domingo, 5 de mayo de 2013

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 78


Daniela mantenía esa actitud socarrona y seguía jugando con uno de sus dedos: lo pasaba por su boca una y otra vez, sonriendo. El gesto de su marido la seducía más que nunca y él, sólo con mirarla, le hacía de todo…
DANIELA: ¿Te vas a quedar ahí parado, buenorro?
ALEJANDRO: (No salía de su asombro) ¿Eh?
DANIELA: (Ya que su esposo no se acercaba a ella, fue ella la que lo buscó a él, le agarró la corbata, con gestos de niña inocente y muy sensual) Que si no vas a saludar a tu esposita, guapo...
ALEJANDRO: Dani, te ves, ¡Dios, mujer! No se qué decirte...
DANIELA: (Lo atrajo hacia ella) No digas nada...
ALEJANDRO: (Estaba confundido) ¿Hoy es cuando, amor?
DANIELA: (Acercó sus labios a los de su esposo, sin llegar a besarlo, dejándolos sólo a centímetros de distancia) Es día de que me ames...
ALEJANDRO: ¡Por fin, amor! (La alza, sin besarla y la va bajando muy despacio, pasando su boca por el cuerpo de Dani) ¡Cómo extrañaba esto!
DANIELA: (Dani se estremeció, presa de una deliciosa anticipación. Alejo se limitó a besarla en las mejillas y a acariciarle la espalda. Quería disfrutar de cada resquicio de piel de ella, de cada momento de esta nueva "primera vez") Yo también lo extrañaba...
ALEJANDRO: (Se miraron y Ale amagó a besarla en la boca, pero fue hasta el cuello de ella y lo saboreó a gusto y placer de ambos, mientras sus manos le acariciaban el bajo vientre) Me sabes a paraíso, hermosa... (La besó en la boca de repente, sin previo aviso y ella lo tomó del rostro)
DANIELA: (Los dedos de Alejo se movían a una lentitud devastadora. Dani gimió al contacto de los dedos de su esposo, con los que dibujaba la curva de sus senos por encima de la tela) Me estás matando...
ALEJANDRO: (Agarró las manos de Dani y se las besó para después llevarlas hasta su propio pecho) Te voy a... (La vuelve a alzar y la pone contra la pared) Amar como nunca, preciosa...
Sintiendo que se quemaba por dentro y desesperada por recibir lo que su buenorro estaba a punto de darle, Dani le rodeó con brazos y piernas, sus manos estuvieron, de pronto, tan ocupadas como las de su esposo y su boca buscaba el sabor de su hombre por todos los rincones de su cuerpo…
DANIELA: Quiero sentirte dentro, llenándome...
ALEJANDRO: (Al verse atrapado por su mujer, se soltó una mano y desabrochó su cinturón y su pantalón, para luego, bajarse los interiores) Te deseo como si nunca hubieras sido mía, Daniela.
Alejo le arrancó la parte de abajo del desabillé y se miraron los dos. Sin dejar de mirarse, Ale entró en ella y se desató entonces, una energía casi salvaje. Dani le clavaba las uñas en la espalda y las hundía después en su pelo, mientras disfrutaba de la fusión de sus cuerpos…
DANIELA: Te necesitaba así... (Los gemidos de ambos eran sofocados, por los besos ardientes que se prodigaban el uno al otro)
El placer los envolvía sin detenerse y arrebatados, endurecieron las penetraciones un poco más. Jadeaban, respiraban como podían y se poseían enloquecidos, como dos dementes perdidos irremediablemente en la locura que era su amor…
ALEJANDRO: Quiero más, Dani, lo quiero todo. (Mega beso) Dámelo todo, amor, no te guardes nada...
DANIELA: Todo es tuyo, tómalo
Alcanzaron el clímax, pero eso no acababa ahí, se debían muchas noches y muchos días de amor. Alejo, sin esperar nada, llevó a su esposa al dormitorio y allí comenzaron de nuevo las caricias y la seducción. Le quitó lo poco que quedaba del desabillé y la besó entera, no se dejó nada sin probar.
ALEJANDRO: Te amo más que nunca...
DANIELA: Estamos en las mismas condiciones (Alejo se terminó de quitar la ropa que le quedaba, que era poca) ¿Repetimos?
