta de lo que su hermana le dijo) Y tú también, Alejandro…
ALEJANDRO: Yo estoy bien.
DANIELA: No es así, estás exhausto…
ALEJANDRO: Estoy bien, hermosa.
DANIELA: Mi vida, te agradezco en el alma todo lo que haces por mí y por nuestra niña, pero si no empiezas a cuidarte tú, te vas a enfermar y eso no sería nada bueno para nadie.
ALEJANDRO: Pero…
DANIELA: ¡Nada, Alejandro Federico! Usted va a dejar todo como está y en este preciso instante se va a su casa, a su cama y duerme hasta que su cuerpo le diga basta.
ALEJANDRO: PEROOO…
DANIELA: ¡Me vas a hacer enojar!
ALEJANDRO: ¡Está bien! ¿Vienen conmigo?
DANIELA: ¡Obviamente! Te toca ser el consentido y el apapachado y tus dos Danielas, nos vamos a encargar de ti… (Ale se pone de pie y la besa. Las cosas se empiezan a poner cachondas) ¡Espera, amor! Aún no se puede…
ALEJANDRO: Lo se, perdón, es que me haces falta, extraño hacerte el amor y sentirte toda mía…
DANIELA: Sólo dos semanas más, Alejerico y me tendrás completita para hacerme lo que quieras…
ALEJANDRO: (Sonríe) ¿Lo que quiera?
DANIELA: Eso mismo y mucho más…

3 comentarios: