domingo, 5 de mayo de 2013

'''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 79


Dani se desbocó y como potra salvaje, intensificó las penetraciones, generando más placer. Se movía de arriba hacia abajo, una y otra vez, llenándose de su amado esposo, llevándolos a experimentar un gozo único e inexplicable, que los consumía, haciéndolos perder la poca cordura que les quedaba. Alejo la detuvo de golpe y Dani sabía lo que él buscaba, así que lo dejó hacer. Él la acomodó boca abajo y besó las piernas y espalda de ella, con desesperación y desaforado.
ALEJANDRO: Amo hacerte mía así...
Ante esas palabras, Daniela se movió un poco, incitando a su esposo a que empezara por fin. Los dos estaban llegando al extremo…
DANIELA: No sabes cómo lo amo yo también (Alejo sabía hacerla desear mucho más)
ALEJANDRO: (Se frotaba contra ella, sin entrar todavía) ¿Lo amas?
DANIELA: Lo amo (Él se introdujo en ella despacio, haciendo que Dani sintiera cada centímetro de su ser entrando en su cuerpo. Gimió al sentir el centro de poder de Alejo en su interior)
ALEJANDRO: Y yo (Penetración profunda) ¡TE AMO A TI!
Ale la embestía una y otra vez y cada embestida era una ola de placer que los inundaba.
El vaivén era rudo, exacto, Daniela y Alejandro se dejaban llevar por sus fiebres y cada segundo que pasaba, era más placentero y exquisito que el anterior.
Antes de llegar a un nuevo orgasmo, Alejo salió de Dani y se sentó en la cama, llevándola a ella a sentarse sobre él. Se besaron un poco más y ahí, quien dirigió todo, fue la señora de Vilatorres, que le hablaba a su marido para ponerlo al borde del delirio absoluto.
DANIELA: Mmmm, Cosito, ámame, saboréame, y devórame como sólo tú sabes (Seguía moviéndose, provocando cosas en ambos, cosas que los desbordaban)
Prácticamente, estaba comiéndose a su mujer: la boca pacería desfigurarse por la forma en que la besaba y lamía en el cuello, los senos y la boca. Pasó las manos por la espalda de Daniela y la tomó de los hombros para mantener la penetración intensamente.
ALEJANDRO: Me estás sacando de mí, hermosa...
DANIELA: Eso es lo que quiero, hermoso... (Empezó a torturarlo, como sólo ella sabía: quería desbocar del todo a su esposo)
ALEJANDRO: ¿Qué más quieres de mí? (No podía abrir los ojos siquiera, Daniela lo estaba llevando a un límite inexplorado, nunca se había sentido así)
DANIELA: Quiero todo de ti (Continuaba moviéndose a su ritmo, marcando los pasos, haciendo que su esposo se introdujera profundamente en ella. Mientras se movía, lo besaba con tal intensidad, que hasta se olvidaba de donde estaba)
ALEJANDRO: Esto es más grande de lo que puedo resistir, mi amor, vas a ser mía como nunca antes... (Ya perdido en el cuerpo de Daniela, Ale la acostó en la cama y volvió a entrar en ella como potro al galope, desbocado, salvaje, irracional y los sonidos de su esposa le indicaban que ella lo disfrutaba al igual que él)
DANIELA: (Los gemidos de Daniela no eran nada en comparación al placer que estaba sintiendo) Te extrañaba (Alejo la embestía y, cada embestida, era un estallido de euforia que los mataba a ambos)
ALEJANDRO: (A punto de morir de amor y placer en brazos de Dani) Te amo (Penetración tras penetración, las exclamaciones extasiadas de la pareja inundaban todo, derramando gozo por cada rincón) No quiero irme nunca de ti, Cosita...
