sábado, 2 de marzo de 2013

''Historias Bizarramente Paralelas''- Episodio 28



Alex y Dante entraron a la casa del maestro, besándose con pasión y ganas de comerse enteros, de pies a cabeza. Para él, ese sentir era algo completamente nuevo, ya que si bien había querido mucho a su ex esposa, lo que Alex despertaba en su cuerpo y en su alma, le era desconocido. Desde que la había visto en la puerta de la escuela, lanzando esos besos voladores, la expresión jovial y enamorada de su colega, se apoderó de su ser, irremediablemente. Para ella, el fuego era conocido y la necesidad de sentir suyo a un hombre, también. El sexo con Mariano siempre había sido increíble y eso no se podía negar. Sin embargo, algo en Dante la llevaba a renovarse, a liberarse, a dejarse llevar, cosa que con su ex marido nunca pudo hacer. El hombre que la besaba ahora, la hacía arder, como si la ropa le quemara el cuerpo y algo en la sonrisa del padrino de Camila, le daba una paz que no conocía.
De todos modos, ninguno analizaba nada en aquel momento, lo que deseaban era una sola cosa y hacía allí se encaminaban…
DANTE: (La tenía subida a él, con las piernas cruzadas por su espalda) ¡El cuarto, vamos al cuarto!
ALEX: ¡Llévame donde quieras, hermoso!
DANTE: Si, si… (Llegaron a la recámara y se tumbaron en la cama, tocándose con cierta timidez) Eres preciosa…
ALEX: No hables tanto y actúa, Dante, se puede hablar después…
DANTE: (Sonríe) Tienes toda la razón…
ALEX: (La sonrisa de ese hombre, la excitó más y le quitó la chamarra) ¡Ya no aguanto!
DANTE: Ni yo… (Se desnudaron el uno al otro y se metieron a la cama) Quiero hacerte de todo y ahora mismo…
ALEX: Hazlo, pues…
DANTE: (Acomodándose entre las piernas de Alex) ¿Estás segura de esto? Estás a tiempo de arrepentirte…
ALEX: (Poniendo sus manos detrás de las pompas de Dante, lo empujó, dejándolo a la misma puerta de entrada del placer) ¿Así o más clarito, maestro Díaz Duarte?
Dante entró en Alex y gimieron los dos sonoramente. Él se recostó sobre ella y la tomó del rostro para besarla y dejarse besar. Se movían a un buen ritmo y cada cosa que hacían, generaba un placer que los sorprendía. El maestro pasó sus brazos por debajo de la espalda de la maestra y la agarró de los hombros, mientras generaba un vaivén embriagador. Ella, le permitía que llevara el mando y mejor decisión, no pudo tomar: Dante era un amante maravilloso. La acariciaba, la consentía y con su boca, la saboreaba como nunca nadie lo había hecho. Esos labios la llenaron de fuego y lujuria sin igual, lamiendo cada trazo de piel, cada poro, cada gota de sudor…
El orgasmo fue perfecto y llegaron al mismo tiempo lo que, además, lo hizo sublime. Se quedaron así un largo rato, hablando bobadas y riendo, entre ellos había nacido algo que ya no se rompería, aunque hubiera problemas en puerta…
En la Ciudad de Nueva York, los recién casados, regresaban de una cena a la luz de la velas y parecía como si su vida dependiera de lo calientes que estaban. En ese caso, se hubieran salvado, porque hervían, parecía que les salía vapor de la piel.
