Daniela se sobaba las
muñecas adoloridas, ya que su guardia le había aflojado un poco las ataduras,
se masajeaba la zona del dolor. A medida que lo hacía, se dio cuenta que podía
liberarse las manos del todo, pero en ese momento, escuchó el auto de Andrea
detenerse y se hizo la dormida.
La esposa del enfermero asesinado por Andrea, con el
mismo tiempo de gestación que la señora de Vilatorres, también había sido
secuestrada por ella y estuvo encerrada no muy lejos de Daniela. La quinti no tenía idea que la loca
había incendiado el lugar donde tenía cautiva a la otra embarazada y que le
había quitado sus anillos, cadenitas y documentos, (Tenía una cédula de
identidad en su bolsillo del pantalón) para ponerlos en el cuerpo de la otra
mujer y hacerla pasar por ella. Es decir que Daniela, no tenía idea que desde
hacía quince días, su familia la creía muerta.
Después de aflojarle las ataduras porque pensaba que
una mujer con un embarazo tan avanzado, no podría escapar, Félix se fue a su
silla, se sentó cómodamente y empezó a beber como desaforado.
Fue largo rato después, varias horas antes de mediodía,
que Andrea se presentó en el depósito. Se asomó a la puerta del cuarto donde
estaba su víctima y no vio nada raro: Daniela dormía. Luego, revisó a su
cómplice y estaba que se caía de borracho.
ANDREA: ¡Maldito seas, Félix! ¡Te compones, carajo!
Me voy a hacer unas cosas y regreso en la tarde o noche. Dale de comer a la
zorra esa y come algo tú, por amor de Dios… (Lo cachetea para espabilarlo) No
se dónde metes tanto chupe, infeliz…
Cuando Andrea se fue y Daniela escuchó que el carro
se alejaba, soltó sus manos del todo.
Abrió un poco la puerta, con mucho cuidado de no
hacer ruido y constató que su guardián estaba dormido y por la cantidad de
botellas que había alrededor del tipo, era evidente que la borrachera, lo había
desmayado.
Salió de la habitación y caminó a la salida.
Una vez afuera, tomó la dirección contraria a la que
le parecía que había tomado su captora, yendo hacia la arboleda que estaba
detrás del depósito y se alejó de allí lo más rápido que pudo.
Después de más de dos horas de trayecto, la mujer
casi no podía moverse: sus pies hinchados, su embarazo tan avanzado, el hambre,
la sed, todo le jugaba en contra. Se detuvo en unos arbustos que estaban cerca
y se quedó un poco quieta, tratando de juntar fuerzas.
DANIELA: ¡Vamos, Dani, tienes que seguir! Por Ale,
por tus hijas, por tu familia, Daniela, ponte entera y camina...
Se puso de pie y desde el claro donde estaba parada,
vio una especie de sendero y decidió seguirlo. La caminata fue de unos diez
minutos más o menos y llegó hasta una cabaña. Aceleró sus pasos y en la puerta
de la misma, golpeó una y otra vez con las pocas fuerzas que le quedaban.
La anciana despertó asustada por la forma en que
llamaban a la puerta, tomó su escopeta y bajó.
ANCIANA: ¿Quién es?
DANIELA: ¡Auxilio, por favor! ¡Ayúdeme!
ANCIANA: (Los ruegos sonaban tan desesperados y
angustiados, que la mujer se asomó a la ventana y al ver sólo a una mujer y además
embarazada, le abrió de inmediato) ¡Dios, niña, pasa, pasa!
DANIELA: (Entrando) ¡Me secuestraron y pude escapar!
ANCIANA: (Cierra la puerta con traba y junta las
cortinas, de manera que desde afuera, no se pudiera ver nada) Tranquila,
muchacha, siéntate y cálmate, ¡ya estás a salvo!
DANIELA: ¡Gracias, Dios la bendiga! (Se sienta)
ANCIANA: (Deja la escopeta a un lado y mira a
Daniela, reconociéndola) ¡No puede ser! ¡Yo se quién eres!
DANIELA: (La mira, extrañada) ¿Qué?
ANCIANA: Tu familia te buscó con desesperación, eres
la mujer Zava... ¡ALGO!
DANIELA: Zavallalta...