Dani estaba sonriendo socarrona, mientras bajaba su mano hasta la entrepierna de su esposo, encontrándose un soldado listo para la batalla y ella, tenía la batalla perfecta para ese soldado. Lo acarició poco a poco, tentándolo, preparándolo. Alejo se recostó en la cama, dejando que su esposa tomara el control de todo: Dani era sencillamente perfecta en la cama y en la vida y eso la convertía en la adoración absoluta de un Alejandro, que la miraba y sentía que la amaba más a cada segundo.
ALEJANDRO: Me estás desquiciando, amor... (Le agarra la mano y la mira) Esto (Pone la mano de Dani en su propio pecho) Late por y para ti, nunca lo olvides...
DANIELA: Nunca lo olvido (Dejando la mano en el pecho de su esposo) Este está unido al mío, si el tuyo deja de latir, lo hace el mío también.
Daniela lo besó apasionadamente y después empezó a descender por el camino a la gloria, dejando a su paso el rastro de besos en el torso de su marido. Llegó al destino y comenzó a hacer lo que más la excitaba, se apoderó del soldado con la mano y luego se dispuso a saborearlo. Lo degustaba y acariciaba al mismo tiempo, dándole más placer a su amante. Se concentraba en hacerlo delirar de gozo: quería redimir a su esposo de todos los días en los que no habían podido entregarse al amor, como ahora lo estaban haciendo. El señor Vilatorres, pudo vibrar cuando Dani lo llevó a un nuevo límite de éxtasis. Desde que empezaran la relación, nunca habían pasado tanto tiempo sin estar juntos, de hecho, nunca habían pasado ni un día sin hacer el amor, salvo por esas épocas en las que tuvieron que simular lo de "aquella". Volver a estar unidos así, disfrutándose como lo hacían, los estremecía a ambos. Alejo tomó a Daniela de los brazos y con suavidad y besándola por doquier, intercambió posiciones y se enfocó en saborear las exquisitas humedades de su mujer hasta llevarla al cielo y a las estrellas…
ALEJANDRO: ¡A mi juego me llamaron, Cosita!
Dani iba a hablar, pero en ese momento, Alejo atacó su punto débil, dejándola con la respiración entrecortada y no podía reprimir los gemidos que su amante le estaba robando. Sólo se dejó llevar por el frenesí, no quería pensar, nomás sentir: sentir a su esposo, sentir el amor, sentir el placer. Poco a poco fue alcanzando el clímax, pero sin llegar a el aún; Alejo la conocía demasiado, lo suficiente como para hacer que perdiera la cabeza totalmente y siempre, aunque ella no quisiera, lo conseguía.
Ale continuó su labor, prestando atención a cada sonido o movimiento de Daniela, de manera de poder hacerla delirar y desbocarla. Quería provocarla como para desatar todos y cada uno de los bajos instintos de su mujer. Así, cuando ella llegara al orgasmo, sería abismal, increíble y ese era el objetivo de Alejandro: que su esposa gozara con plenitud. A medida que se acercaba a lograr su cometido, una nueva erección en su generalito, comenzó a perderlo a él: hacer eso era un arma de doble filo, pero a ninguno de los dos les importaba cortarse porque ambos, sabían perfectamente, como "sanar esas heridas"
Dani estalló en un gemido cuando su buenorro la llevó al orgasmo. Su cuerpo aún vibraba de placer cuando su esposo, sin previo aviso, la penetró, provocándole otro gemido.
DANIELA: Hacer el amor contigo es como viajar a las estrellas, ¡te amo! (Ale seguía embistiéndola, cuando ella lo tumbó en la cama y tomó el control. Se movía al compás, con ansias, pero sin prisas)
ALEJANDRO: (La tenía tomada de la cintura con una mano y con la otra, le acariciaba los senos como a ella le fascinaba) Hacer el amor contigo, Cosita mía, es morir y nacer de nuevo, una y otra vez... (Gimieron los dos) No pares, por favor...
DANIELA: Ni loca (Marcando ella ahora el ritmo de las embestidas, tomando el control de los movimientos; lo hacía lentamente y aumentaba la velocidad después, así una y otra vez, llevándolos a los dos a un mundo irreal en el que sólo existían ellos y su pasión: ambos entregándose al éxtasis del amor...)
ALEJANDRO: (Extasiado, pero más encendido que nunca, le apretó las pompas) Quiero más, Dani, por Dios, dame más...

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