DANIELA: No te vayas (Tras esas palabras los dos llegaron a lo más alto de la cúspide del placer, tocando el cielo y volviendo a caer. Nunca habían tenido un orgasmo así de espectacular. Después del clímax, sin separarse, se veían a los ojos, haciéndose cariños)
ALEJANDRO: (Completamente empapados en sudor y embriagados del otro, se miraban y hablaban bobadas) ¡Eres algo indescriptible, mujer de mi vida! ¿Te das cuenta de lo que me provocas?
DANIELA: ¿Lo que te provoco yo a ti? (Besito) Dirás lo que me provocas tú a mí (Besito) Me haces olvidarme del mundo cuando estoy contigo...
ALEJANDRO: ¿Qué se piensa usted, señora mía? ¿Que para mí existe algo más que su cuerpo, su boca o su piel cuando estoy a su lado? Noooo, señora, ¡para nada! Desde que llegaste a mi vida, Dani, eres lo único en lo que pienso todo el tiempo... Ahora son dos Danielas las que ocupan mi cabeza, mi corazón y mi alma. (Sonríe) Recuerdo tan nítidamente lo que sentí al darme vuelta y verte ahí parada, mirándome, sonriendo...
DANIELA: ¿Te piensas que yo no? Imagínate la situación: llegar a una oficina y ver a este papaste, semi sentado, cuando me esperaba a un viejo, gordo y canoso, ¡no, hombre! Más de una quisiera algo así (Sonrisota y besotes por toda la cara)
ALEJANDRO: (Se dejaba besuquear y sonreía también) No me vas a entender nunca, fíjate. Tu voz me cautivó y cuando te vi, ¡Dios mío! Fue un segundo, Dani y mientras tú te sorprendiste al ver que no era canoso ni viejo ni panzón, yo me enamoré perdidamente de ti... ¡Perdón, amor, pero no se compara!
DANIELA: ¡Uy, si, el señorito siempre por encima! (Se ríen) Da igual quién ame más de los dos o quién se enamoró antes, lo importante es que nos amamos y somos felices y que de este amor, nació lo más hermoso de nuestras vidas (Súper besote)
ALEJANDRO: Lo más bello de nuestras vidas... ¿Te puedo preguntar algo?
DANIELA: Dime, amor...
ALEJANDRO: ¿Cuándo supiste o te diste cuenta que estabas enamorada de mí?
DANIELA: El momento exacto, no lo sé, pero me di cuenta porque no podía dejar de pensar en ti y quería tenerte cerca, pero no me atrevía a reconocerlo...
ALEJANDRO: A ver, ¿no hubo ALGO que te hiciera darte cuenta? No se, digo, ¿hice alguna cosa que te enamoró o que te encantó? Dime, hermosa, ¡quiero saber! Si tú me dices, yo te digo... ¿Y por qué no te atrevías a reconocerlo?
DANIELA: Si, hubo algo que me hizo enamorarme de ti: tu forma de ser. Cuando Maru se metió en aquel lio de los dos tipos que se ligó, ¿te acuerdas?
ALEJANDRO: ¿Los dos strippers?
DANIELA: Ese mismo, me encantó cómo solucionaste todo, la apoyaste y ayudaste...
ALEJANDRO: Maru y Dante son como mis hermanos, amor, si hubiera sido Sergio o tus quinti, tu habrías actuado igual, es lógico... De todos modos, creo que andas con evasivas para no responder... ¡NO TIENES IDEA! (Se mata de la risa)
DANIELA: ¿Te dejas de reír así?
ALEJANDRO: (Se hace el serio) ¡Va! Pero no tienes idea…
DANIELA: ¡Claro que tengo idea!...
ALEJANDRO: Entonces, dime... ¿Por qué tan renuente a confesarlo, señora? (Le da un besote en el cuello) Si me dice, puede que tenga una recompensa...