Estaban abrazados y su restregaban sobre el cuerpo del otro, rozándose a la par de los toqueteos y caricias. Alejandro estaba completamente erecto y Daniela podía sentir al generalito erguido, cosa que la humedecía en su totalidad. Se quedaron así, retozando contra la puerta de entrada de la habitación, provocando que el otro se desbocara: el problema con este juego era que los dos podían sostenerlo demasiado tiempo, buscando que su pareja cediera primero. Para ser honestos, quien terminaba casi suplicando empezar de una buena vez, era Alejo: Daniela lo dominaba, pero no de una manera mala o desagradable, por el contrario, Ale se sentía encantado que su mujer tuviera semejante poder sobre él, ya que ella lo hacía volar y lo transportaba a un plano nuevo, en cada entrega de amor. Dani no era egoísta, para nada, de hecho, ninguno de los dos lo era: el sexo sólo tenía sentido si ambos la pasaban igual de bien…
Alejandro adolorido por la dureza de su miembro, le subió el vestido a su esposa, rompiéndolo…
DANIELA: (Lo detiene, se mira y se aparta) ¡ALEJO!
ALEJANDRO: (La agarra de nuevo y la atrae hacia sí) ¿Qué, Cosita?
DANIELA: ¡Me rompiste el vestido, bruto!
ALEJANDRO: Mañana te compras otro, amor, ven acá, no resisto más…
DANIELA: (Se apretó contra él, sintiendo al generalito) Me doy cuenta, pero no puedes estar rompiendo mi ropa todo el tiempo, ¡YA ES LA CUARTA VEZ QUE LO HACES!
ALEJANDRO: (Le estaba metiendo la mano por debajo) ¿YYYY?
DANIELA: ¡La cuarta vez, HOY! Me rompiste la pijama, el pantalón de gimnasia, la blusa y ahora el vestido…
ALEJANDRO: Ahora quiero romper otra cosa… (Le toca la cueva)
DANIELA: (Gime y le tambalean las piernas) ¿Qué quieres romper?
ALEJANDRO: Nuestro record, Cosita… (Ella le mete la mano en el pantalón, apoderándose de su sexo) Amo que me toques así, pero quiero hacerte mía ya, me estás matando de ganas…
DANIELA: (Lo suelta, le quita el saco y le arranca la camisa, destruyéndola por completo) Ahora estamos más parejos, fíjate…
ALEJANDRO: (La gira y la apoya contra la pared, tocándola de abajo hacia arriba, se detiene al llegar a la entrepierna) ¡Eso te va a costar caro, bombón!
DANIELA: (Le da un caderazo, tumbándolo en el sillón) Rompamos records, Cosito, ¡ROMPAMOS RECORDS!
ALEJANDRO: (Dani se tiró encima suyo y liberó el pino de su marido, para sentarse sobre él) Ahhh, me matas…
DANIELA: Todavía no te mueras, Alejerico…
ALEJANDRO: (Ella se empezó a mover, casi abusándose de Ale) Si me vas a hacer eso, dime como te venga en gana.
DANIELA: (Se apoyó en los abdominales de Alejo y cabalgó ferozmente) ¿Así, amor? (Bajó la velocidad de repente) ¿O así?
ALEJANDRO: (La volteó, quedando él arriba y la penetró con rudeza) Así, amor mío, ¡¡ASÍ!!
DANIELA: (Estaba en pleno delirio) ¡Uhhh, Ale, si, así!
Largo rato después, agitados, pero no satisfechos, llegaron a un clímax absoluto…
ALEJANDRO: Oye, Dani, ¿qué marca era tu vestido?
DANIELA: Cucugucci, ¿por?
ALEJANDRO: ¡Te encanta ese diseñador! Casi toda tu ropa es de él, ¿no?
DANIELA: Si, esposito, pero ¿a qué viene la preguntadera?
ALEJANDRO: Ya va, ya va… ¿En Nueva York hay tiendas que vendan sus modelos?
DANIELA: Si, claro, en todo el mundo.
ALEJANDRO: Pues, averigua dónde está, porque mañana vamos a ir a que te compres más ropa de esa y de la que quieras.
DANIELA: ¿En serio?
ALEJANDRO: Claro, no quiero que después de romperte una prenda me estés rezongando que te dejo sin vestimenta, jajaja…
DANIELA: (Lo besa muy cachonda) Eres un demonio, Alejerico…
ALEJANDRO: Te amo como demonio y te deseo como si el infierno me ardiera en el vientre, ¿está mal?
DANIELA: (Le mete la mano en el bóxer) Mmmm… ¡Está perfecto!
ALEJANDRO: (Le hace un gesto que ella comprende y va bajando hasta comenzar la felación) Uuuhh, Dani, si, hermosa… ¡¡¡Cómo te amo, CARAY!!!

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