sábado, 6 de abril de 2013

“Historias Bizarramente Paralelas” – Episodio 56

La quinti seguía parada en la entrada del hotel y las lágrimas recorrían su rostro sin parar. Federico salió y al verla así, su corazón le latió con fuerza y angustia.

FEDERICO: (Se endureció) ¿No te has ido?
DIANA: No lo haré hasta que hablemos.
FEDERICO: ¿De qué quieres hablar?
DIANA: De lo que pasó, Fede
FEDERICO: ¿Si? Bueno, cuéntame, ¿qué tal besa tu jefe?
DIANA: Federico, por favor…
FEDERICO: ¿Querías hablar, no? Habla, entonces…
DIANA: ¡No lo se! Fue algo que no me esperaba, no quería besarlo.
FEDERICO: ¿Me vas a decir que el tipo no te atrae? (Diana baja la mirada) ¿Ves? Isidoro te gusta y aunque no hayas buscado besarlo, querías que eso sucediera. ¡Quédate con él y déjame en paz! (La pasó de largo y siguió camino)
DIANA: (Fue tras él) Estuve confundida, lo acepto, pero ahora se que lo admiraba, como profesional y confundí las cosas.
FEDERICO: (Se detiene y la mira) Hubieras… (Se enoja) ¡HUBIERAS HABLADO CONMIGO!
DIANA: ¿Y decirte qué?
FEDERICO: Que estabas confundida, Diana, ¡que no sabías qué sentías! Eso me hubiese lastimado, si, pero no tanto como tu traición.
DIANA: ¡No te traicioné! ¿Cómo te hago entender que no quería besarlo?
FEDERICO: No mientas, acabas de decirme que dudabas de tus sentimientos.
DIANA: De mis sentimientos por él, si. De lo que siento por ti, no dudé jamás y nunca te traicionaría, Federico, te amo.
FEDERICO: ¿Me amas? Pues besarte con otro no es una buena manera de demostrarlo.
DIANA: ¿Puedes parar? Escúchame y si después de eso, sigues queriendo terminar lo nuestro, te juro que me voy.
FEDERICO: (La mira) Vamos al parque de enfrente. (Van y se sientan en otra de las bancas) ¿Qué quieres decirme?
DIANA: No se por qué las cosas llegaron hasta aquí. Tal vez mi miedo de perder el trabajo, me hacía pasar por alto las señales de Rivadeneira, pero te juro por mis quinti, Fede, que no le di pie para que me besara.
FEDERICO: (Diana era sincera y si juraba por sus hermanas, era más que seguro que no mentía) No le diste pie, pero te besó igual.
DIANA: Estábamos cenando, hablando de trabajo y me ofreció bailar. Acepté y antes de darme cuenta, ya todo estaba sucediendo. No le correspondí, amor, el único que quiero que me bese para toda la vida eres tú.
FEDERICO: Diana, ¿te das una idea de lo que sentí? Iba a proponerte…
DIANA: ¿Matrimonio? (Le muestra su dedo anular izquierdo, tenía el lacillo puesto) Te hubiera dicho que si, sin dudarlo ni un segundo.
FEDERICO: ¡Pero lo besaste!
DIANA: ¡Si y también lo abofeteé y renuncié! Fede, si quisiera algo con ese tipo, no estaría aquí, contigo, rogándote que me des una oportunidad para demostrarte que al único al que amo es a ti
FEDERICO: No se…
DIANA: Cometí un error y lo asumo, pero te amo. Te amo más de lo que ni yo misma sabía y no hay nada que no haga por ti, por nosotros. Hermoso, si crees que no hay vuelta atrás, que no podemos remediar esto y que para ser feliz, debes alejarte de mí, te juro que no voy a detenerte, pero si existe una mínima posibilidad que tu felicidad sea a mi lado, te imploro, amor, déjame amarte… (Se arrodilla)
FEDERICO: ¿Qué haces?
DIANA: Lo que tengo que hacer para recuperar al amor de mi vida. (Le agarra la mano) Federico Pellegrini, en tus ojos veo el futuro que siempre soñé tener. (Empieza a llorar) Veo una familia preciosa, hijos (El llanto se acrecienta) y hasta un perro. Se que quiero pasar cada día a tu lado y (Ya no podía hablar por las lágrimas) envejecer contigo… (Saca un anillo de plata y no podía pronunciar palabra) ¡Yo no se cómo los hombres pueden hacer esto, caray! ¿Te quieres casar…
FEDERICO: ¡No!
DIANA: ¿No?
FEDERICO: No lo hagas… (Se arrodilla él y le quita el lacillo) Esto lo tengo que hacer yo… Diana Zavallalta, cada vez que te beso, siento que mi cuerpo se estremece. Cuando te abrazo, no quiero soltarte. Cada momento a tu lado, es una probadita del futuro que quiero tener contigo. Me haces más feliz de lo que jamás imaginé ser y lo que más deseo en la vida es que me permitas pasarla, tratando de hacerte sentir igual… Diana, mi cielo, ¿quieres casarte conmigo?
DIANA: Si, rico Federico (Él le coloca el lacillo y ella la alianza de plata) Ya soy feliz, tú me haces sentir la felicidad en carne viva…