DANIELA: Está bien... (Respira profundo) Cuando me defendiste delante de Arriaga, esa vez que me había salido mal un trabajo. Me defendiste como nunca nadie lo había hecho. Sabías que estaba mal y aun así, me defendiste, creíste que lo podía hacer mejor, y enseguida, viniste a preguntarme qué me pasaba, te preocupaste por mí y mis sentimientos, mis problemas... Ahí me enamoré de ti
ALEJANDRO: ¿Por qué te costó tanto decirlo?
DANIELA: Sabes que me cuesta expresarme… De poco a poco, voy progresando...
ALEJANDRO: (Piquito) ¿Quieres saber cuándo lo supe yo?
DANIELA: Claro que si...
ALEJANDRO: ¿Te acuerdas de la presentación donde Maru te volcó bebida en la ropa?
DANIELA: (Se ríe) ¿Fue ahí?
ALEJANDRO: No precisamente. Cuando Maru te tiró la gaseosa encima, tú no te diste cuenta, creo, pero se te transparentaba todo y por eso medio que te obligué a ponerte mi saco y te saqué de allí. Te enojaste mucho, niña, ¡pero esos viejos te iban a ver todo y no podía ser, caray! La cosa es que a regañadientes, pero te llevé a mi oficina y tú quisiste devolverme el saco y yo te dije que no. ¿Recuerdas qué pasó luego?
DANIELA: No me acuerdo de nada (Se hace la que no sabe)
ALEJANDRO: ¡Ya veo que tengo que refrescarte la memoria! Me revoleaste el saco por la cabeza y se te vio todo de la cintura para arriba. Yo no se qué cara te habré hecho, porque empezaste a reírte y te juro por nuestra hija, amor, me fascinó tu cuerpo, me encantó, pero al verte reír así, entendí que quería que siempre estuvieras de ese modo: riendo, contenta y lo supe de una vez: ya te amaba. Ahí te di nuestro segundo beso y tú, enojona, me diste una linda bofetada... (La remeda) "¿Quién te crees que eres, Alejandro, para tratarme así?" (Se vuelven a reír) Y mientras tú me mandabas al séptimo anillo de Saturno, yo entendía que aunque moría por hacerte mía ahí mismo, lo que más deseaba era vivir para ti...
DANIELA: Te enamoró mi cuerpito, no mi risa, mentiroso, ¡¡jajajaja!!
ALEJANDRO: No, tu cuerpito me encendió por completo, pero me enamoré de todo lo que tu risa representaba para mí, no te confundas... Cuando el cuerpo se apaga, Dani, queda todo lo que no se toca y eso, hermosa, es tu esencia y tu esencia, es la mía
DANIELA: ¿Mi esencia?
ALEJANDRO: Si, tu esencia, eso que no dejas que la gente conozca y que, gracias a Dios, puedo descubrir día a día, en esa mirada hermosa y transparente que tienes
DANIELA: Ay, amor, me dices cosas tan hermosas y yo no puedo igualar esas hermosas palabras...
ALEJANDRO: Si mis palabras pudieran igualar todo lo que me das, pero no, se quedan mínimas... Tú hablas con tus actitudes, con tus gestos, con tu forma de ser, en cambio yo, lo único que tengo son palabras y ninguna se acerca a lo que quisiera poder decirte. (Le agarra la mano) Gracias, hermosa, gracias por esta vida soñada que me das
DANIELA: Dios, ¡no se puede contigo! (Se pone encima de su esposo y empieza a besarlo) ¿Cómo no amarte? Es imposible no amarte...
ALEJANDRO: Ejem... EJEM... (Dani lo mira) ¿Qué? No me estás besando aquí, mira (Le señala el lóbulo de la oreja)
DANIELA: (Le besa donde él dice) ¿Aquí?
ALEJANDRO: Ajá, ajá... Y por aquí también, mira (Señala por debajo del mentón y alza la cabeza para facilitarle el trabajo a Dani)
DANIELA: (Le besa también ahí) ¿Ahí?
ALEJANDRO: Si, y más abajito también, como por aquí (Se toca el torso)
La noche pasó completamente llena de ese maravilloso amor…

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