ANCIANA: ¡Eso! Tranquila, hija, ya estás a salvo,
aquí nadie te va a dañar.
DANIELA: ¡Necesito llamar a mi esposo, decirle que
estamos bien!
ANCIANA: (Le toma de las manos) Hija, escúchame lo
que te voy a decir y trata de mantener la calma.
DANIELA: (Afirma con su cabeza) La escucho...
ANCIANA: La noticia de tu desaparición salió por
todos lados. Televisión, periódicos,
internet, tu marido iba a todos lados pidiendo por
ti.
DANIELA: (Llora) ¡Ale, pobre!
ANCIANA: Hace como dos semanas, apareció el cuerpo
de una mujer embarazada y la identificaron como tú...
DANIELA: (Abre los ojos de par en par) ¿Qué?
ANCIANA: Según entendí, por lo que explicaron en la
tele, tenía tus anillos, una cédula de identidad tuya y una cadenita también
tuya y tu familia pidió que no te hicieran autopsia, porque era muy doloroso y
te declararon muerta, muchacha.
DANIELA: ¿Mi familia cree que morí?
ANCIANA: Si. Hasta te hicieron un funeral, la
noticia conmovió al país entero, ¡no sabes! Cadenas de oración, vigilias,
manifestaciones para pedir por tu regreso, primero y por el descanso de tu alma
y la de ese angelito que llevas en tu vientre, después…
DANIELA: (No terminaba de comprender) ¡Tengo que
hablar con mi esposo!
ANCIANA: Lo harás, tranquila...
DANIELA: ¿Tiene un teléfono?
ANCIANA: Me parece que el teléfono va a ser muy
crudo. ¿Quieres que vaya por él?
DANIELA: (Se angustia más que antes) ¿Me va a dejar
sola?
ANCIANA: (Ve que no era buena idea) No, claro que
no.
DANIELA: (Se abraza a la mujer) ¡Necesito verlos!
¡No me imagino lo que deben estar pasando!
ANCIANA: Piensa, hija, piensa en alguna persona con
la que puedas hablar y ten en cuenta que si la gente que te tenía, ya sabe que
te escapaste, puede estar buscándote y espiándolos...
DANIELA: (Razona) ¡Ya se qué voy a hacer! ¿Tiene
internet?
ANCIANA: Si, por aquí, ven... (Van a una recámara y
Dani busca algo, toma nota y le pide un teléfono)
DANIELA: ¿Cómo se llega hasta aquí?
Daniela le explicó a su interlocutor cómo llegar
hasta donde estaba y solicitó silencio absoluto. La persona que iría por ella,
le indicó que se demoraría alrededor de una hora, así que mientras venían a
buscarla, Daniela se bañó, comió un poco y se quedó recostada bajo los cuidados
de la amable anciana que resultó llamarse, María.
Mariano salió disparado y una hora más tarde,
entraba a la cabaña. Al ver a Daniela, la
abrazó fuerte. Ella le explicó todo y poco después,
ambos salieron de la cabaña de María y se fueron al departamento del morocho.
Dani se quedó ahí y le pidió que buscara a Alejandro y le dijera la verdad,
pero teniendo cuidado de no arriesgar a nadie.
El monigote comprendió e hizo lo que la quinti le
pidió. Fue hasta la casa de Alejo y tuvo que jurarle que era por su bien,
suplicarle y rogarle para que él aceptara ir hasta su casa. Al llegar a la puerta,
el monigote le dijo a Alejandro, toda la verdad.
ALEJANDRO: (Incrédulo) ¿Qué dices, Mariano?
MARIANO: Lo que escuchaste
ALEJANDRO: ¿Ella está aquí? ¿Viva?
MARIANO: ¡Fíjate!
Alejo entró y Mariano se quedó afuera, dándoles
privacidad...
Ayyy, mamitaaaaaaa chulaaaaaaaaa!! Qué desesperaciónnnnn!!!!!!!!!!!! Que entre, QUE ENTREEEEEEEE
ResponderEliminarExcelenteee !! :D
ResponderEliminarayyyyyyyyyyyyyyyyy que bueno que este vivaaaa Dani
ResponderEliminarExcelente capitulo, por fin... ya no esta en manos de La loca esa, Dani y su bebe..
ResponderEliminar