Así, arrodillados, se besaron y en ese beso no sólo sellaron su compromiso sino que ambos dejaron atrás la herida. Esa grieta abierta por lo sucedido con Isidoro, estaba cerrada y sin fisuras. Su amor era más fuerte que cualquier otra cosa…

En el Distrito Federal, otra pareja súper enamorada, tenía una conversación bastante complicada: Alejandro había tomado una decisión con respecto a lo que sucedía con Andrea Ina y Daniela, intentaba comprender el porqué de semejante premisa.

ALEANDRO: Es sencillo, amor, no quiero seguir con todo esto. Estoy cansado de vivir así, ¿tú no?
DANIELA: Claro, pero ¿y tus padres, Alejo? Sabes lo que esto puede provocar en ellos.
ALEANDRO: ¿Y lo que provoca en nosotros? Mira, Dani, no quiero ser egoísta ni reclamarle a mi papá lo menso que fue, porque, al fin y al cabo, él es buena gente y sólo confió en su socio como desde hace años lo hace, sólo que esta situación, me está desquiciando.
DANIELA: (Estaban en el sillón, sentados uno junto al otro. Ella le toma el rostro y se miran fijamente) Supongamos que haces eso que pretendes, ¿qué va a pasar con la casa de tus padres, la empresa, este departamento?
ALEANDRO: La empresa y este departamento, ¡me valen! Con la herencia que me dejó mi abuelo, puedo empezar de cero y se que los clientes de “Gráfica Vilatorres”, se van a venir conmigo al igual que los empleados. La casa de mis padres, creo que la puedo rescatar.
DANIELA: ¿Cómo?
ALEANDRO: Ofreciéndole lo que tanto de desea, Dani. Le voy a decir que si me devuelve la casa, en la noche de bodas, tendrá lo que busca.
DANIELA: ¿Te vas a acostar con ella, Alejandro? ¿Qué te pasa? (Se enoja)
ALEANDRO: ¡Espérate! ¡Párale ahí! Dije en la noche de bodas, pero esa noche nunca va a llegar porque no voy a casarme. Sólo seguiré con esto si ella acepta el trato y en cuanto me devuelva el hogar de mi familia y no haya manera de que se eche atrás, la mando al demonio y listo, a empezar una vida feliz y plena, a tu lado…
DANIELA: ¿Crees que acepte?
ALEANDRO: Habrá que hacerle ojitos, pero con las ganas que se trae de meterme en su cama, se que va a aceptar.
DANIELA: (Se le sube encima y lo besuquea y toquetea por todo el cuerpo) ¿Quién no tendría ganas de tenerte en su cama con lo bueno que estás, Alejerico?
ALEANDRO: No se quién quisiera, pero se quién será la única que lo consiga…
DANIELA: (Lo mira) Más te vale que no hagas uno de esos chistecitos bobos de los de tu arsenal de babosadas…
ALEANDRO: (La agarra de la cintura y hace que sus centros se rocen para que ella sienta que el generalito estaba  puesto para la guerra) ¿Eso te parece un chiste?
DANIELA: (Se mueve y lo hace gemir) No…

En Oaxaca, para variar, las cosas estaban igual de calientes y entrando a la recámara de Fede, él y Diana, ya no se podían seguir aguantando…

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